Adaptación del clásico infantil ilustrado Donde viven los monstruos (1963) de Maurice Sendak. Max, un niño desobediente con mucha imaginación crea su propio mundo. Cuando una noche es castigado a irse a la cama sin cenar, comienza su aventura. Max huye de su casa, no para de correr, encuentra una barca y aterriza en una isla donde se encuentra con misteriosas criaturas extrañas cuyas emociones son tan salvajes e imprevisibles como sus acciones.
Los monstruos desean desesperadamente tener un líder para guiarles, igual que Max anhela un reino en el que reinar. Cuando coronan a Max, éste promete crear un lugar en el que todo el mundo sea feliz. Pronto descubrirá que no es tan fácil mientras establece una intensa amistad con Carol (James Gandolfini).
Dirige Spike Jonze (El ladrón de orquídeas, 2002; Cómo ser John Malkovich, 1999).
| Max Records | Max |
| Forest Whitaker | Monstruo (voz) |
| James Gandolfini | Carol (voz) |
| Catherine O´Hara | Judith (voz) |
| Paul Dano | Alexander (voz) |
| Lauren Ambrose | KW (voz) |
| Catherine Keener | Connie |
| Dirección | Spike Jonze |
| Basado en la novela homónima de Maurice Sendak | Spike Jonze y Dave Eggers |
| Producción | John B. Carls, Gary Goetzman, Tom Hanks, Vincent Landay y Maurice Sendak |
| Producción Ejecutiva | Jon Jashni, Scott Mednick y Thomas Tull |
| Fotografía | Carter Burwell |
| Montaje | James Haygood y Eric Zumbrunnen |
| Música | Carter Burwell |

Manuel Barrero
Hasta los más acérrimos detractores de Spike Jonze deberán reconocer, sin ninguna duda, el portentoso poderío visual de sus obras. Tres películas e infinidad de vídeos musicales son la prueba fehaciente de ello. Jonze posee eso que sólo unos pocos consiguen tener: una voz propia, un estilo reconocible y particular. Y ante ello, no queda otra cosa que descubrirse.

También es cierto que se le puede acusar, y no sin cierta razón, de que el formato largometraje le quede algo grande. Y es que esa descomunal fuerza con las que suelen arrancar sus obras cinematográficas suelen diluirse con el transcurso de los minutos. Pero claro, tampoco es fácil mantener el nivel de algunos de los comienzos más memorables del cine reciente, como son los de Cómo ser John Malkovich o Adaptation.
Así ocurre también con Donde viven los monstruos, cuya media hora inicial golpea con brutalidad. Descarnada y violenta, a la vez que repleta de miedos y sentimientos encontrados. Uno de los retratos sobre la infancia menos condescendientes y más complejos que hayamos visto en la gran pantalla. El director consigue plasmar toda la rabia y la vulnerabilidad de una infancia complicada, y de un infante desconcertado e irritante.

Una ambiciosa empresa que se vuelve aún más arriesgada cuando aparecen las criaturas salvajes a las que se enfrenta el protagonista. Los monstruos internos que anidan en el desquiciado niño se hacen realidad en un mundo creado para trasladar en imágenes ese conflicto interno.
Un propósito de gran envergadura. Y es que el camino que emprende Max es largo y difícil. Un recorrido demasiado grande y complejo para ser tratado en tan poco tiempo. La hora de metraje se antoja corta para tamaña evolución. Y, sin embargo, también puede quedar cierta sensación de aventura alargada de manera algo cansina. Ahí está el principal problema del film.
Y es que no siempre sale airoso el director en la dificultosa tarea de humanizar a estas criaturas. Al final, toda la enjundia está en su relación con Carol, el álter ego de Max. Ese enfrentamiento consigo mismo es al que Jonze saca mayor partido. El resto de monstruos no pasa de una pintoresca galería de secundarios, casi anecdóticos. Desde luego, sin la suficiente fuerza.
"Uno de los retratos sobre la infancia menos condescendientes y más complejos que hayamos visto en la gran pantalla. El director consigue plasmar toda la rabia y la vulnerabilidad de una infancia complicada."

Una película que combina momentos de enorme belleza con otros totalmente fallidos, pero en la que hay que reconocerle al director el cuidado con el que están elegidos cada uno de los elementos que forman parte de ella. Desde la técnica usada para que los monstruos resulten tan reales como fantásticos, hasta la creación de una banda sonora maravillosa.
Llena de altibajos, y sin alcanzar todas las metas que se propone. Así es Donde viven los monstruos, una película que mira muy alto, y que se queda a mitad de camino. Pero hay que agradecer a Jonze las ganas de inventar, la inquebrantable voluntad de hacer una película grande. Y por esa mirada hacia la infancia tan respetuosa y comprensiva. El viaje, merece la pena.
29/12/2009
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