Belén Macías: "Estoy enamorada de todas y cada una de mis actrices" - cine | Kane 3

Belén Macías: "Estoy enamorada de todas y cada una de mis actrices"

Dos reconocidos cortometrajes (El puzzle y Mala espina) eran, hasta ahora, la única experiencia de Belén Macías en el cine. Sin embargo, la directora no ha parado de trabajar en otros medios, como la televisión y el teatro. Para su debut en el cine, ha conseguido la producción de El Deseo, y un impresionante elenco de actrices, a las que dirige con mimo. Se estrena una de las películas españolas más importantes de la temporada, presentada a concurso en el Festival de Cine de San Sebastián. Apunten su nombre como más que probable ganadora en la categoría de Mejor Dirección Novel en la próxima edición de los Goya.

Por Manuel Barrero. Fotografías de Emilio Pereda y Paula Ardizzoni.

—Para empezar, me gustaría saber qué aspecto de la historia fue el que más te interesó para decidir llevarla al cine.

—El arco dramático que había en esos personajes marginales que constituían el alma de un grupo de teatro creado dentro de la cárcel. Ése fue el punto de partida, y luego me entrevisté con la directora del grupo. A partir de ahí, Arantxa Cuesta (la otra guionista) y yo, perfilamos todos los personajes de la película. Son invenciones, porque no nos podíamos basar en personajes reales, pero tienen el alma de todas las chicas que han pasado por ese grupo a lo largo de veinte años.

—Han pasado siete años desde tu último corto, ¿por qué tanto tiempo hasta tu salto al largo?

—Pues he estado currando un montón. He hecho dos películas para televisión y una serie, he tenido un hijo que ahora tiene cuatro años, he estado ocupada todo el rato. Y tampoco había encontrado una historia potente. Había escrito un guión, que lo tengo guardado en un cajón, pero no me parecía que tuviera la suficiente solidez como para convertirse en mi primera película, para que impactase y pudiese gustar. Entonces me decidí por esto, y la elaboración fueron casi dos años.

—¿En este tiempo te han ofrecido algo que no te interesara?

—Sí, me ofrecieron un largo, la adaptación de un libro que no me convencía. También me ofrecieron producirme la idea que yo tuviese, pero no tenía una concreta. Es algo que nos pasa mucho a los directores, de un guión a otro puedes pasar dos o tres años tranquilamente. Y si no eres un grande, del cine no se come.

—Entonces, ésta es la ópera prima que querías hacer...

—Sí, absolutamente.

—Has comentado que todas las actrices fueron elegidas por casting. Cuéntanos un poco más del proceso de selección, si hubo algún personaje que te costó encontrar o el que viste claro desde el principio...

—La primera que elegí fue Tatiana Astengo, que hace de Luisa, la colombiana. Es una actriz maravillosa, y yo no la conocía, luego descubrí que era una estrella en su país, en Perú. Ella ha hecho un trabajo estupendo, en el acento y en la forma de hablar porque es peruana y hace de colombiana. Y, en general, el proceso consistía en ir haciendo pruebas, y cuando ya tenía medio elegida a una, la combinaba con otra. Sobre todo, en el tándem Isa-Rosa (Verónica Echegui y Violeta Pérez). Esos personajes estaban muy unidos, y fui probando varias actrices. Ha sido un proceso muy bonito, tanto en la selección, como luego en el ensayo.

—Eso te quería preguntar. Creo que el trabajo de las actrices es lo mejor de la película, ¿cómo has trabajado con ellas?

—Yo vengo del teatro y de haber estudiado en una escuela de arte dramático. Si algo aprendes ahí, es un lenguaje que compartes con los actores. Cuando los actores se sienten cómodos y apoyados, dan lo mejor de sí mismos. Y es lo que creo que ha pasado en este caso. Considero que soy muy responsable de las actuaciones de mis chicas, porque no sólo las he controlado en el set, también las he controlado en montaje. Aparte de Verónica Echegui, que es una fuerza de la naturaleza, una Wagener, que me arrodillo a sus pies de lo buena actriz que es, o una Violeta que tiene verdad y un potencial chulísimo. Estoy enamorada de todas y cada una de mis actrices. Y creo que la gente que entienda de esta profesión, sabrá valorarlo. Y la que no sepa, no lo valorará, y lo digo muy en serio. Porque vengo de leer la crítica de El País, no tienen ni puta idea, y te lo digo así. Te puede gustar o no gustar la película. Yo eso no lo juzgo. Tú eres crítico y tienes opinión. Pero que ni siquiera seas capaz de ver en una película, los valores que tiene ... teniendo en cuenta el panorama del cine español. Estoy indignada, porque ayer tuvimos 12 minutos de ovación y Boyero me escribe esa crítica...

—¿Has firmado la famosa carta contra Boyero?

—No, pero la voy a firmar. Es que ya hacemos espectáculo de las críticas, y encima con mi película. Con todo el esfuerzo que hay detrás, que te podrá gustar o no, que es lícito, pero hay un trabajo muy serio detrás. Muy serio y muy diferente a todo lo que se hace en el cine español. Si no eres capaz de reconocerlo, eres un miope. Dos mil personas no pueden estar equivocadas. Independientemente de que la película tenga fallos o menos fallos. No me puedo creer que un tío al que leen 400.000 personas tenga ese poder de destrozar como destroza. Porque si fuera un ser respetuoso, como puede ser Javier Ocaña, que te dice que no le ha gustado la película, pero lo positivo es esto y esto... Tendríamos que partir de ahí.

—Cuando veo películas en las que está tan cuidado el trabajo con los intérpretes, siempre me da la sensación de que quien dirige disfruta más con la dirección de actores que con la planificación, ¿te ocurre esto?

—Disfruto más dirigiendo actores, pero el cinematográfico es un lenguaje que domino y que he tenido ocasión de practicar. Me interesan las dos cosas. Me interesa contar a nivel de imagen, y a nivel de dirección de actores. Pero considero que en este terreno tengo unas armas que me hacen sentirme muy cómoda, y lo veo siempre en la reacción de los actores que dirijo. Pero a nivel de planificación, la película está totalmente medida. Mis historias son de personajes, y El patio de mi cárcel está contada con primeros planos; planos que te conmuevan, que te emocionen. Ése es mi cine. No necesito cabezas calientes, aunque también las utilizo. El lenguaje visual que uso está en concordancia con lo que cuento. Mira Ingmar Bergman, no movía la cámara, y hacía un cine maravilloso.

"El cine desde los Lumiere, está hecho a través de la mirada de los hombres. Cuando nos acostumbremos a ver una mirada femenina, sin cuestionar que es una mirada femenina, entonces entraremos en otro código, que ahora mismo te digo que no"

—Quería saber cómo fue el proceso de documentación, y si has podido hablar con presas que vivieron esa época.

—Hablamos con presas que estuvieron en aquella época, y también presas de ahora. El perfil ha cambiado muchísimo. En aquella época, casi todas eran yonquis. Delinquían, sobre todo, por la droga. Ahora, la mayoría son personas totalmente sanas, que delinquen por necesidad. Gran parte de la población reclusa femenina, ahora mismo, es sudamericana. Alguien les aconseja mal, traen una maleta, y del aeropuerto a la cárcel. Y les caen nueve años de condena, de los que cumplen cuatro o cinco. Pero tanto tiempo separadas de sus familias, de sus hijos, es algo terrible.

—En la película, prácticamente sólo vemos cómo se droga el personaje de Verónica Echegui, bueno, y un poco el de Violeta Pérez, cuando en las cárceles de entonces había mucha más...

—La película está llena de guiños de la gente que se droga en la cárcel. También se drogan las gitanas, o el personaje de Mayka. Lo que pasa es que son detalles muy sutiles y a lo mejor no te has dado cuenta. Hay muchísimos detalles que con un segundo visionado se pueden ver mejor.

—Sí, pero me refería a que el personaje de Verónica Echegui es al único al que vemos sufrir y padecer las consecuencias, ¿has utilizado ese recurso para ver más el drama de ella en comparación con las demás?

—No. Es porque desde el principio se pensó en ese perfil protagonista. Y dentro del núcleo del grupo de teatro, ya me parecía suficiente con dos personajes que jugasen con la heroína. Porque no me parece que se pudiera hacer extensible a todas. El personaje de Ajo también juega con la heroína, en la secuencia del niño, que están trapicheando con droga. Pero no todas eran heroinómanas, y por eso no lo quise desarrollar en las demás. No tendría sentido en la gitana, o la colombiana. Y Mayka juega con la cocaína.

—A pesar de la dureza de las condiciones en la cárcel, a veces me daba la impresión de que alguna de ellas se sentía cómoda dentro, como a salvo del mundo exterior, ¿tenías intención de transmitir esa sensación?

—Aceptar que estás presa me imagino que debe ser un proceso largo, duro y depresivo. Pero lo que he querido transmitir es que una vez aceptado eso, la vida hay que encararla con optimismo. Ésa es mi premisa ante la vida, y lo que pretendía con mis personajes. Pensar que se está cómodo en una cárcel es que no se ha entendido la esencia de lo que quería explicar. Incluso, el personaje protagonista le dice a su amiga: "lo peor de estar aquí encerrada, es la costumbre". Si la gente piensa que esta es una cárcel demasiado suave o alegre, está equivocada. Las cárceles no son depresivas, ni la gente está tomando valium por las esquinas, o tirada en el suelo. La gente intenta sobrevivir a lo que le toca. Y ésa era la pretensión.

—Hay veces en las que películas que pretenden cierto realismo se ven perjudicadas por ese afán en que las actrices aparezcan siempre guapísimas. Te quería felicitar, porque en El patio de mi cárcel, eso está muy cuidado. Y me ha encantado, por ejemplo, el detalle de que Verónica Echegui apareciera con las axilas sin depilar...

—... y con deterioro en los dientes. Nos dijeron incluso hasta si le habíamos puesto una prótesis. Pero no, es que se le habían ensuciado los dientes.

—También me gustaría hablar sobre ese montaje paralelo con la pelea por un lado, y la celebración de las mujeres gitanas por otro. ¿Había la intención de desmontar algún mito en cuanto a la supuesta violencia de la etnia gitana?

—No. Me pareció bonito, a nivel estético y narrativo, contar en paralelo lo que ocurría dentro de una cárcel. En un sitio se estaban matando, y en el otro seguían con la vida cotidiana, festejando un cumpleaños. El buscar algo a lo que agarrarse, algo que sea motivo de fiesta y divertimento, para olvidarte un poco del momento que estás viviendo.

—Pero no tiene nada que ver con que sean gitanas...

—No. Y, además, las mujeres no son violentas. Me llamó la atención de las cárceles de mujeres que los delitos no son de violencia. Son por narcotráfico, estafa, terrorismo... está la mujer que mata al marido. Muy pocas están por asesinato, son delitos más suaves.

"Yo vengo del teatro y de haber estudiado en una escuela de arte dramático. Si algo aprendes ahí, es un lenguaje que compartes con los actores. Cuando los actores se sienten cómodos y apoyados, dan lo mejor de sí mismos. Y es lo que creo que ha pasado en este caso"

—Sin embargo, sí hay un episodio de violencia en la película. Aunque es pasional...

—Total. Pero también lo he querido reflejar, porque en esas conductas se comportan como hombres... o, bueno, como persona apasionada que no ha sido capaz de solucionarlo verbalmente, y lo soluciona de esa manera.

—Háblanos de tu trabajo en televisión. Lo que más te gusta, lo que menos...

—A mí el trabajo en televisión me gusta bastante. Me gustaría tener una serie bonita, con personajes potentes. Pero todo lo que estoy haciendo, siempre me lo tomo como un aprendizaje. Yo sólo veo cosas positivas.

—¿Y en el teatro?

—Lo que más me gusta es la esencia del personaje en estado puro. El actor en estado puro, sin aditivos. Me gusta dirigir actores y me encanta esa creatividad.

—He leído que fuiste guionista y creadora de un videojuego, ¿cómo fue esa experiencia?

—Era muy sencillo. En esa época trabajábamos como guionistas, y compartíamos oficina con unos animadores. Les pasaron un proyecto a ellos, nosotros escribimos el guión de ese videojuego y ellos lo animaron.

—¿Conoces el mundo de los videojuegos?

—No, no conozco mucho, no soy aficionada. Nunca le he cogido el tranquillo. A veces he jugado a la Play Station, pero no me llama especialmente. Prefiero gastar ese tiempo en leer.

—Estudiaste en San Antonio de Baños, dónde también estuvo Jaime Rosales, ¿has podido ver Tiro en la cabeza? ¿Qué te parece su cine?

—No la he visto todavía. Pero yo soy fan absoluta. Es un tipo con una valentía envidiable. Para plantearte hacer un cine así, hay que tener mucho arrojo. A mí, como espectadora, me gusta mucho. Lo que pasa es que el tipo de cine que yo hago es completamente diferente.

—También has escrito un guión, adaptación de la novela La mula, de Juan Eslava Galán.

—Lo que pasa es que ese guión está un poco como en stand-by, porque tuve problemas con la productora, y no sé cómo va a quedar finalmente. Prefiero no hablar mucho de eso. Yo escribí ese guión, y la primera versión que presentamos le encantó al escritor. Pero no sé si mi versión será la que definitivamente se lleve a la pantalla.

—Tengo curiosidad por saber por qué aparece Marta Belaustegui en los agradecimientos.

—Porque Marta me abrió las puertas de una productora, para ver si estaban interesados en la película.

—Últimamente, la vemos poco en pantalla y es una excelente actriz.

—Porque Marta ha entrado en una edad difícil para las actrices. Cuando tienes entre 20 y 35 años, tienes una carrera brillante, si la puedes aprovechar. A partir de los 35-40 años, lo tienes más difícil.

—¿Pensaste en ella para algún papel de El patio de mi cárcel?

—En principio, pensé en uno, el de Adela. Estuvimos hablando... y luego apareció Blanca Portillo. Pero me gustaría mucho volver a trabajar con ella, que ya trabajamos juntas en una serie de televisión.

—¿Estás contenta con el recibimiento de San Sebastián? ¿Crees que ayudará a que la película funcione mejor?

—Es que el pase con el público me descolocó. La gente estaba entregada desde el principio, aplaudiendo en mitad de la película... yo me imagino que eso llegará al gran público. Porque el público que había en el Kursaal, es el que va al cine. Gente que paga su abono, que había pagado por ver esta película. Si estaba lleno, y la ovación fue tan grande, considero que la película va a funcionar.

—¿Crees que, sobre todo, irán a verla mujeres?

—Yo creo que a las mujeres, les va a gustar la película. Y que a los hombres que no les guste, será por prejuicios. Y es que hay un lenguaje femenino, que a muchos tíos les echa para atrás. Pero poquito a poco. Si no es ésta, será la siguiente. El cine desde los Lumiere, está hecho a través de la mirada de los hombres. Cuando nos acostumbremos a ver una mirada femenina, sin cuestionar que es una mirada femenina, entonces entraremos en otro código, que ahora mismo te digo que no. Y Carlos Boyero, menos.

25/09/2008

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