Jornada de muy buen cine en San Sebastián. En la Sección Oficial, una disparatada comedia francesa y un drama costumbrista desde Japón. En Zabaltegui, pudimos comprobar que el talento derrochado por Fernando Eimbcke en su ópera prima, no fue producto de la casualidad.
Manuel Barrero

Y llegó la comedia a la Sección Oficial. Acostumbrados ya al sufrimiento y al drama, se agradece la fresca irrupción de esta, por momentos, desternillante película. Benoit Delépine y Gustave Kervern se ponen el traje de francotiradores del humor más radical, para atreverse con casi todo.

La pareja, una especie de Trey Parker y Matt Stone a la francesa, empieza satirizando sobre la precaria situación laboral, y termina sin poner límites a sus bromas. Desde el atentado del 11-S, hasta enfermos terminales. Esta explosiva búsqueda desemboca en producto irregular, que combina momentos de genialidad con otros totalmente fallidos. Aún así, la balanza cae claramente a favor de Louise-Michel, una de las más refrescantes y atrevidas propuestas que se han presentado este año en Donostia.
Audio rueda de prensa de Louise-Michel.
Y de la comedia brutal, al contenido drama japonés. La reunión de una familia para conmemorar el 15º aniversario de la muerte del primogénito, sirve de excusa para que Kore-eda hable sobre las relaciones familiares. Rencores, desconfianzas, secretos, favoritismos y recelos; la lucha intergeneracional se hace patente en cada comentario, en cada conversación y en cada mirada. Si bien no estamos ante nada original, no queda más remedio que rendirse ante la maestría del director. Still Walking (Aruitemo, aruitemo) es todo un ejemplo de sensibilidad y delicadeza.
Audio rueda de prensa de Still Walking.

Ya en Zabaltegui, pudimos disfrutar Lake Tahoe, del mexicano Fernando Eimbcke. Con tan sólo dos películas ya podemos distinguir con claridad un estilo propio y genuino. Tras la estupenda Temporada de patos, el director confirma su enorme talento para narrar desde la nada. No es nada fácil interesar al público con las situaciones y personajes más (a priori) aburridos e insulsos. Pero hay más constantes que se repiten: una asombrosa capacidad para retratar adolescentes, la fuerza y vitalidad de sus personajes femeninos, o el gusto por contar historias que transcurren en un muy corto período de tiempo (en este caso, unas 24 horas).
En esta ocasión, además, Eimbcke introduce un elemento dramático de primera magnitud. Una muerte muy reciente, pero a la que casi no se alude directamente. Todo el film está impregnado de amargo sabor, pero el tratamiento es de una sutilidad y una naturalidad apabullantes. Lo dicho, talento a raudales, con los mínimos medios.
25/09/2008
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