Seguimos en Valladolid y según pasan los días parece que la organización tiene menos meteduras de pata y que todo el mundo se ha puesto a trabajar para que esta edición del festival no termine siendo un desastre. Los fallos en la venta de entradas y en todo lo que respecta a cuidar las proyecciones se está normalizando a marchas forzadas, de todas maneras, y eso no cambia nunca, siguen con los cambios de programación de última hora que hace que las sorpresas se vayan sucediendo, y no sólo en las pantallas. La Sección Oficial va cogiendo ritmo según se desarrolla el festival.
Marcial Susmozas

The Loss of Teardrop Diamond de Jodie Markell se presentó hoy en la Seminci, una película con un guión inédito de Tennesse Williams. La trama del film se desarrolla en los años 30 en el estado de Mississipi, en los Estados Unidos, donde una rica heredera contrata a un empleado de su padre para que haga de su acompañante en las fiestas de la alta sociedad.
La película plasma el conflicto de la protagonista del relato, Fisher Willlow -una esforzada Bryce Dallas Howard- con la sociedad de la época, y su historia de amor con Jimmi Dobyne -Chris Evans- sin conseguir emocionar en ningún momento, ya que, el choque que pretende mostrar en el guión se banaliza. La asfixiante y pueblerina sociedad sureña magníficamente retratada en otras películas basadas en obras de teatro de Williams, como La gata sobre el tejado de Zinc (Cat on a Hot Tin Roof; Richard Brooks 1958 ) o Dulce pájaro de juventud (Sweet Bird of Youth; Richard Brooks 1962), está representada por un conjunto de niños ricos sin identidad que francamente no aportan nada al relato.
Mención aparte merecen los actores, sobre todo el protagonista masculino, cuya composición alcanza a situarse entre las peores interpretaciones que hemos visto en el festival.
El desaguisado se completa con ciertos efectos de iluminación de corte teatral que tienden a subrayar ciertas escenas dramáticas y que, además del poco interés que suscita por si la proyección, logran sacar la película de su contexto cinematográfico y pase a convertirse en una obra de teatro filmada.
Flammen Og Citronen de Ole Christian Madsen narra las vidas reales de dos miembros de la resistencia danesa contra los nazis que a la postre se convirtieron en héroes de su país. La producción del film es una de las más cuidadas que se han podido ver en el festival, y de hecho, la elección estética por parte del realizador del color como medio de expresión, visto los resultados, ha sido uno de los grandes aciertos de la película.
No obstante, no deja de ser otro film más sobre la resistencia europea en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, con muchos altibajos en la narración. El relato, al principio, se apoya en una voz en off del protagonista que desaparece a lo largo del metraje.
Los personajes secundarios quedan muy desdibujados, en beneficio de los dos protagonistas a los que sin embargo, nunca llegamos a comprender demasiado bien. Salvo algunos fallos en el guión con unas elipsis mal planteadas al final del metraje la película se sigue con interés.

El realizador catalán Abel García Roure presentó su ópera prima. Un documental sobre la esquizofrenia a través de la experiencia de seis personajes que coinciden en el Hospital de salud mental Parc Tlui de Sabadell. El film es sorprendente por su enfoque de la enfermedad ya que además de los testimonios de los psiquiatras que ejercen allí su profesión, incluye testimonios de los mismos enfermos que cuentan delante de la cámara sus pensamientos acerca de la vida y su aceptación de la enfermedad.
La película se desarrolla en la mayoría de su metraje en el hospital, transformándose el edificio en un personaje más, esforzándose el director en enfocar las instalaciones y los pasillos mediante luz artificial con un punto de vista, gris, triste y sombrío.
Sin embargo, una vez repuesto de la sorpresa inicial, el director se vuelve reiterativo con las propuestas planteadas al inicio, y acaba proporcionando demasiado espacio a los distintos personajes que dan más juego con su testimonio en el documental. Un resultado contraproducente para el conjunto del film, ya que se alarga en exceso el metraje hasta los 136 minutos, lo que desluce un tanto el producto final.
No obstante, y de lo que llevamos visto en el festival la propuesta española más inteligente y arriesgada. Un saludo desde Valladolid.
29/10/2008
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