El barrio de Ajami, en Jaffa, Israel, es una amalgama de culturas y de puntos de vista entre judíos, musulmanes y cristianos. La fragilidad de la existencia humana se pone de manifiesto en la cerrada comunidad de Ajami, donde, aún defendiendo posturas distintas, sus habitantes deben convivir como vecinos.
Ningún lugar expresa mejor el contraste entre mundos diferentes. Avanzando y retrocediendo en el tiempo, y a través de los ojos de varios personajes, somos testigos de lo difícil que es esta situación.
| Fouad Habash | Nasri |
| Nisrine Rihan | Ilham |
| Elias Saba | Shata |
| Youssef Sahwani | Abu-Lias |
| Abu George Shibli | Sido |
| Ibrahim Frege | Malek |
| Scandar Copti | Binj |
| Shahir Kabaha | Omar |
| Dirección, Guión y Montaje | Scandar Copti y Yaron Shani |
| Producción | Moshe Danon, Thanassis Karathanos y Talia Kleinhendler |
| Producción Ejecutiva | James Richardson |
| Fotografía | Boaz Yehonatan Yaacov |
| Diseño de Arte | Yoav Sinai |
| Música | Rabih Boukhari |

Manuel Barrero
El cine que se hace en Israel (y en Palestina) no puede dejar de lado un conflicto que marca pasado, presente y futuro de dos culturas que conviven en un ambiente de continua tensión al límite. De alguna forma u otra, tomando una perspectiva o la contraria; ahí están los cineastas de uno y otro lado, dando su visión de una situación insostenible.

En ocasiones, ambos lados unen fuerzas para dar una visión conjunta del problema. Es el caso, por ejemplo, de Los limoneros (Eran Riklis, 2008), en la que el director israelí coescribió el guión junto a la palestina Suha Arraf. El resultado, una película que da voz a ambas partes, escenificando el conflicto en una reducida parcela de terreno.
La labor que Sacandar Copti y Yaron Shani emprenden con Ajami es aún mucho más compleja. Uno árabe, y el otro judío, delimitan un campo de acción mucho más amplio. Se trata el barrio (perteneciente a la ciudad de Jaffa) que da nombre al film, una de las zonas más conflictivas y de mayor mezcolanza cultural que existen por aquellos territorios.
Y aprovechando las peculiares características del lugar, los autores hacen que el epicentro del film se encuentre en submundos repletos de delincuencia y seres marginales. Con estructura narrativa de moda (Ciudad de Dios en la retina), los autores construyen un puzzle en el que las piezas van encajando muy poco a poco.
"Valiente propuesta con desiguales resultados. Una empresa llena de complicaciones, en la que intérpretes no profesionales se dejan la piel para dar voz a aquellos que sufren las consecuencias de vivir en un polvorín. Una mirada llena de pesimismo y abatimiento. ¿Pero es que puede ser de otra forma?"

Aunque de forma demasiado dispersa. Un recurso narrativo no dominado, que provoca confusión y poca claridad. Estamos ante una de esas ocasiones en las que la forma roba demasiado protagonismo al fondo de la cuestión. Y es que a cada uno de los episodios que componen este mosaico les cuesta mucho alcanzar el tono adecuado. Todos, menos ese primero que atrapa desde el principio, con la brutalidad de su planteamiento.
Como es de esperar, la película no da ni un solo respiro para el optimismo o la esperanza. La sombra de la fatalidad sobrevuela todo el tiempo sobre un relato poblado de seres incapaces de escapar a su trágico destino, por mucho que lo intenten. Los autores inciden en un ambiente que sobrepasa a sus miembros, que poco pueden hacer por salir adelante.

Y si en los momentos en los que domina el thriller, el film no termina de encontrar el tono; mucho más jugosa es esa radiografía de una sociedad que vive en desarmonía, introduciendo en pequeñas dosis cada pieza del engranaje. Si el film llega a alcanzar cierto grado de madurez, es gracias a ese retrato de un tiempo y un lugar. Los directores nos hablan del conflicto con muy poco dogmatismo, a través de pequeñas historias individuales que desvelan los grandes problemas de una situación tan extrema.
Ambicioso proyecto que pretende abarcar demasiado terreno. Valiente propuesta con desiguales resultados. Una empresa llena de complicaciones, en la que intérpretes no profesionales se dejan la piel para dar voz a aquellos que sufren las consecuencias de vivir en un polvorín. Una mirada llena de pesimismo y abatimiento. ¿Pero es que puede ser de otra forma?
26/03/2010
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