Julio Nieves (Paco Luque), un capataz de la construcción de 65 años, que ha vivido toda su vida solo en el madrileño barrio de Vallecas, se enfrenta, solo también, a su próxima jubilación.
La vida de Nieves cambia cuando recibe, como caída del cielo, a Blanca (Emilie de Preissac) una hija de 16 años que viene de Marsella, Francia. Pero... ¿Y si no es su hija?, ¿y si Nieves la acoge como remedio a su soledad?, ¿hasta dónde somos capaces de llegar para no estar solos?.
Amateurs: adj. Aficionados: Que practican, sin ser profesionales, un arte, deporte, etc. Amateurs: adj. Amantes: Que aman.
| Emilie de Preissac | Blanca |
| Paco Luque | Julio Nieves |
| Albreto Díaz | Toñín |
| Juanma Hernández | Guti |
| Dirección | Gabriel Velázquez |
| Guión | Blanca Torres, Gabriel Velázquez |
| Producción ejecutiva | Gabriel Velázquez |
| Fotografía | David Azcano |
| Montaje | María Lara |
| Música | Pablo Crespo, Marieta Vázquez |

Para la guionista Blanca Torres, "ser amateur significa ser un aficionado, alguien que mantiene una relación desinteresada con aquello a lo que ama, un amante". En torno a esta idea gira toda la película. Y en este sentido, estamos ante una obra de inquebrantable espíritu amateur. Es evidente el amor por el cine que desprende este trabajo, en el que la guionista es principiante, el director afronta su primera realización en solitario, el equipo técnico intercambia las funciones que les son habituales, los intérpretes son novatos... una rigurosa coherencia entre lo que se cuenta y el cómo se hace.

Al igual que el film, las criaturas que lo pueblan se mueven entre la ternura, la torpeza, e incluso algún momento de brillantez. Estamos ante dos seres condenados a quererse para combatir la peligrosa soledad, uno de los grandes males de nuestra sociedad actual, y del que cine se hace oportuno eco en los últimos tiempos. Sin ir más lejos, la próxima semana se estrena en España Somers Town (Shane Meadows, 2008), otro ejemplo más de encuentro de soledades en el cine. Aunque por la edad de ambos protagonistas, Amateurs podría recordar más a una película como El señor Ibrahim y las flores del Corán (François Dupeyron, 2003), cambiando al chico por una chica.
También el tono es radicalmente distinto al de la película de Dupeyron. No hay nada de aquella idealizada relación de intercambio intercultural e intergeneracional. En Amateurs todo es mucho más abrupto, y la opción estética queda dominada por el feismo. A destacar el excelente trabajo de dirección artística; cada localización y cada rincón, transmiten una fuerza y una autenticidad apabullantes. Especialmente, el hogar de Nieves, uno de los espacios más veraces que uno recuerda en mucho tiempo, en lo que a interiores se refiere. Tanto, que casi se puede respirar el aroma a casa de solitario señor mayor.
"Una película de una total coherencia, y de un amateurismo (en el sentido que los mismos autores aplican) admirable"

Un señor mayor interpretado de manera desconcertante por el arrollador Francisco Luque. Una muy arriesgada apuesta de casting que determina todo el desarrollo del film.
Tan elocuente con el gesto, como torpe con la palabra; su intensa huella queda grabada en cada fotograma que aparece. A veces, dejando una impronta descomunal, otras sacando al público de la película con su chirriante forma de usar la palabra.
Como muestra, la primera secuencia en la que aparece. Ese primoroso montaje paralelo por el que ya quedan irremediablemente unidos ambos protagonistas. En su presentación, el cuerpo de Luque lo dice todo, y su figura se agiganta en la pantalla. Sin embargo, la primera vez que habla, para pedir auxilio, se pierde toda la fuerza que transmiten las imágenes.

No obstante, son impagables las secuencias entre él y Guti. Un poco por el desparpajo de Juanma Hernández, otro poco por la extraña manera de recitar de Luque, y otro tanto por la intención tragicómica del autor, esas secuencias funcionan de maravilla. Hilarantes diálogos que esconden la terrible realidad de la soledad y el desolador panorama para alguien que se encuentra a las puertas de la jubilación.
La otra parte de la extraña pareja es la espontánea Emilie de Preissac, quizás la pieza que encaja con mayor dificultad en el engranaje, con esa desesperada búsqueda de un padre al que nunca conoció. Gabriel Velázquez sortea bien los riesgos de la inverosimilitud, y consigue que nos creamos la relación de afecto que se establece entre ella y un desconocido que la hace dormir en un mugriento colchón en la despensa de una cochambrosa cocina. A pesar de la torpeza mostrada por alguien que jamás ha tenido la oportunidad de querer, la chiquilla no tiene más remedio que rendirse ante las muestras de amor de alguien que se encuentra aun más solo que ella.
También nosotros tenemos que acabar rendidos antes una película repleta de imperfecciones, pero deseosa de transmitirnos cosas. Un muy arriesgado trabajo, con relaciones a límite, personajes en el filo de la navaja, interpretaciones que descolocan... pero una película de una total coherencia, y de un amateurismo (en el sentido que los mismos autores aplican) admirable.
Manuel Barrero
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