A pesar de su corta carrera como director, Cesc Gay (Barcelona, 1967) ya es un nombre de mucho prestigio dentro del panorama cinematográfico español. Krampack, En la ciudad y Ficción avalan una trayectoria en la que cine y realidad siempre han ido de la mano. Con su último trabajo, V.O.S., el director catalán se propone desmontar toda la mentira que se esconde detrás del arte de hacer películas. Su primera comedia, basada en la homónima obra de teatro de Carol López, propone un divertido e interesante juego entre ficción y realidad.

Manuel Barrero. Fotografía: Javier de Loma-Osorio Lapeña
—Has comentado que V.O.S. surgió en el momento que viste la obra de teatro, ¿en ese instante tenías algún proyecto que aparcaras para dedicarte a éste?
—No, como siempre. Cuando acabas una película, siempre tienes varias cosas, varias ideas. Algún guión más desarrollado, otro menos... Y sí que tenía ganas de... no de sufrir menos, porque no es la palabra, pero cuando trabajas con un material de otro, ya tienes un trabajo hecho. También me llamaba la comedia, y me llamaba trabajar con ellos. Y tenía algunas ideas para hacer una película en las entrañas del cine, donde estuviera todo el rato el juego ficción/realidad. Entonces vi la obra, que tenía mucho juego elíptico. Poco a poco, empecé a pensar en ella, le pedí el texto a la autora, comencé a trabajar, y... como cuando un día te das cuenta que estás saliendo con alguien. Igual no te lo has planteado...y, hostia, pues llevamos ya un mes. Pues algo así.
—¿Desde el principio tenías pensado trabajar con los mismos actores que hicieron la obra de teatro?
—Sí, porque formaban parte de las ganas de seguir eso. Y aparte, hubiera tenido problemas personales muy serios...

—Con Vicenta trabajaste en En la ciudad...
—Sí, y Ágata es mi mujer. Y Paul es el padrino de mis hijos. Paul, Ágata y Vicenta se conocen desde los 18-20 años. Con Andrés, no. No lo conocía tanto, pero también un poco. Esto es una película familiar, casi una cosa italiana de estas...
—Con lo buena que es Ágata, ¿cómo es que no has trabajado antes con ella?
—Tiene su precio, ¿eh? Lo de trabajar con tu pareja...(risas). Pues mira, por lo que dice ella. Porque no tenía papel para ella. Y hasta En la ciudad, no pensaba que lo tuviera. Y también la vida de pareja es una cosa, y la del curro, otra. Y hay un momento en el que se pueden encontrar.
—Yo veo esta película como una especie de reverso de Ficción. Trata el mismo tema, pero de forma opuesta.
—Puede ser. En ese sentido, las dos son muy distintas, porque aquí contiene toda esta reflexión sobre el manipular, sobre la mentira. Nos sentamos delante de una pantalla, y nos creemos que es verdad. Con En la ciudad me pasaba mucho que me llamaban para coloquios, o una chica que hacía una tesis doctoral sobre las relaciones de pareja, se centró en En la ciudad y me entrevistó. Yo decía que no soy psicólogo, no he estudiado nada, y no sé nada de nada. Sé lo mismo que cualquiera, yo hago una película... que es mentira. Es curioso, porque como espectador te sitúas ante las películas como un reflejo de la realidad... y es mentira. En el teatro, es todo lo contrario. Estás delante del escenario y piensas que es mentira todo. Y eso es lo que quise hacer con V.O.S., situar al espectador ante la pantalla con el mismo pacto que tiene ante el escenario. Lo quise romper desde el principio, y lo primero que hice fue poner a la chica que pone música. La cosa va por ahí, por colocarnos en el lugar de que el cine es mentira, y hacemos esfuerzos para hacer ver que es verdad. Me parece excesiva la credibilidad que se le da... el cine es mentira, es circo.
—En ese sentido, tu anterior película es muy realista. Nos podemos identificar muy fácilmente con los personajes. Sin embargo, el título era Ficción.
—Viene por eso. Por dejar claro que es mentira. Y que el director que hace Eduard (Fernández) no soy yo. Lo que pasa es que uno juega con eso, porque soy consciente que al darle a Ágata el papel de la mujer de Eduard, estoy creando una cierta pregunta. Yo lo que abono es el misterio, ese espacio en el que no sabe muy bien qué es verdad o mentira. Es un punto que me parece bonito que se mantenga en el cine, que no se transforme en crónicas o reportajes de algo.
"Que siga habiendo cine doblado si hace falta, pero que haya un porcentaje decente y digno de cine subtitulado para la gente normal a la que le gusta. Me hago cargo, como director, del doblaje. Y es una película que se puede ver en versión doblada sin desmerecer para nada la versión original, porque nos lo hemos currado mucho. Pero han sido dos meses en los que lo he pasado muy mal"

—En Ficción, el protagonista es director de cine. Aquí vas mucho más allá en el metalenguaje, ¿es un tema que te interesa especialmente?
—Bueno, en Ficción creo que era un tema más. El personaje de Eduard tenía su reflexión en algún momento, sobre todo con Javier Cámara, en alguna escena sobre su trabajo. Pero aquí sí, aquí es la estructura, la esencia. La película es colocar... esa manipulación absoluta.
—¿Qué películas sobre el cine son las que más recuerdas?
—La noche americana, de Truffaut. Cautivos del mal, que la vi de pequeño y me dije: "hostia, esto es el cine". La peli de Tom DiCillo, Living in Oblivion, era muy divertida. Tantas películas... Ocho 1/2, evidentemente. Yo no me he inventado nada. Hay una especie de subgénero sobre esto.
—A mí, a veces, me recordaba también a Tristam Shandy, la película de Winterbottom...
—Esa es una película muy interesante también. Hace una cosa, que es lo que yo no quería hacer aquí: la separación entre actores y personajes. Es lo que yo tenía muy claro que no. En este sentido, mi película va un poco más allá. Pero aquella es muy curiosa, tiene momentos muy interesantes.
—¿Qué te parece que la película haya salido con copias dobladas?
—Que así está este país. Que, poco a poco, vamos a conseguir entrar en el siglo XXII. Y en ese momento, igual quien mande en esto, puede superar un poco el trauma. Igual a base de pastillas, de terapia... últimamente hay muchas terapias que ayudan a superar los problemas personales de la gente. Que siga habiendo cine doblado si hace falta, pero que haya un porcentaje decente y digno de cine subtitulado para la gente normal a la que le gusta. Me hago cargo, como director, del doblaje. Y es una película que se puede ver en versión doblada sin desmerecer para nada la versión original, porque nos lo hemos currado mucho. Pero han sido dos meses en los que lo he pasado muy mal.
—¿Cuándo os vais a plantar actores y directores? ¿Cuándo os vais a negar a que se doblen las películas?
—Es lo que me decía mi productora. Podemos no hacerlo, pero es que entonces salimos con cinco copias... literalmente. Entonces viene la reflexión: ¿hacemos películas para estrenar en cinco salas?

—Es algo que tendría que hacer todo el mundo...
—El problema que tenemos en España, lo tenemos los catalanes básicamente. Porque en el resto del país, no se produce cine en euskera o en gallego. En Cataluña se hace. Marc Recha lo hace, Albert Serra con sus flipadas... somos varios. Soy bastante amigo de Isabel Coixet, y nos encontramos juntos doblando en el estudio. Ella tiene la otra posición, la de pasar. Lo pasa tan mal que no quiere saber nada. Le doblan la película, y no quiere saber nada. Y lo entiendo, porque ella hace cine internacional, en inglés... y aquí, ¿quién ve eso? Nadie. Algún cine en Madrid y Barcelona, y el resto de país ve sus películas dobladas. No sé, tiempo al tiempo.
—Iba a preguntarte qué le debe esta película a Woody Allen, siempre muy presente. Pero casi que te pregunto qué le debe el cine a Allen.
—Se ha convertido en uno de los clásicos vivos. Reconozco, y no es que no lo comparta, que es una apuesta muy de Carol (López). Cuando hicieron la obra de teatro, ya con el mismo título quisieron darle un aire cinematográfico. Toda la obra tiene muchas referencias, y yo lo he adaptado y lo he adoptado... encantado. Soy fan de muchísimas películas de Woody Allen, igual de la primera época, pero...
—En la rueda de prensa de Tres días con la familia, la directora te nombraba como referente, ¿qué se siente en ese papel?
—No sé si me gusta o no, no me había enterado. Se lo agradezco, si es por lo positivo. Es como tener hijos, te hace ver las cosas... hombre, siempre es agradable. Si la persona que lo dice, además, ha hecho un buen trabajo, pues mejor que mejor. Si te lo dicen, y están presentando un desastre, pues piensas: "hostia, vamos mal".

—Creo que el mejor cine que se hace ahora en España, se hace en Cataluña. Al menos, el más diverso.
—Se hace un cine diverso, sí. Totalmente. Muy desde el director; lo cual tiene, a veces, problemas. Pero también genera un tipo de producto distinto que cuando el cine se produce más desde un comité ejecutivo de la televisión. Eso genera películas más difíciles, a veces. Pero es verdad que se está generando una propuesta bastante diversa. Eso está bien. Le falta un vínculo con el público. Yo creo que nos tenemos que ganar más al público. En Cataluña mismo, ¿eh?
—Hablabas antes de Albert Serra...
—Bueno, yo entiendo que él es un francotirador, y su cine nunca va a tener público. Pero los que hacemos una cosa más intermedia... yo tengo en cuenta al espectador, y la entrada que ha pagado. Y me gusta esa relación de entender el cine como un espéctaculo y como un entretenimiento. Que haya un poco más de eso, que de paja mental del autor. Encontrar ese equilibrio en Europa, a veces, es difícil.
—La película tiene una página en Facebook, ¿tienes algo que ver con eso?
—No. Tiene algo que ver con una idea que ha habido de promoción de la película. Se me comentó que iban a hacer algo, pero yo no sé. Como tampoco tengo página en Facebook, es un mundo en el que no me meto mucho. Pero bueno, que si eso sirve para que la gente se entere, pues como quien pone un anuncio en la prensa. O como lugar de debate. Que muy bien. No sé muy bien para qué es. Supongo que para hacer el lío. Utilizar internet para compartir la informacion.
—Puede ser una buena forma de acercarse al público
—Totalmente. Mucho más que la prensa, incluso. Internet es una cosa en la que estamos todos ahí, todo el día. Yo consumo mucho internet.
—Me gustaría preguntarte por Montse German, que estaba estupenda en Ficción.
—Ha sido bonito, porque ella estaba un poquito retirada, había tenido un hijo...Me gusta, me enorgullece, el hecho de arriesgar en ese momento por alguien; como pasó un poco con Jordi Vilches, aunque fuera un proceso distinto. Pero con Ficción volvió un poco a la vida, y no paraba de trabajar después.

—Por último, me gustaría que nos hablaras un poco de tu próximo proyecto.
—Estoy intentando escribir una comedia, pero un poco más dura, sobre lo idiotas que somos los tíos. Se puede resumir así. Centrada en los hombres, y en lo patéticos que podemos llegar a ser. Y con toda la crueldad y humor que tiene eso. Estoy intentado, con mi guionista, darle forma a una película muy centrada en el hombre. Pero yo que sé...
—¿Hombres también sobre los 30-40 años?
—Sí, sí. No un chaval de 20, ni un señor de 90. Pero no es especialmente importante a nivel generacional, es la esencia como hombre masculino.
—¿Volverás alguna vez a hablar sobre adolescencia?
—Quien lo sabe, igual sí. Si se presenta un guión, o encuentras un material... puede ser. Tampoco creo que haya tantos temas o tantas edades. O haces una película más coral, y de repente tienes a gente más joven.
10/07/2009
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