A pesar de las reticencias de su hijo Nejat, Ali decide vivir con Yeter, una prostituta de origen turco como él. Pero Nejat, un joven profesor de alemán, también se enamora de Yeter cuando comprende que manda todo el dinero que gana para que su hija pueda ir a la universidad en Turquía.
La muerte accidental de Yeter aleja al padre del hijo. Nejat decide ir a Estambul con la esperanza de encontrar a Ayten, la hija de Nejat. No sabe que la chica, una activista política ha huido a Alemania para escapar de la policía turca. En Hamburgo, Ayten simpatiza con Lotte, una estudiante que le ofrece su casa a pesar de las protestas de Sysanne, su madre. Ayten es detenida. Lotte decide dejarlo todo para ir a Turquía donde por mucho que lo intente, no consigue que liberen a su amiga.
| Baki Davrak | Nejat Aksu |
| Nursel Köse | Yeter Öztürk |
| Hanna Schygulla | Susanne Staub |
| Tuncel Kurtiz | Ali Aksu |
| Nurgül Yesilçay | Ayten Öztürk |
| Patrycia Ziolkowska | Lotte Staub |
| Dirección y guión | Fatih Akin |
| Producción | Andreas Thiel, Klaus Maeck, Fatih Akin |
| Coproducción | Erhan Özögul, Funda Ödemis, Ali Akdeniz |
| Fotografía | Rainer Klausmann |
| Montaje | Andrew Bird |
| Música | Shantel |

Manuel Barrero
Resulta complicado entender el porqué del prestigio que tiene Fatih Akin entre buena parte de la crítica especializada, y entre un amplio sector del público más "selecto". Supongo que una de las razones principales será eso de la mezcla cultural, que luce mucho en estos tiempos. Por lo demás, al director alemán le basta con ejecutar de forma solvente un cine que, formalmente es más que correcto. El resto, ya digo, lo tiene hecho con sus dicotomías culturales.

La obsesión del director, de ascendentes turcos, por el tema del desarraigo y las raíces es más que evidente. Su salto a la fama vino de la mano de Contra la pared, una descarnada y pesimista película, protagonizada por dos turcos en Alemania. Su excesiva sordidez (siempre unida al tema de la inmigración) encandiló a muchos. A pesar de su escasa profundidad, esa apariencia nihilista bastó para que arrasara con todos los premios posibles de su año.
La pasión por la tierra de sus antepasados, salió a relucir de nuevo en su siguiente película; Cruzando el puente: los sonidos de Estambul. Desde luego, mucho más colorista. Y, por fortuna, mucho menos pretenciosa. Siempre con la música como materia principal, pero con jugosas reflexiones acerca de la globalización, de la mezcla de culturas, y de sus efectos. Como casi siempre, la sencillez es la mejor forma de abordar los grandes temas.
"A pesar de un desenlace esperanzador, la película conserva un enorme regusto amargo, y tampoco es condescendiente en su visión de la sociedad turca"

Al otro lado es más ambiciosa, pero también se le ve mucho más el plumero. Con esa estructura de historias entrelazadas; con esa solemnidad tratando temas como la búsqueda de raíces perdidas, la soledad, o el amor; con la utilización de la muerte ajena como motor para el cambio... ingredientes que harán las delicias de una buena parte de la audiencia.
Sin embargo, el estereotipo y la simpleza se apoderan de unos personajes que vagan por el guión de Akin al igual que lo hacen por sus vidas. Desde la joven turca que lucha contra la represión de su país, pasando por la joven alemana que representa a la Europa bienintencionada y amistosa con otras culturas. Hasta la madre de ésta, que enseña el lado más conservador y prejuicioso del mundo occidental.
Eso, por no hablar de la hosca relación que abre el filme, esa que mantienen dos emigrantes turcos en Alemania (un viejo y una prostituta). Una historia con los mismos tintes de fatalidad que la de Cahit y Sibel, en Contra la pared. Y es que el autor incide una y otra vez en el hecho de que un turco no puede ser feliz en Europa. Incluso el personaje de Nejat en Al otro lado, que tiene una vida aparentemente feliz en Berlín, sólo encuentra su plenitud cuando viaja hasta Estambul.

A pesar de un desenlace esperanzador, la película conserva un enorme regusto amargo, y tampoco es condescendiente en su visión de la sociedad turca. Queda claro que para Akin, Europa no es la solución (su postura queda resumida en la conversación entre el personaje de Hanna Schygulla y la joven turca). Pero, a su vez, retrata a una Turquía de la que no se siente orgulloso.
Quizás ahí resida la mayor virtud de este trabajo, en el que el director muestra su pesimista visión, sin recurrir a tremendismos. La pena es que las relaciones interpersonales no consiguen atrapar la autenticidad que se pretende. Autenticidad que salta por los aires en los dos episodios violentos (abruptos y forzados) que marcan el devenir de los hechos.
14/03/2008
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