Crónica Seminci 2007 (séptima) - cine | Kane 3

Crónica Seminci 2007 (séptima)

"El prado de las estrellas" de Mario Camus. © Manga Films

La 52ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid cerrará sus puertas este sábado con la proyección fuera de concurso de la última película de Ang Lee, Deseo, peligro, flamante ganadora del León de Oro en Venecia y esperadísima incursión histórico-romántica del director de Brokeback Mountain. En terreno vedado. Un día antes de la clausura, los últimos largometrajes presentados dentro y fuera de la competición no han supuesto grandes cambios en el grisáceo panorama de esta Seminci interesante y poco más.

Por Marcos Méndez

Hou Hsiao-hsien, Matías Bize, Claude Berri y Gerardo Olivares

El vuelo del globo rojo, homenaje del genial Hou Hsiao-hsien al célebre cortometraje de Albert Lamorisse (que también se proyectó en Punto de Encuentro) nos regaló un París de historias mínimas buscando la belleza en la espontaneidad de unos encuentros desnudos de nociones preexistentes. El cine de Hsiao es el de la contemplación y la indagación del espectador en los detalles más remotos de cada espacio prestando la justa atención al desarrollo del relato; por eso y por su excelsa duración tampoco se llevó una gran ovación.

"Lo bueno de llorar" de Matías Bize. © DiBa Films

Matías Bize presentó fuera de concurso Lo bueno de llorar , sobre la muerte anunciada de la relación afectiva que mantienen Vicenta N´Dongo y Álex Brendemühl. Pocos cortes y un gran trabajo de los actores en un drama que devuelve más de lo que parece, como esa Barcelona nocturna de carne y hueso. La primera escena, un plano-secuencia de varios minutos con los dos protagonistas sentados en la mesa de un restaurante, uno frente al otro sin tan siquiera mirarse, bien vale el precio de la entrada.

Por otro lado, Gerardo Olivares y Claude Berri presentaron a concurso 14 kilómetros y Juntos nada más, respectivamente, la primera un drama sobre la inmigración africana y la segunda una comedia romántica divertida a ratos y elegante casi siempre que también se llevó el aplauso del respetable.

Mario Camus y la vergüenza de cierto cine español

Hubiese sido una buena jornada en Seminci si no se hubiese proyectado a concurso la última película del inefable Mario Camus, El prado de las estrellas, protagonizada por Álvaro de Luna, Marian Aguilera, Oscar Abad, Mari González, Rodolfo Sancho, Antonio de la Torre y José Manuel Cervino. Aunque lo de protagonizado es mucho decir. Hay una cámara y en frente cuerpos hablando sin cesar a un ritmo monótono.

"14 Kilómetros" de Gerardo Olivares. © Wanda

La historia, un desvarío del antagonismo entre el campo y la ciudad, hubiese tenido cierto interés si en vez de filmarse de cualquier manera (es decir, de la peor manera) sus responsables invirtiesen algo más de tiempo en preparar la puesta en escena, buscar localizaciones adecuadas y eliminar algunas tomas que parecen falsas (sic).

Una periodista se quejaba después de la proyección de las pretensiones de Hsiao y alababa el trabajo artesanal de Camus porque, según ella, sólo pretendía entretener al respetable. La cuestión es que Hsiao puede ser pretencioso, mientras Camus jamás podría intentar superarse a sí mismo.

El prado de las estrellas viene patrocinada por una decena de organismos oficiales. Camus y su extenso reparto, presente al completo en Valladolid para la rueda de prensa posterior a la película, debería sentirse avergonzado de tirar el dinero público con un subproducto tan dañino como el que nos ocupa. El indeciso espectador que compre una entrada "por ver cómo está el cine español" es probable que se manifieste contra la concesión de dinero público a producciones patrias después de visionar este engendro irresponsable y ridículo.

"Juntos nada más" de Claude Berri. © Notro Films

Hay una breve escena en una playa que magnifica el desastre general cuando dos de los protagonistas se meten en una discusión absurda e inexplicable. La hubiesen filmado mejor los chavales de Orson the Kid, que probablemente hubiesen trabajado el dinero aportado. Algunos dirán que un servidor odia el cine español, pero esta noche voy a ver La soledad de Jaime Rosales con más ganas que ningún otro filme presentado en Seminci, con la misma fascinación que hace unas semanas sentí en La influencia de Pedro Aguilera y hace unos meses al contemplar los magníficos trabajos de Javier Rebollo o Albert Serra.

Es vergonzoso que alguien como Camus continúe haciendo cine en España recibiendo el apoyo masivo de instituciones y grandes conglomerados de comunicación. Síntoma inequívoco de la disfunción de la industria, El prado de las estrellas es lo que Erice llama películas, muy alejadas de lo que en realidad debería ser el cine.

2/11/2007

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