Las vidas de Manuel, Ana y Julio, amigos desde la adolescencia, son una impostura. Pese a estar muy cerca de los cuarenta años y haber alcanzado todo aquello que la sociedad dice que les haría felices, buscan desesperadamente una solución para su soledad e insatisfacción.
Sus vidas se cruzan una noche de verano en la que vuelven a encontrarse después de un año, y juntos emprenden un viaje hacia el corazón de la noche: sexo, droga, alcohol y excesos; una huida a la adolescencia como única forma de eludir la realidad.
After es la última parada, el último bar abierto. El final del trayecto.
| Guillermo Toledo | Julio |
| Tristán Ulloa | Manuel |
| Blanca Romero | Ana |
| Jesús Carroza | Jesús |
| Juan Manuel del Pozo | Pablo |
| Marta Solaz | Irene |
| Valeria Alonso | Chica |
| Ricardo Barreiro | Ramón |
| Dirección | Alberto Rodríguez |
| Guión | Rafael Cobos y Alberto Rodríguez |
| Producción | José Antonio Félez |
| Producción Ejecutiva | Gervasio Iglesias y José A. Félez |
| Fotografía | Alex Catalán |
| Música | Julio de la Rosa |
| Dirección de Arte | Pepe Domínguez |

Ana, Manuel y Julio podrían haber pertenecido a lo que a mediados de los 90 se conocía con las publicitarias siglas JASP, joven aunque sobradamente preparado, la generación que tomaba el relevo a la de los yuppies de los 80. Los tres llevan vidas desahogadas y aparentemente felices, pero, detrás de esas fachadas de cartón, se reflejan los fantasmas y carencias que les asfixian. Los tres fingen haber encontrado la estabilidad lograda con los años cuando realmente permanecen aferrados a posturas conformistas. Ana, Manuel y Julio son peter panes desorientados que, tras reencontrarse después de un año, regresan por unas horas a la adolescencia del desenfreno, a la de los garitos más noctámbulos, una etapa que el cine vuelve a estereotipar.

Presente y pasado, a través de flashbacks que entorpecen la atención (¿importa algo conocer a la familia de uno de ellos?), se ceden los tiempos en un guión que se desdobla en tres con idéntico esquema. Una interesante manera de expresar, pero lejos de la eficacia cinematográfica que manaba de las complejas Mystery Train (Jim Jarmush, 1989) o Cenizas del paraíso (Marcelo Piñeyro, 1997). Antes lo hizo Kurosawa (1950) en la maestra Rashomon (y no hace mucho la prescindible En el punto de mira). Desestructurar un guión que sólo tiene de apoyo una trama supone una estrategia arriesgada que puede encallar la acción. Precisamente lo que le ocurre a After a los treinta minutos de haber comenzado. Su anécdota es frágil.
Sin llegar a quebrar ritmo y estética (poéticos los cierres, exactos, de cada tramo), la fragmentación narrativa sí rompe el hilo argumental por lo que tiene de reiterativa, salvándose, el primero de los capítulos, Los ladrones de cuerpos, que se articula sobre Tristán Ulloa, un personaje cuyas contradicciones le sitúan al borde del abismo, el mismo que empuja a los otros dos vértices de la película, aunque en el caso de la protagonista la confusión emocional esté menos definida en el guión y/o peor desarrollada en la interpretación de Blanca Romero.
"Interesante aunque irregular propuesta de Alberto Rodríguez. Tres historias que terminan donde empiezan, en un final áspero, a tiempo, sin doctrinas ni moralinas".

La actriz se mueve tan a rebufo de sus dos compañeros (la distancia entre ella y ellos es abismal y la química inexistente), que encorseta su intervención, lo que no le permite soltar al personaje. Y el tercero de los capítulos, Niebla, no fluye con la naturalidad que lo hacen el del mencionado Ulloa o el que lidera Guillermo Toledo (Laura 230), un tipo autodestructivo, jefe de recursos humanos de una multinacional, perdido entre adicciones. El personaje de Ana además de aportar muy poco en una historia demasiado cuarteada, tiene la desventaja de destaparse en último lugar.
El cuarto largometraje de Alberto Rodríguez se aleja de la marginalidad expresa que tan bien retrató en sus anteriores trabajos, 7 vírgenes (2005) y El traje (2002), para adentrarse en otra forma de exclusión, lejana con aquellas en cuanto a aspecto, pero con bastantes puntos comunes. El título parece que alude a los locales nocturnos que abren cuando otros cierran, sin embargo bien podría referirse a lo que llega cuando se está a punto de cruzar la barrera de los 40 y los proyectos se han ido diluyendo por la senda de los treinta.

Aparte de acentuar la interpretación de Tristán Ulloa, la música y la fotografía son los otros dos ingredientes subrayables de After. Tienen voz propia. La fotografía (Álex Catalán) desdibuja a los personajes emborronándolos, lo mismo que ellos han hecho con sus vidas. Y la banda sonora no actúa de simple aderezo de secuencias. El trabajo del compositor Julio de la Rosa (Una palabra tuya, Angeles Glez-Sinde, 2008) sobresale en la armonía que alcanza entre la música incidental (fantástico Micah P. Hinson y su Beneath the rose), y la que escuchan los personajes, arropada por una estética visual en consonancia.
Interesante aunque irregular propuesta de Alberto Rodríguez. Tres historias que terminan donde empiezan, en un final áspero, a tiempo, sin doctrinas ni moralinas.
15/09/2009
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