Australia

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Sinopsis

Una aristócrata inglesa, Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), convencida de que su marido le es infiel, viaja desde Londres hasta el remoto reducto tropical de Darwin (Australia) para enfrentarse a él. Su reacio guía a través del inmenso e inmisericorde terreno del Territorio Septentrional es el Arriero (Hugh Jackman), un ganadero tosco y basto.

Su profunda antipatía mutua se ve aminorada por la tragedia cuando Sarah, de repente, se halla cuidando a un joven huérfano llamado Nullah (Brandon Walters), un muchacho mestizo a la deriva en una sociedad segregada que le trata como un paria.

Mientras, Faraway Downs se halla al borde de la ruina. Su administrador, Neil Fletcher (David Wenham), está tramando con el magnate ganadero King Carney (Bryan Brown) acelerar su desaparición y hacerse cargo, ellos mismos, de la finca.

  • País:Australia/EE.UU:
  • Año:2008
  • Estreno:25 de diciembre 2008
  • Duración:2h.45min.
  • Distribuidora:Fox
  • Web oficial: www.australiamovie.com

Intérpretes

Nicole Kidman Lady Sarah Ashley
Hugh Jackman Drover
David Wenham Neil Fletcher
Ben Mendelsohn Dutton

Ficha Técnica

Dirección Baz Luhrmann
Guión Baz Luhrmann, Stuart Beattie, Ronald Harwood y Richard Flanagan
Producción G. Mac Brown, Catherine Knapman y Baz Luhrmann
Fotografía Mandy Walker
Montaje Dody Dorn y Michael McCusker
Música David Hirschfelder

Crítica

Yo tenía una finca en Australia

Nuria Dufour

El cine está lleno de epopeyas que retratan ficciones de amores y pasiones a lo largo de metrajes, a veces, demasiado largos y densos, aunque en el caso del que nos ocupa, sus casi tres horas de duración condensan los porcentajes de entretenimiento necesario para hacer de ella un blockbuster navideño (y poco más).

Influenciado por las grandes producciones de estudio de los años 30 y 40 (y de otras no tan lejanas), de las que toma prestadas, aparte del cartel, algunas de sus secuencias, el australiano Baz Luhrmann quería rodar una película épica que mezclase varios géneros, al tiempo que recrease un episodio poco conocido (los orígenes de la llamada "generación perdida") de la historia más reciente de aquel país. Para ello, a partir de su propia idea, armó un guión repleto de líneas argumentales, enredadas e inconclusas, que firma con otros dos reputados guionistas (Ronald Howard -El pianista, El amor en los tiempos del cólera-, Stuart Beattie -la trilogía de Piratas del Caribe-) y un novelista (Richard Flanagan), anteponiendo a todo ello un significativo esteticismo, muy propio de su cine (Australia es su cuarto largometraje tras la inadvertida El amor está en el aire, la kitsch Romeo+Juliet y la barroca Moulin Rouge).

Amor clásico, salpicado con grandes dosis de aventura, comedia y ternura, ambientado en el vasto territorio septentrional del país, entre 1938 y 1945, año en que la ciudad portuaria de Darwin fue bombardeada por el ejército japonés, con final abierto a la esperanza. El director rodó otros desenlaces alternativos que seguro servirán de señuelo para el lanzamiento del dvd. Esta indecisión es lo que desequilibra el desarrollo narrativo de la película, provocando que las tramas, en lugar de fluir de manera natural hacia una conclusión más acorde con lo ocurrido, se vean obligadas a resolverse con el happy end convencional para todos los públicos.

"Una superproducción de amores convencionales, visualmente atractivísima pero narrativamente escasa por culpa del liviano peso dramático de la enorme línea central"


Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), arquetipo de la aristócrata de la época, espera en Inglaterra noticias de su marido. En vista de que no llegan, la distinguida dama emprende viaje a Australia en contra de asesores y séquito. Son los meses previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sus delicadas maneras contrastan hasta la caricatura con la aspereza con la que es recibida por Drover (Hugh Jackman), un tosco conductor de ganado, arquetipo del vaquero, comprometido con las causas más injustas (su esposa indígena murió porque los de su raza no eran admitidos en los hospitales), que debe guiarla hasta Faraway Downs, la inmensa finca que el señor Ashley ha dejado en la ruina. El encuentro de la pareja protagonista en la típica cantina de western, donde no se permite la entrada a mujeres, está más próximo a títulos como Maverick que a Memorias de África, producción con la que guarda ciertas similitudes de envoltorio.

La pulsión sexual de la pareja se deja sentir en las primeras secuencias, aunque sus miradas de soslayo denoten desconfianza de manual. Ayudada por Drover, Lady Sarah debe cambiar su acomodada vida doméstica (la adaptación al nuevo entorno es imperceptible) para convertirse en una ruda vaquera que no se arredra ante nada ni nadie, con el objetivo de trasladar 1500 cabezas de ganado de un extremo a otro del país (los planos de la estampida de la manada y las grandes panorámicas denotan una puesta en escena impecable).

Entre medias, dos tramas que, a diferencia de las reses, están conducidas, desde el texto, sin brío. Una de ambición, que protagonizan los malos malísimos de la historia encabezados por un magnate ganadero (Bryan Brown), que quiere hacerse con el control cárnico de la zona, y otra de testimonio, la de los aborígenes, representados por Nullah (Brandon Walters), la voz del relato, un pequeño "de sangre cruzada" que despierta el lado maternal de la fría Lady Sarah.

Nullah recuerda en off un pedazo de la historia del país que le rechaza porque, como repite en varias ocasiones, "pertenezco a nadie". Entre 1910 y 1970 cien mil niños australianos mestizos fueron arrancados a sus padres y recluidos en centros de acogida, donde se les hacía creer que eran huérfanos. Es la parte de denuncia social que plantea, aunque de manera borrosa, esta película, peculiar homenaje a El mago de Oz. La canción que inmortalizara Judy Garland (y una emotiva secuencia-proyección de la película de Víctor Fleming), sirve de guía al trío protagonista en su personal viaje de transformación. Y el resultado: una superproducción de amores convencionales, visualmente atractivísima pero narrativamente escasa por culpa del liviano peso dramático de la enorme línea central.

24/12/2008

Tráiler


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