Michael Moore afronta el problema que está en el centro de toda su obra: el desastroso impacto que el dominio de las corporaciones tiene sobre la vida cotidiana de los estadounidenses, y, por consiguiente, también sobre el resto del mundo. Desde la América de la clase media hasta los pasillos del poder en Washington y el epicentro financiero global de Manhattan, Michael Moore lleva una vez más a los espectadores por un sendero sin explorar.
¿Cuál es el precio que paga Estados Unidos por su amor al capitalismo? Hace años, ese amor parecía absolutamente inocente. Sin embargo, hoy el sueño americano se parece cada vez más a una pesadilla, cuyo precio pagan las familias, que ven esfumarse sus puestos de trabajo, sus casas y sus ahorros. Moore nos lleva a las viviendas de personas normales y corrientes, cuyas vidas se han visto trastocadas, mientras busca unas explicaciones en Washington y en otros lugares. Y lo que descubre son los síntomas demasiado familiares de un amor que acaba mal.
| Michael Moore | Michael Moore |
| William Black | William Black |
| Marcy Kaptur | Marcy Kaptur |
| Jimmy Carter | Imágenes de archivo |
| Sarah Palin | Imágenes de archivo |
| Ronald Reagan | Imágenes de archivo |
| Arnold Schwarzenegger | Imágenes de archivo |
| Martin Luther King | Imágenes de archivo |
| Dirección y Guión | Michael Moore |
| Producción | Anne Moore y Michael Moore |
| Producción Ejecutiva | Kathleen Glynn, Bob Weinstein y Harvey Weinstein |
| Fotografía | Daniel Marracino y Jayme Roy |
| Montaje | Jessica Brunetto, Alex Meillier, Tanya Ager Meillier, Conor O´Neill, Pablo Proenza, Todd Woody Richman y John W. Walter |
| Música | Jeff Gibbs |
| Documentación | Judy Aley y Pearl Lieberman |
| Sonido | Francisco Latorre, Mark Roy y Hillary Stewart |

Nacho Cabana
Que el cine le debe a Michael Moore la gloriosa hazaña de haber sacado de la marginalidad y la pantalla televisiva a un género tan imprescindible como el documental es indudable. El que esta "salida del armario" haya coincidido con la domesticación de los medios de producción y edición ha provocado que el documental sea hoy en día el más vivo de los géneros.

Capitalismo: una historia de amor es en cierta forma una continuación de la primera película de Moore, Roger And Me (1989) en cuanto que parte de su pueblo natal (Flint, Michigan) para contarnos su visión de los daños, no siempre colaterales, que provoca el capitalismo estadounidense. Pero entre una película y otra han pasado muchas cosas dentro y fuera de la obra de nuestro hombre. Él se ha convertido en un showman y el mundo ha sufrido una crisis financiera como número apoteósico final al reinado de George W. Bush.
Capitalismo: una historia de amor es probablemente la más discursiva de sus películas, en la que más recurre a imágenes de archivo para ilustrar su tesis. La narración omnisciente de Moore está, en casi todo momento, por encima de las imágenes que muestra, incluso cuando Moore da voz (a menudo con él en pantalla) a las personas que sufren en sus carnes los desmanes de una élite financiera que ha gobernado el mundo con sus intereses económicos como mascarón de proa. Y es en esta conjunción de elementos (la versión histórico-económico-política de los acontecimientos mezclada con vivencias y tragedias personales, es decir la macrohistoria y la miscrohistoria juntas) donde Moore se revela como un maestro. Pasa con encomiable soltura y fluidez de explicar el funcionamiento de los activos tóxicos a mostrar cómo un banco obliga a una familia a quemar los muebles de su casa antes de embargársela y dejarles durmiendo en la parte trasera de un camión.
"Entretenida pese a tratar de economía, tiene conciencia política sin ser políticamente correcta, es dramática sin ser ternurista, es revolucionaria sin ser panfletaria..."

Curiosamente, lo que más famoso y atractivo ha hecho a Moore de cara a un público más amplio, esto es, sus provocaciones y perfomances, es lo que peor funciona en Capitalismo: una historia de amor. Quizás porque porque su capacidad de agitación choca una y otra vez con el muro de silencio defendido por unos agentes de seguridad que ya reconocen su emblemática figura, quizás porque no ha tenido una idea tan brillante como el viaje a Cuba de Sicko, cuando Moore saca al showman que lleva dentro, la película se resiente.
Capitalismo: una historia de amor no es un documental que pretenda ser objetivo pero... ¿es que algún documental lo es? ¿No es una impostura pretender la objetividad en un medio en el que desde que enciendes la cámara y enfocas ya estás procediendo a una selección de lo que encuadras y lo que no, de a quién entrevistas y a quien no, de lo que editas y lo que dejas en el disco duro?

Algunos dirán que Moore se limita a aplicar ahora a la crisis económica mundial la misma fórmula que antes aplicó al 11-S o al sistema sanitario estadounidense. ¿Y...? ¿Qué más da? ¿No son también una fórmula esos documentales en los que el director coloca su gran angular a escasos centímetros del rostro de un discapacitado mental con fines cercanos a la pornomiseria? ¿O cuando algún admirador de Flaherty nos castiga con planos fijos de cinco minutos de gente hablando en un bar porque no se siente moralmente autorizado a manipular el material grabado aunque lo haya estado haciendo desde el momento en que comenzó a pensar en su película?
Capitalismo: una historia de amor es entretenida pese a tratar de economía, tiene conciencia política sin ser políticamente correcta, es dramática sin ser ternurista, es revolucionaria sin ser panfletaria... Queda por ver si su llamada final a la rebelión causa efecto, aunque los miles de personas que ahora mismo están grabando el mundo con sus cámaras domésticas hacen pensar que sí.
1/11/2009
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas