Tim Burton dirige y Linda Woolverton (El rey León, La bella y la bestia) firma el guión en la última adaptación cinematográfica de Alicia en el país de las maravillas (1865) y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871), los clásicos cuentos de Lewis Carroll.
Johnny Depp interpreta al Sombrerero Loco y Mia Wasikowska a una Alicia de 19 años, que regresa al mundo mágico donde se adentró siendo una niña para reunirse con sus antiguos amigos a los que no recuerda: el Conejo Blanco, Tweedledee y Tweedledum, la Oruga, el gato de Cheshire, y por supuesto, el Sombrerero Loco.
Alicia se embarca en un viaje fantástico para encontrar su verdadero destino y poner fin al reinado de Terror de la Reina Roja.
| Mia Wasikowska | Alice Kingsley |
| Johnny Depp | Sombrerero Loco |
| Helena Bonham Carter | La Reina Roja |
| Michael Sheen | Conejo Blanco |
| Stephen Fry | Gato de Cheshire |
| Alan Rickman | Oruga |
| Matt Lucas | Tweedledee / Tweedledum |
| Anne Hathaway | Reina Blanca |
| Christopher Lee | Jabberwock |
| Dirección | Tim Burton |
| Guión (basado en los cuentos de Lewis Carroll) | Linda Woolverton |
| Producción | Tim Burton, Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd y Richard D. Zanuck |
| Producción Ejecutiva | Chris Lebenzon y Peter M. Tobyansen |
| Fotografía | Dariusz Wolski |
| Montaje | Chris Lebenzon |
| Música | Danny Elfman |
| Diseño de Producción | Robert Stromberg |

Manuel Barrero
El camino escogido por Burton para que su Alicia transite por la gran pantalla sigue la senda que emprendió Spielberg en su versión de Peter Pan. Tanto las obras de Carroll como las de Barrie, han sido objeto de infinidad de adaptaciones. Por lo tanto, la variación que supone llevar al protagonista hasta la edad adulta, puede resultar valiosa a la hora de dar otro enfoque a la historia. Así sucedía en Hook (Steven Spielberg, 1991), donde el interés radicaba, precisamente, en ver la adultez de un personaje destinado a no crecer jamás. Irregular, pero interesante vuelta de tuerca al mítico personaje.

Sin embargo, no tiene mucho sentido (ni demasiado interés) contemplar a una Alicia convertida en incipiente adulta. Burton y su guionista pierden un precioso tiempo en absurdas disquisiciones (internas y externas) sobre la autenticidad de la protagonista. Y, al contrario de lo que sucedía con el Peter Pan de Robin Williams, aquí no funciona esa búsqueda de la inocencia perdida. No merecía la pena destrozar la magia infantil del material original, echando por tierra así su frescura y originalidad.
Y eso que pocos directores son, a priori, tan apropiados como el propio Burton para trasladar al cine el mundo creado por Carroll. Ambos autores son casi almas gemelas en gran parte de sus universos. La fuerza desbordante, el caos, la fantasía, o el surrealismo; rigen sus creaciones. No es una sorpresa que, visualmente, Burton haya sido capaz de superar la prueba (y con nota) que supone plasmar en imágenes lo que la imaginación sugería en el cuento. Más meritorio aún resulta conseguir insuflar de vida y aliento a cada una de las criaturas que forman parte de este adorable disparate. Impecable.
"Resulta contradictorio, pero la (teórica) búsqueda de una versión más adulta ha supuesto la infantilización extrema de la película".

Pero estos esfuerzos resultan insuficientes cuando están puestos al servicio de un contenido falto de personalidad. Estamos ante un Burton que parece anestesiado, como si hubiera conseguido domarse a sí mismo. O como si estuviera ante un trabajo de encargo, en el que no se entregara del todo. Siempre ha sido un director muy irregular, exceptuando la maravillosa Ed Wood (1994). Pero la anarquía y libertad que campaba a sus anchas durante sus inicios, está siendo arrinconada con el paso de los años.
Alicia en el País de las Maravillas provoca una sensación mortecina impropia de algo que debiera estar regido por la locura y la insensatez. Si por algo se caracteriza el original, es por sus continuos juegos con la lógica, el lenguaje y el ingenio. Muy poco queda de esto en el film. La trama se desvía hacia la rectitud de un camino nada estimulante. Por mucha importancia que tenga el poema de Jabberwocky en el imaginario anglosajón, es un tremendo error convertirlo en el tema principal de la película, con su clímax guerrero incluido. No se entiende muy bien esa batalla final, con ejércitos y espadas mágicas, en un mundo como el de Alicia.

Gran metedura de pata la de convertir un elemento periférico de la obra de Carroll en leitmotiv. Pero es que ni siquiera los dos grandes fetiches burtonianos están a la altura de las circunstancias. Johnny Depp aparece mucho más de lo que debería, mientras intenta zafarse del espíritu de Jack Sparrow, el cual parece haberle invadido en los últimos tiempos. Mientras, la correcta música de Danny Elfman está muy lejos de deslumbrarnos.
Al menos, en el País de las Maravillas, el diseño de producción ayuda a disimular un poco el profundo vacío. En el prólogo y en el epílogo, el desastre aún es mayor. La burda figura del bobo que la madre de Alicia trata de imponer como esposo, resulta de un pueril insoportable. Situación que se prolonga cuando Alicia vuelve de su viaje; consigue abrir los ojos, da lecciones, y acaba convirtiéndose en exportadora (¿?).

Resulta contradictorio, pero la (teórica) búsqueda de una versión más adulta ha supuesto la infantilización extrema de la película. El mérito de la obra literaria radicaba, precisamente, en esa combinación de lo infantil y lo inteligente. No sabemos en qué momento o de qué manera, Burton ha permitido que el film se le fuera de las manos. Encontramos muy poca inteligencia, y mucha concesión comercial. Los pocos destellos que se vislumbran (como la delirante creación de la Reina Blanca), no bastan para satisfacer un apetito que se frotaba las manos ante la simbiosis de dos creadores que parecían hechos el uno para el otro.
22/04/2010
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