Turk (Robert De Niro) y Rooster (Al Pacino) son unos detectives del departamento de Policía de Nueva York, a los que no les falta mucho para jubilarse. Ahora son requiridos para investigar el asesinato de un proxeneta, que parece estar ligado a un caso resuelto por ellos en el pasado. Igual que en el crimen de entonces, la víctima es un presunto delincuente, además, junto al cadáver encuentran un poema que justifica el motivo del asesinato.
Comienzan a sucederse asesinatos cuyas víctimas son criminales que en su día consiguieron librarse del sistema judicial. Los jóvenes detectives Pérez (John Leguizamo) y Riley (Donnie Wahlberg), lo tienen claro: el asesino es un policía. Les acompaña en la investigación Karen Corelli (Carla Gugino), una agente del CSI que mantiene una relación con Turk.
| Al Pacino | Rooster |
| Robert De Niro | Turk |
| Curtis "50 cent" Jackson | Spider |
| Carla Gugino | Karen Corelli |
| John Leguizamo | Detective Pérez |
| Donnie Wahlberg | Detective Riley |
| Brian Dennehy | Teniente Hingis |
| Dan Futterman | Aaron Ziedler |
| Trilby Glover | Jessica |
| Dirección | Jon Avnet |
| Guión | Russell Gewirtz |
| Producción | Jon Avnet, Boaz Davidson, Randall Emmett, George Furla, Lati Grobman, Avi Lerner, Alexandra Milchan y Daniel M. Rosenberg |
| Producción Ejecutiva | Danny Dimbort y Trevor Short |
| Fotografía | Denis Lenoir |
| Montaje | Paul Hirsch |
| Música | Ed Shearmur |

Han tenido que pasar 13 años para que un guión reuniera a dos de los grandes de la interpretación. Visto el resultado, sorprende mucho, si nos abstraemos de motivaciones económicas, que Robert De Niro y Al Pacino hayan sumado sus nombres al de un proyecto tan flojo y no sólo por la historia, otra más de asesinatos en serie, sino también por la planicie con la que el director, Jon Avnet (Tomates verdes fritos, 88 minutos), ha encarado un entramado policial insostenible y cansino, apoyado en un publicitado duelo interpretativo que brilla, pero por su ausencia. Y también choca el que sus trayectorias, bastante parejas, apenas se hayan encontrado en 40 años de profesión [ningún plano en el El Padrino 2 (Francis Coppola, 1974) y uno en el thriller policiaco Heat (Michael Mann, 1995)] si, por lo visto en Asesinato justo, la calidad no era condición exigida.

Compartir la casi totalidad de secuencias en Asesinato justo (Righteous Kill), un producto de consumo caducado sobre dos añejos policías neoyorquinos en la recta final de sus carreras, con un descreimiento por el sistema que el guión fuerza en exceso, despertó unas expectativas enormes. Pero el resultado, es minúsculo. Acción "b", abuso de imágenes distorsionadas, ritmo de videoclip y subtramas sin desarrollo para una película que tiene demasiada prisa por desenlazar una historia vista en otras tantas ocasiones, con un giro argumental, cuando menos, fraudulento. El montaje paralelo de la secuencia del psiquiatra, primero, y la comparecencia de la pareja protagonista ante sus superiores, después, contestando en ambas situaciones a preguntas similares (aquí se escucha la frase sustanciosa de la película), vienen a confirmar la debilidad de una dirección y un texto tan obsesionados con desconcertar al espectador, que terminan pegando bandazos.
A partir de un guión de Russell Gewirtz, responsable de la interesante Plan oculto (Spike Lee, 2006), se construye un conflicto que avanza y retrocede todo el rato para terminar dando a cuentagotas una información que sólo entorpece el trabajo artístico de la pareja protagonista, reclamo único de la cinta, y del de las siempre agradecidas presencias de Brian Dennehy (El vientre del arquitecto) y John Leguizamo (Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge) entre los secundarios. Porque si Pacino y De Niro no hubieran elevado con su participación a categoría fílmica una producción más próxima a cualquiera de los episodios de la televisiva C.S.I., Asesinato justo habría pasado por la cartelera como tantos otros thrillers o quizá habría saltado directamente al mercado del dvd.
"Acción "b", abuso de imágenes distorsionadas, ritmo de videoclip y subtramas sin desarrollo para una película que tiene demasiada prisa por desenlazar una historia vista en otras tantas ocasiones, con un giro argumental, cuando menos, fraudulento"

Ambientada en la ciudad de Nueva York, el guión aborda sin detalles la relación de dos inspectores de policía que a pesar de llevar tres decenios compartiendo decepciones y experiencia, no se conocen. El inspector Turk (Robert De Niro), un tipo de apariencia ruda aficionado al béisbol, y el inspector Rooster (Al Pacino), cuya actitud reservada parece estar ocultando una personalidad compleja, deben encontrar quién se esconde detrás del asesinato de un conocido delincuente, con el que creen guarda relación un caso que les tocó resolver en el pasado. Junto al cuerpo de la víctima aparece un poema, particularidad que se repite en los siguientes crímenes que, de manera alarmante, comienzan a sucederse.
Además, las víctimas tienen otro punto en común: haber salido inmunes de las redes judiciales. Y para terminar de enredar la trama surge el rumor de que alguien del propio departamento policial se ha tomado la justicia por su cuenta.

De ahí un título tan cínicamente explicativo que la distribuidora ha traducido literalmente del original, aunque bien podría haber calificado el asesinato de íntegro, directo, honrado, equitativo e, incluso, recto,... adjetivos todos ellos para definir una historia sin volumen que repite esquemas. Una producción más que evidencia la crisis creativa del Hollywood actual.
Nuria Dufour
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