Cuando hace ya casi 20 años empecé a viajar con frecuencia era relativamente difícil encontrar turistas que hicieran fotos o grabaran algo que no les incorporara a ellos mismos. La gente hacía muchas fotos primero y bastantes videos después, pero siempre pertenecían a la serie Me and The World Behind. Salvo excepciones, no existía en el común de la población occidental ninguna pretensión periodística ni documental ni artística. Sólo constatar ante los amigos y la posteridad que habían estado sobre las Torres Gemelas o ante el Taj Mahal.

Por Nacho Cabana
La popularización y mejora de los medios de registro audiovisual primero y la facilidad de subir contenidos a internet después han traído (junto a una saludable democratización de los medios de producción, edición y distribución) una saturación de personas que sienten la necesidad de grabar absolutamente todo, como si no se hubiera vivido aquello de lo que no queda registro. Pasear ahora por casi cualquier lugar del mundo supone encontrarse con cientos de personas que graban horas y horas de video y hacen miles de fotos a todo: lo que merece ser recordado y lo que no, lo que les incorpora a ellos como motivo y lo que les ignora. Palacios, mimos, cuadros, músicos, papeleras, momias, cornisas, carteles, parejas de enamorados, teléfonos públicos, aceras, obispos, nubes, kioskos de prensa, rituales animistas, atardeceres, amaneceres, guerreros, entierros, bodas, comida, carreteras, carteles, tiendas, bares, cines, teatros, barandillas, vírgenes, prostitutas, vagabundos, yonkis... Todo y todos serán antes o después grabados o fotografiados por alguien y volcados en redes sociales, blogs, páginas webs, álbumes fotográficos, etc.

De algunos de estos registros audiovisuales saldrán documentales de 1 minuto o 555, mejor o peor iluminados, grabados o editados. Ahora bien, realmente... ¿todo merece ser grabado? ¿Cualquier cosa sirve ser materia de un documental? Dicho de otra forma: ¿hasta qué punto es importante para muchos documentalistas la materia prima con la que trabajan? ¿Qué es más importante, lo grabado o la mirada proyectada sobre lo grabado? ¿Hasta qué punto los documentales no se están convirtiendo en la versión sofisticada del registrador global de imágenes?
Todas estas cuestiones me vienen a la mente viendo una selección por supuesto personal y algo aleatoria de los documentales que se están presentando estos días en la séptima edición de Documentamadrid, el único festival de cine con repercusión y entidad con que cuenta la capital de España y que este año parece haber sido víctima de una serie de recortes presupuestarios que afortunadamente no han afectado a las proyecciones si no a otros elementos por así decirlos "menores" (sólo se ha editado un libro -La casa abierta- no ha habido ceremonia de inauguración y la clausura será en un remoto centro cultural de barrio) que le han restado cierto brillo y repercusión en los medios (dos cosas de las que los documentales no andan precisamente sobrados).
Podríamos clasificar las películas vistas hasta la fecha en Documentamadrid en dos apartados. Aquellas en las que prima la materia prima (esto es, la realidad grabada) y aquellos en los que lo real no es si no una excusa para que su autor proyecte una mirada personal a menudo de más que dudoso rigor artístico. Quede claro que no es que en los primeros se renuncie a una visión determinada sobre los hechos grabados ni que en los segundos se prescinda de lo real.
Vamos con las pertenecientes al primer grupo, esto es, aquellas películas que, independientemente de su duración, nacen porque existe una realidad que justifica la necesidad de su registro y divulgación audivisual. Como siempre, de mejor a peor.

Roberto Hernández y Geoffrey Smith, México. 86´
Junto a The Cove, lo mejor que hemos visto hasta ahora. Una demostración surrealista si no fuera trágica de cómo funciona la justicia (y por añadidura la policía judicial) en México, un país aparentemente democrático en el que no existe la presunción de inocencia sino de culpabilidad, en el que en ocasiones, cuando se produce un delito, los policías detienen aleatoriamente por la calle a un ciudadano cualquiera y luego falsifican cargos y pruebas para inculparle.
Grabada por dos abogados ajenos al mundo audiovisual con la ayuda del cineasta Smith, deja que los hechos se cuenten por sí solos con concisión y contundencia. Brutal la secuencia de la boda múltiple en prisión y la respuesta de la fiscal asignada al caso al ser preguntada por qué acusa al protagonista: "Porque es mi chamba (trabajo)". Valiente y vibrante, llenó la sala en la que se proyectaba un martes por la noche. No se lo pierdan.

Louie Psihoyos, EE.UU. 92´
La película que ganó este año el Oscar y la única del certamen que tiene asegurada distribución en España. Definida muy acertadamente por un crítico estadounidense como "un cruce entre Flipper y La identidad de Bourne", The Cove podría ser la enésima denuncia de cómo el ser humano se está cargando el planeta pero en realidad es un apasionante trasvase de las claves de la estructura clásica de Hollywood al universo de la no ficción. Esto es, un documental que encuentra su sentido en la adopción en su estructura de las claves de la ficción clásica. Esto significa que la película cuenta con un protagonista con un conflicto interno y una misión con la que busca su redención, un equipo de colaboradores que le ayudarán a realizarla con éxito, unos antagonistas, un clímax...
Todos los resortes narrativos de Hollywood aplicados a la denuncia de la matanza de unos delfines en Japón. Volveremos sobre ella cuando se acerque su estreno el próximo junio, aunque los medios y la sabiduría cinematográfica con que está realizada (por cierto... ¿quién financió, no el largometraje sino toda la operación narrada en éste?) apabullan y la sitúan a años luz de la mayoría de sus competidoras y vecinas en Documenta.
Rebecca Cammisa. EE.UU., 83´
Nominado este año al Oscar como mejor largo documental, esta producción de John Malkovich para HBO cuenta la historia de varios menores centroamericanos y mexicanos que cruzan México de sur a norte a bordo de trenes de mercancías para intentar llegar a EE.UU en busca de un padre o una madre residente en la tierra prometida. Es en la edad de los protagonistas donde Cammisa juega su mejor baza, sorprende e indigna que sean a veces los propios progenitores los que pongan a sus chamacos en manos de los coyotes o polleros y les envíen solos a una aventura a la que muchos adultos no sobreviven.
Which Way Home es bastante emocionante aunque palidece cuando se la compara con Coyote de Chema Rodríguez, vista aquí el año pasado y que abordaba el mismo tema arriesgándose mucho más en la investigación de campo y no multiplicando a los protagonistas para esquivar lo difícil que es hacer un seguimiento de estos durante todo su viaje.

Fereshteh Joghataei, Irán. 32´
Este docu se inscribe en el subgénero de "pueblos a punto de ser inundados por culpa de una presa" un tema que suele fascinar a documentalistas del mundo entero por la fácil que resulta usarlo contra una forma de entender el progreso a la vez que se alaba la vida rural. La originalidad de How Green Was Our Valley es que su autora lo convierte en una película religiosa o más bien sobre qué ocurre en una situación límite cuando dios da a las plegarias de sus fieles el silencio por respuesta. Joghataei es capaz de contar la historia sin testimonios ni voz en off, sólo con imágenes y sonidos.
Puja Khoschsorur, Austria. 30´
Se basa en una grabación de audio obtenida hay que suponer clandestinamente en la que un turista sexual cuenta sus aventuras sexuales con menores a lo largo del sudeste asiático. El simple documento auditivo ya llevaría al vómito, pero además Puja lo ilustra con unas muy valientes imágenes grabadas con cámara oculta en los barrios-burdel de Phnom Penh. Hay que suponer que si los proxenetas hubieran descubierto la maniobra, ni el documental ni sus responsables estarían hoy entre nosotros. El resultado es además bastante creativo y sólo cabe achacarle que todas las imágenes están grabadas en Camboya aunque el entrevistado se refiera a otros países de la zona como Filipinas o Vietnam. El complemento ideal al libro Helado y patatas fritas de Hernán Zin.

Marc Wolfensberger, Suiza. 52´
Un ejemplo de documental poco ambicioso que muestra lo que quiere mostrar de una forma muy sencilla y cuando lo ha hecho se acaba. Mezclando imágenes de noticieros soviéticos de los años sesenta con imágenes grabadas en la actualidad, Oil Rocks da a conocer a sus espectadores la existencia de una plataforma petrolífera levanta por Stalin que en sus 300 kilómetros incorpora bloques de piso, canchas deportivas, parques... y gente que lleva toda la vida allí viendo entre petróleo en el medio del mar. Interesante y modesta.
Jawed Taiman. Afghanistan, Países Bajos y Reino Unido. 78´
Tratando determinados temas (como las enfermedades mentales o las adicciones) es muy fácil caer en la pornomiseria, esto es, en la exhibición como espectáculo de aquello que se pretende denunciar. Algunos programas televisivos de reportajes han hecho de la pornomiseria su carta de naturaleza aplaudida por espectadores que luego se rasgan las vestiduras ante la violencia ficticia.
Addicted in Afghanistan sigue a dos preadolescentes adictos a heroína en su deambular por el Kabul actual. Tanto ellos como sus padres son drogadictos. La película se plantea a partir de un proceso de rehabilitación que se revela imposible y que deja en el espectador la impresión de que la peripecia vital de los yonkis es idéntica en todo el mundo independientemente de la edad que tengan y el entorno en el que estén. Y, aunque no en todo su metraje, cae en la pornomiseria al incluir y mantener durante bastante tiempo insoportables planos de los dos chavales drogados, drogándose o con el síndrome de abstinencia.

Raquel Cors Munt, España. 52´
Si alguien editara en DVD el montaje teatral que esta temporada pasada hizo Mario Gas de La muerte de un viajante de Arthur Miller, Viatjants sería el extra perfecto. Ser testigo del trabajo de uno de los mejores directores de escena que trabajan en España con un actor tan descomunal como Jordi Boixaderas es un lujo que Cors sabe aprovechar con modestia y saber estar aunque su película queda lejos de la exhaustividad de otro documental de temática parecida que sí se estrenó en salas, Màscares.
Tiago Campos Torres y Divino Tserewahú, Brasil. 56´
He aquí un intento de investigación antropológica a partir de un ritual de iniciación femenino en una tribu indígena brasileña. Lo que podía haber sido una interesante pesquisa en busca de si realmente en una fiesta abolida por la iglesia católica de la etnia xavante, las mujeres habían de tener sexo con su cuñado para poder recibir un nuevo nombre se queda en un confuso ir y venir entre lo grabado actualmente y lo registrado en 2002 y en 1969. La incorporación de los directores al relato no aclara, sino todo lo contrario, el propósito final de la investigación que no consigue resolver el misterio planteado en el inicio.

Gustavo Vizoso Rodríguez, España. 56´
En esta película, Vizoso tiene un buen tema y un buen personaje (el último cuentacuentos de la plaza Jemaa el Fna de Marrakech) que parcialmente desaprovecha por no haber grabado (o no haber querido montar) suficiente material y no haber iluminado al menos un poco los interiores en los que entrevista a su protagonista. Bien estructurada, El último trovador se resiente de planos demasiado largos en los que demasiado a menudo no se distingue la cara del trovador.
Yerko Ravlic, Chile. 25´
Una propuesta modesta que sustituye la tentación de la pornomiseria por el sentido del humor, algo que caracterizaba a Documenta y lo diferenciaba de otros certámenes y que parece haber perdido terreno en este 2010 a favor del videoarte. Una visita a un centro del Ejército de Salvación en Valparaíso sirve a Ravlic para contraponer al encargado de la institución con sus habitantes. Una convivencia imposible y divertida por lo opuesta.

Serge Trèfaut, España y Portugal. 62´
Le pasa un poco lo mismo que al título anteriormente comentado. Cierta pereza a la hora de grabar y/o editar provoca la impresión de que el director está dejando escapar una realidad mucho más rica e interesante que la mostrada. El título se refiere al mayor cementerio de El Cairo cuyos mausoleos muchas personas han convertido en vivienda transformado el campo santo en un barrio con estafeta de correos, panadería, mercadillo...
Ahora paso al segundo grupo arriba mencionado, aquellas que nacen porque existe alguien quiere mirar y grabar esa realidad, no porque ésta tenga un interés o una entidad en sí misma. De mejor a peor.
Evgeny Solomin, Rusia. 43´
Tras la caída de la URSS, los antiguos pasaportes soviéticos hubieron de ser sustituidos por otros rusos. Un fotógrafo recorre Siberia fotografiando a los ciudadanos de tan turística zona. El documental podía haber sido interesante si su autor hubiera indagado en las vidas de los fotografiados y del fotógrafo en lugar de quedarse en lo obvio (ese plano final de los antiguos pasaportes soviéticos ardiendo clama al cielo) y en lo poco que cuentan los fotografiados a cámara. ¿O es que en realidad no había nada más que contar?

Chus Domínguez, España. 51´
Una versión inversa de Mudanza de Pere Portabella, con los planos bien compuestos y un montaje ajustado que no evitaron que durante su proyección mi cabeza fuera insistentemente asaltada por la pregunta: ¿Merece dedicar un documental de 51 minutos al montaje de una exposición de arte medieval en un museo de León?
Arturo Solís, España y Bégica. 16´
Cualquier aficionado a la fotografía sabe que los modelos más agradecidos de retratar son los niños. De título más largo que su duración, la película pretende ser un cruce entre La clase y Hoy empieza todo pero apenas atina a captar unas cuantas expresiones infantiles simpáticas.

Cécile Ravel, Francia. 22´
Al igual que ocurre con El pliegue, los festivales de videoarte y no de documentales deberían de ser los destinos naturales de propuestas como la que nos ocupa. Cécile Ravel se vio muy afectada por el cierre de las piscinas en las que se bañaba cuando era pequeña y decidió grabar en protesta a una bañista metiendo y sacando la cabeza de un cubo mientras escuchamos testimonios superpuestos de lo bien que se lo pasaban su vecinos y familia remojándose en verano. Sólo apto para vecinos de Nevers que no pueden permitirse unos días en la playa.
Paula Noya e Iván de la Torre, España. 5´
Interminable.
Orane Burri, Francia. 52´
En el punto justo de equilibrio entre ambas tendencias se sitúa Tabou de Orane Burri. En esta sobrecogedora película se recogen y editan las imágenes grabadas a modo de diario personal por un chico de veinte años llamado Thomas los meses anteriores a su suicidio.

Lo que dignifica el conjunto y provoca un terrible diálogo entre la realidad y su imagen es que la encargada de hacer la película es una de las causas aducidas por el suicida para acabar con su vida. Lejos de cualquier sentimentalismo y de la pornomiseria (se escatiman, acertadamente, las imágenes del suicidio de Thomas) Onane Burri hace, como en cierta forma Ric O.Barry, el protagonista de The Cove, del acto de documentar un acto de contricción y penitencia por un error del pasado. Si en el alegato prodelfines es por haber provocado indirectamente la captura y matanza de delfines, en Tabou es por haberle negado el amor y la amistad al futuro suicida. Brillante, modesta, emotiva y terrible.
13/05/2010
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