Junto al rumor de que Tarantino está, ha estado o va a estar en Sitges, existe otra tradición en el festival de cine fantástico que se acaba de celebrar en este encantador pueblo de la costa del Garraf: el espectador o espectadora que sufre un desmayo o un ataque de nervios durante la proyección de una de las películas proyectadas. Nunca he tenido la suerte de asistir a uno de estos ataques públicos de sensibilidad exacerbada, pero me basta con saber que se ha producido alguno para acudir corriendo al siguiente pase de la agresiva película en cuestión. Hace dos años A L´Interieur de Alexander Bustillo y Julien Maury puso del revés a todas las mujeres que habían estado, estaban o pensaban estar embarazadas algún día. El año pasado Martyrs de Pascal Laugier dejó muda la una platea acostumbrada a recibir con risas y aplausos decapitaciones y desmembraciones varias.

By Nacho Cabana
Este año, el largo que más prometía en este sentido era Grace de Paul Solet. Su cartel, un biberón lleno de sangre con la tetilla puesta, y el tráiler en el que un tierno bebé le arrancaba los pezones a su madre durante su ingesta diaria prometían lo mejor. Y, aunque el espectador sensible hizo su aparición (¿será siempre el mismo?) y hubo que sacarlo de la sala, la película, siendo curiosa, no le llega a los talones de sus honorables y francesas predecesoras.

Grace es una película muy barata, con muy pocos decorados, actores, efectos especiales y, aquí viene lo grave, muy pocas líneas narrativas desarrolladas. Tiene un primer acto muy inquietante con imágenes e interpretaciones muy austeras y asépticas. Consigue dar malo rollo retratando el buen rollo de una clínica ginecológica naturista y a un bebé invadido por las moscas.
El problema empieza cuando sus responsables tienen que desarrollar ese planteamiento en un segundo acto que resulta ser casi la totalidad de la película. No queriendo optar por un camino más o menos fantástico (lo que le hubiera acercado a clásicos como la trilogía Estoy vivo de Larry Cohen) ni vampírico-psicopático (la madre podría convertirse en una asesina para poder conseguir la sangre con la que alimentar a su bebé) la película tira de una serie de elementos externos que provocan el estancamiento de la historia conduciéndola con dificultad a un final que debería haber sido el primer punto de giro de la trama.
"Una película distinta, atrevida, con un cierto toque Lynchiano que está empezando a convertirse en la comidilla de las redes sociales de internet- (Ingrid)".
Tampoco es para almas demasiado sensibles la segunda de las películas españolas a concurso, Ingrid de Eduard Cortés, el estupendo director de Otros días vendrán o La vida de nadie. Ingrid es un proyecto que nace de los videos y perfomances que su director se fue encontrando navegando por internet durante varios años. De hecho, la mayoría de sus actores (casi ninguno profesional) fueron reclutados a través de My Space y similares.

Las perfomances que aparecen en la película son reales y sus responsables también. Con todo este material, Cortés monta un universo artístico en el que introduce al espectador mediante (y éste es otro de los hallazgos de la película) el personaje de un recién divorciado (magníficamente interpretado por Eduard Farelo) que se verá obligado a recorrer por amor unos caminos que le llevan progresivamente hacia oscuros territorios sadomasoquistas. Una película distinta, atrevida, con un cierto toque Lynchiano que está empezando a convertirse en la comidilla de las redes sociales de internet.
Tetsuo 3 de Shinya Tsukamoto es una nueva vuelta de tuerca a la película que hace 20 años puso a su autor en el mapa e inauguro el concepto de "la nueva carne". No se puede hablar de secuelas en la trilogía de Tetsuo sino más bien de remakes. La segunda parte era la primera pero en color y ésta tercera es como la segunda en inglés. Lo que Tsukamoto ha ido añadiendo en las sucesivas versiones ha sido explicaciones narrativas que alejan el concepto Tetsuo de la abstracción, concretándolo en unos hechos determinados. Esta tercera parte es mejor que la segunda aunque el recurso a mover la cámara muy rápidamente y en planos muy cerrados mientras se atrona al espectador con el sonido ya no tiene la fuerza de 1989. Con todo, el metal rompiendo la carne humana y conviviendo con ella sigue siendo suficientemente impactante.

Dead Snow de Tommy Wirkola es una divertida película de zombis nazis que funciona mejor cuanto más subvierte los tópicos estadounidenses en este tipo de películas. Si habitualmente los excursionistas atacados por el psicópata o los zombis son jovenzuelos calenturientos de excursión cerca de un lago, Wirkola coloca a su elenco en un frio paisaje nevado y elige actores que están como quince años por encima de sus personajes. La película es bastante coñazo hasta que aparecen los zombis nazis, momento a partir del cual hay gags del estilo de Bad Taste y una impagable secuencia de automutilación que bien podría haber firmado el Sam Raimi de Terroríficamente muertos.
En fin, esperamos que el espectador sensible vuelva el año que viene y nos siga dando pistas de cuáles son las películas que no nos podemos perder.
18/10/2009
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