"Cuando estoy en racha me siento como un jinete en su caballo, con todo ese poder y velocidad. Es una sensación realmente fantástica, cuando lo haces bien y lo sabes. De pronto, noto aceite en el brazo. El taco de billar forma parte de mí. El taco de billar tiene nervios. Es un trozo de madera con nervios. Sientes las bolas rodar. No tienes que mirar, simplemente lo sabes. Haces jugadas que nunca antes se habían hecho. Y juegas al billar como nunca antes se había jugado". - Eddie Felson.
"No eres un perdedor, Eddie. Algunos hombres nunca se sienten así por nada". - Sarah Packard.

Ana Sanz Crespo
Conozco a mucha gente que no duda en afirmar que su película favorita no es El Padrino o Ciudadano Kane. Es El buscavidas (The Hustler, 1961) [1], dirigida por Robert Rossen y basada en la novela homónima de Walter Tevis con guión del propio Rossen y Sidney Carroll.
Son profesionales o jugadores de billar (y de otros menesteres).
Otros, que han agarrado un taco de billar para pasar el rato, también la catalogan como obra maestra.

El director Robert Rossen sentía atracción por el tema ya que parte de su juventud la pasó en las salas de billar de los barrios más pobres de Nueva York. En 1936 escribió una pieza teatral titulada Cornet Pocket donde los personajes se reunían en unos billares. A Walter Tevis también le picó el bicho de este juego (para muchos deporte, llevan tiempo peleando para que pueda ser olímpico) obligado a trabajar en unos billares mientras finalizaba sus estudios en el Reino Unido. El billar profesional fue el tema con el que comenzó su andadura como novelista (The Hustler, 1959) y con el que finalizó su vida y su obra (The Color of Money, 1984).
El buscavidas plantea una cuestión: ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para conseguir el triunfo (ganar)? Robert Rossen evidencia la pérdida de la voluntad del invididuo, consecuencia de la ambición por el éxito, como característica esencial del American Way of Life, un tema recurrente en su filmografía (Cuerpo y alma; Body and Soul, 1947), El político; All The King´s Men, 1949).
No olvidemos que durante el macartismo y su caza de brujas, el director neoyorquino reconoció, en 1953, ante el Comité de Actividades Antiamericanas, el nombre de varios de sus compañeros pertenecientes al partido comunista. Después de este episodio, Rossen jamás se desprendió de un profundo sentimiento de culpa. Eddie Felson, tampoco.

Como si de un western se tratase, antes de los créditos iniciales (con la oposición de los estudios ante este montaje cuya práctica era poco habitual), es magistralmente presentado Eddie el Relámpago Felson-Paul Newman: timador, tramposo, buscavidas profesional que llega a la ciudad con su socio Charlie (Myron McCornick) y su taco-rifle, dispuesto a timar al pardillo de turno. Eso sí, antes pide en la barra su whisky favorito, el ya clásico J.T.S. Brown.
Y comienza el espectáculo.
Pero hablemos de billar.
El arranque y el cierre del filme lo ocupan dos partidas que transcurren en los Ames Billiards (calle 47 de N.Y.), sin embargo, en la novela de W. Tevis acontecerán en los Bennington´s (homenaje a la Bensinger´s Billiards Academy de Chicago). La primera media hora del film está dedicada al juego con más suspense de la historia del cine rodada en Cinemascope: las 25 horas de duelo entre Eddie Felson y el Gordo de Minnesota.

Pero, ¿Paul Newman y Jackie Gleason sabían jugar al billar?
El primero no, el segundo sí (y de escándalo).
Newman recibió clases de Willie Mosconi, el mejor jugador de la liga estadounidense de billar, ganador del Campeonato Mundial en 15 ocasiones. Mosconi, que en la película es el depositario del dinero de las apuestas y espectador en las partidas, se convirtió en el asesor técnico de El buscavidas. Durante una de sus exhibiciones (encontramos en el film un cartel descolorido de una de ellas) batió el siguiente récord: metió en las troneras ¡526 bolas consecutivas!
Cuentan que Jackie Gleason y Willie Mosconi (sin desvelar su identidad) jugaron una partida de billar. Al finalizar, Mosconi le comentó a Robert Rossen que ya sabía qué actor encajaba a la perfección en el papel del Gordo de Minnesota. Menos mal que el actor que tenía en mente Mosconi para encarnar a Eddie Felson (su amigo Frank Sinatra) no coincidía con el de Rossen. ¿Se imaginan a Eddie Felson interpretado por otro actor que no fuese Paul Newman? Por cierto, todos los años, en diciembre, se juega la Mosconi Cup en Las Vegas (en internet, como no, se abren las apuestas), competición que disputan los Estados Unidos contra Europa.
Willie Mosconi falleció en 1993 de un infarto.

Sigamos con Jackie Gleason, imbatible, elegante, con un clavel rojo en el ojal (aportación suya, era una tradición en Brooklyn en el Día de la Madre) y su anillo de diamantes. "Ver jugar al Gordo es una maravilla"-comenta Eddie embobado, "parece que baila, que tocase un violín con sus dedos". Después del estreno de la película un jugador profesional de la época, Rudolph Walter Wanderone Jr. pasó a llamarse "Minnesota Fats", llegó a declarar que el personaje de Gleason estaba basado en él, Walter Tevis no tardó en desmentirlo, años más tarde lo hizo el propio Jackie.
Volvamos a la partida del principio. ¿A qué se juega en esta película? Al 14.1 Continuo (Straight Pool). Cada jugador debe meter 14 de las 15 bolas (cantando la tronera a la que van y en cualquier orden) una después de la otra, cuando queda una sola bola se para el juego, se reponen las 14 bolas en la mesa y se continúa. Se anota un punto por bola metida.

La forma en la que están rodadas las 25 horas de juego es de un virtuosismo abrumador: la luz, la puesta en escena, las elipsis, las miradas, las extraordinarias jugadas con la cámara colocada en el mejor sitio, los evidentes estados de ánimo de los personajes... Y cómo Eddie pierde los 18.000 dólares, que ya tenía en su bolsillo, por beber, y cómo el Gordo le demuestra por qué nadie le ha ganado en 15 años (es el poder establecido).
Nos hemos dejado a dos personajes clave de El buscavidas, Bert Gordon (George C. Scott) y Sarah Packard (Piper Laurie) [2].

Bert Gordon, es el que cubre, el que tiene la pasta, el que te reboza eso de "si quieres ganar, me necesitas". Un personaje sin alma, siempre de negro, con mirada impertinente y sonrisa cínica, que juega al póquer y sólo bebe leche cuando está sentado en la mesa de juego.
Bert será el alter ego de Eddie/Newman en El color del dinero de la que hablaremos más tarde.
Él sabe cuál es el punto débil de Eddie al dejar escapar al Gordo.
"Tener talento no es suficiente, también es carácter (...) Eddie, has nacido para perder. Claro, te emborrachaste, tenías el mejor pretexto del mundo para perder, no importa perder con una buena excusa. Pero ganar, resulta a veces como una carga, pesa mucho, es un fardo del que puedes deshacerte con una excusa, lo único que puedes hacer es compadecerte a ti mismo, es uno de los mejores deportes, sentir compasión de uno mismo, un deporte que gusta a todos, especialmente a los fracasados".

Una de las escenas más bellas de la película no transcurre en los billares, sino en una estación de autobuses, donde Eddie conoce a Sarah. Los dos están solos y comparten una botella de whisky. La obsesión por la revancha, el dinero (conseguirlo trabajando no pasa por su cerebro, claro) y todos los pájaros que le ha metido Bert en la cabeza provocarán un desenlace previsible en el mundo del juego. Ella, coja, alcohólica, aspirante a escritora, es el lado sensible y frágil, los dos juntos podrían salir de su infierno personal. Piper Laurie realiza unos de los personajes femeninos mejor construidos de la historia del cine.
No desvelaré el final por si existe alguna alma cándida e inconsciente que todavía no haya visto la película, es simplemente brillante. Eddie ya no es el mismo.

"El 9 Ball es el más característico de los juegos de billar americanos. Los dos jugadores juegan con las mismas bolas numeradas del 1 al 9 que han de introducir por orden en las troneras. Cuando un jugador falla o comete una falta el otro continúa la jugada. La única bola que puntúa es la número 9. Un jugador puede hacer 8 jugadas perfectas seguidas, fallar en la novena y perder. También puede meter la número 9 en la tacada de salida y ganar. Por eso se dice que la suerte es un factor decisivo en el 9 Ball, aunque para algunos jugadores la suerte es un arte". -Así comienza Martin Scorsese El color del dinero (The Color of Money, 1986), narrando él mismo las reglas del juego más popular en EE.UU. [3].
Fue Paul Newman quien llamó a Scorsese para dirigir esta película: Eddie Felson 25 años después, ahora convertido en el Bert Gordon de El buscavidas. Eddie se ha metamorfoseado en todo lo que odiaba en su pasado, hasta que un día fija su mirada en el cañonazo de Vincent.
Al joven Tom Cruise le ofrecieron el papel antes del boom que generaría Top Gun, tenía 24 años. Paul Newman en El buscavidas, había cumplido los 35. Cruise, ya sabía jugar al billar americano pero necesitó del asesoramiento técnico de Mike Sigel para hacer creibles las improbables (pero vistosas) jugadas que aparecen en la película.

En una entrevista realizada por Michael Henry y publicada en el número 313 de la revista Positif (marzo, 1987), Scorsese sentencia: "Admiro mucho la tentativa de Rossen: la película es magnífica visualmente, pero los largos discursos de los personajes, los juicios morales que continuamente hacen sobre sus actos, me parecían desfasados. Ése no es realmente el estilo de los jugadores de billar, por lo menos en nuestra época". Bueno, ahí están las dos películas, juzguen cómo las ha tratado la historia del cine o cuál prefieren ver esta noche.
Efectivamente, el tratamiento de los personajes de Rossen y de Scorsese no tiene nada que ver, en El color del dinero son esquemáticos. Eddie ahora es el padre-maestro que decide apostar por el inmaduro diamante en bruto, y en ocasiones imbécil, Vincent Lauria (bien lo refleja la escena en la que se marca un baile con el Werewolves of London de Warren Zevon mientras muestra como un pavo real su juego o cuando le sugiere a John Turturro que jueguen sin dinero de por medio ¿?). Y el personaje femenino protagonizado por Mary Elizabeth Mastrantonio, Carmen, del que sólo conocemos que es una mujer obsesionada por el dinero.

Y nuevamente nos topamos con el triángulo de El buscavidas cuando los tres personajes emprenden el viaje a Atlantic City.
Pero, ¿qué as en la manga tiene Eddie Felson para que Vincent acepte ir a pelar al personal durante seis semanas antes del campeonato de billar?
Le regala su taco: un George Balabushka, que obviamente no podrá utilizar en su aprendizaje de perder (hacer ver a los demás que no eres bueno) para luego desplumarles, con el teatrillo de los dos hermanos y un extraño incorporado.
A Scorsese no le apasionaba el billar. Los ángulos de cámara (dentro de las troneras), los travellings circulares alrededor de los jugadores, ruidos estridentes, es todo muy espectacular, en ocasiones con estética de videoclip, pero nada más. El billar no es una metáfora de nada. Aquí el objetivo es la pasta -"el dinero del juego sabe 100 veces mejor que el ganado. Para ganar hace falta una cabeza lúcida y un par de huevos, y a ti te sobran huevos"- le asegura Eddie a Vincent.

Lo realmente trascendental para el espectador es el regreso de un Eddie Felson (con su mítico "I´m Back") que parece haber pagado con creces su pasado autodestructivo. Ahora, además, necesita gafas.
Hay varias secuencias con guiños a los jugadores profesionales, destaco dos, tal vez las más insulsas: cuando Eddie Felson se inscribe en el campeonato 9 Ball Classic y va a ojear la sala que es un templo, con su cúpula y su altar (es lo primero que hacen los fieles del billar); y cuando gana en los cuartos de final: sale de la sala, dirige sus pasos a la calle, sale al exterior, pega un grito y vuelve a entrar.
Es curioso, una sórdida (o no) sala de billar tiene algo mágico, allí puede brillar un solitario inadaptado de la vida "real". Cuando se deja caer a las dos de la mañana y monta el taco, se crea un corrillo de asiduos y mirones a su alrededor. Y entonces, mientras juega se siente como Eddie Felson. Es real. El tiempo se detiene y lo demás no existe. Pero no nos engañemos, una parte del mundo "exterior" piensa lo mismo que lo que Piper Laurie escribe en el espejo del baño con su barra de labios: "pervertidos, retorcidos, enfermos".

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