Ruy (Javier Ríos) ha vivido siempre como ha querido, pero ahora está en un compromiso. José Antonio (Juan Diego), el padre de su novia, le ha conseguido un puesto importante en su empresa. Quiere que sea su sucesor. A sus veintitantos años, y sin haber tomado ninguna decisión, está atrapado. Le gustaría decir no a este trabajo, a José Antonio, a Inés -su novia- (Marta Etura) y a este cuento del Casual Day.
Ruy pasará un fin de semana en el campo, en un entorno idílico sus compañeros y él darán rienda suelta a sus frustraciones e instintos más primarios: tras las guerras de paintball, dinámicas de grupo llegan las borracheras, los piques internos, los cabreos acumulados... todo está permitido en este día y los lunes todos a trabajar como si no hubiera pasado nada.
| Juan Diego | José Antonio |
| Javier Rios | Ruy |
| Luis Tosar | Cholo |
| Estibaliz Gabilondo | Marta |
| Arturo Valls | Morales |
| Alberto San Juan | Psicólogo |
| Malena Alterio | Bea |
| Alex Angulo | Arozamena |
| Carlos Kaniowsky | Velasco |
| Secun de la Rosa | Almarcegui |
| Mikel Losada | Sevilla |
| Dirección | Max Lemcke |
| Guión | Pablo Remón, Daniel Remón |
| Producción | Iker Monfort, Álvaro Augustin |
| Producción ejecutiva | Guadalupe Balaguer, Elena Manrique |
| Fotografía | Javier Palacios |
| Montaje | Pite Piñas, Laurent Dufreche |
| Música | Pierre Omer |

Manuel Barrero
La primera (de las varias) semejanzas que presenta Casual Day con Smoking Room (Roger Gual, Julio D. Wallovits, 2002) la encontramos en sus respectivos títulos. No es gratuito que usen los correspondientes anglicismos en lugar de las expresiones Día Informal o Habitación de fumadores. Ambas películas denuncian la implacable (y muchas veces absurda) americanización de las empresas, incluso en los más nimios detalles. El uso de la terminología anglosajona para denominar estas prácticas nos es más de la punta del iceberg. La colonización (que consentimos con mucho gusto) por parte del gigante americano alcanza a cualquier ámbito de nuestra vida. Y el entorno laboral es especialmente susceptible a adoptar ridículas prácticas importadas directamente de los Estados Unidos.

Una de esas prácticas de moda son los casual day, hipócrita paradigma del buenrollismo de cartón piedra. La empresa regala a sus trabajadores un día de tregua, en el que quedan liberados de sus asfixiantes atuendos. En ocasiones, ese día se utiliza para realizar una distendida excursión, en la que se intenta fomentar la comunicación entre empelados y estrechar lazos de unión.
"Un guión medido al milímetro, importancia vital de diálogos y personajes, y un prestigioso plantel de intérpretes que sean capaces de hacernos creíble tal despliegue de verborrea"
La contradicción es evidente, y se convierte en el objeto de denuncia de este trabajo. ¿Cómo se puede fomentar el compañerismo, el trabajo en equipo o el feed-back empresa/trabajadores; y a la vez fomentar todo lo contrario? La competitividad que hace años se instaló en el mundo laboral, crea ambiciosos monstruos capaces de pisotear a quien haga falta por el mejor puesto; los trabajadores son utilizados como meros cromos intercambiables; y las empresas quieren a dóciles súbditos que no alcen la voz más de la cuenta.

Ahí es donde entran estas ridículas prácticas, que no son más que un lavado de cara para compensar tal despliegue alienante. Max Lemcke aprovecha la excusa argumental para denunciar este doble proceso que determina el actual panorama empresarial. Y lo hace, volviendo de nuevo a Smoking Room, con las mismas armas que ya usaron Gual y Wallovits en su magnífica ópera prima. Un guión medido al milímetro, importancia vital de diálogos y personajes, y un prestigioso plantel de intérpretes que sean capaces de hacernos creíble tal despliegue de verborrea.
Pero aquí es la sátira el elemento que Lemcke pretende utilizar como eje vertebrador de su filme. Esto hace que sus personajes pierdan complejidad para buscar una mayor comicidad (o, al menos, más fácil). El arquetipo se adueña de los caracteres, de forma que hay momentos en los que se roza la caricatura, lo que resta fuerza al incisivo propósito. Y es ahí donde más se resiente este producto donde, en ocasiones, la sutil sátira deviene en vulgar parodia
.Pero también encontramos no pocos momentos de lucidez en los que el sarcasmo certero consigue arrancarnos una sonrisa, mientras ataca sin piedad a cada uno de los especimenes que pueblan el relato. La mirada del autor sobre sus criaturas no es nada positiva, si acaso condescendiente, pero sobre todo desesperanzadora. Casualidad o no, una de las escasas (casi la única) mujeres de la película es la que consigue mantener su dignidad más o menos a salvo.

Como El método (Marcelo Piñeyro, 2005), o la ya mencionada Smoking Room; Casual Day sigue la estela de producciones que hablan sobre lo despiadado que se ha vuelto el entorno laboral. Como las anteriores, parte de un hecho puntual para diseccionar las relaciones socio-laborales. Sin llegar (ni mucho menos) al nivel de su más claro precedente (una de las mejores películas españolas en lo que llevamos de milenio), Emcke consigue hacernos reír y disfrutar con esta, por momentos, ácida comedia. Y, una vez más, recordarnos lo lamentable que llegamos a ser los seres humanos.
1/05/2008
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