Sin el glamour de otras ediciones y a la espera de la llegada mediática de Sofia Loren el viernes, la Semana Internacional de Cine de Valladolid presentó en la Sección Oficial a concurso los dos últimos trabajos de dos nombres consagrados, el asturiano Gonzalo Suárez y el hongkonés Wong Kar-wai.
Por Marcos Méndez

El primero, adoptando un tono shakesperiano para adaptar un relato de Stephan Zweig, filma una farsa coral desmelenada y llena de referencias literarias y cinematográficas sólo apta para los que gozan con el reconocimiento de su propio bagaje cultural. A Oviedo Express (así es como se llama esta rareza) le sobra ambición y le falta temple; es un filme de sinopsis imposible, con tramas multipolares y personajes extravagantes, que apunta muy alto: ¿puede el cine representar la realidad? ¿qué relación mantienen los actores con sus personajes, y éstos a su vez con el espectador?

El director de Remando al viento (1988) se arriesga con una película "de género degenerado", como él mismo la definió en la rueda de prensa posterior a la proyección, aunque algunos todavía nos preguntamos si la reflexión de fondo merece las dos horas de metraje. Las peripecias ovetenses de una compañía de teatro que llega a la ciudad para representar La Regenta colocan a Carmelo Gómez, Aitana Sánchez-Gijón, Bárbara Goenaga, Maribel Verdú, Alberto Jiménez y Najwa Nimri en una partida de ajedrez folletinesca de inspiración oriental, "de pincelada más que de argumento" (Suárez dixit), lo que algunos llamarán postmodernismo y otros pretenciosidad. Una decepción.
También en el Teatro Calderón se presentó a la prensa, en Sección Oficial a concurso, la última película de un monstruo del cine como Wong Kar-wai, ahora en tierras norteamericanas pero sin renunciar lo más mínimo a los rasgos de estilo que le han hecho célebre. No digo nada del otro mundo si me refiero al hongkonés como el cineasta asiático más importante de las últimas dos décadas, firmante de un puñado de obras maestras y renovador constante del lenguaje cinematográfico.

Su My Blueberry Nights, sin estar a la altura de sus mejores trabajos (Deseando amar, 2046), contrasta con la película de Suárez en su sensibilidad minimal y en el trabajo contenido de un reparto encabezado por Jude Law, Norah Jones, David Strathairn y Natalie Portman. La América de Kar-wai es la de los bares destartalados y los gamblers ambiciosos.
Los rostros de los protagonistas se esconden entre luces de neón, espejos deformantes y puertas entreabiertas. La cámara escruta los agujeros de un encuadre íntimo, de superficies vaporosas y miradas cómplices. Otra vez la comida toma el protagonismo con esos blueberry pies (pasteles de arándano) que invitan al placer erótico en cuerpo y alma, en diferentes estaciones y espacios. El tiempo, tema capital en toda la obra de Kar-wai, también ocupa un lugar esencial en My Blueberry Nights en tanto catalizador de las transformaciones de los personajes, cuyas emociones discurren por senderos contradictorios y luchas interiores.
28/10/07
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