Eduardo Torres Dulce: "De originalidad y provocación estética está lleno el cementerio del cine" - cine | Kane 3

Eduardo Torres Dulce: "De originalidad y provocación estética está lleno el cementerio del cine"

Para quien haya sido seguidor del programa televisivo ¡Qué grande es el cine!, es fácil recordar las cualidades oratorias, la cultura cinematográfica y, sobre todo, la agudeza analítica de Eduardo Torres Dulce, que lleva ejerciendo la crítica cinematográfica desde hace 30 años. Su cinefilia ha quedado impresa en revistas como Telva, El Semanal, Cinerama, Nickel Odeon, y ahora, en Expansión y La Clave. En la actualidad, y en compañía de Ana Bermejillo, Luis Herrero y José Luis Garci, forma parte del equipo de Cowboys de medianoche, el programa radiofónico de la Cadena Cope que tantos admiradores sigue acaparando en la madrugada del viernes. Aunque su contenido sea principalmente cinematográfico, por Cowboys de medianoche se deslizan otros temas como la literatura, la música, los deportes... y la ciudad de Nueva York como telón de fondo.

Por José Antonio Planes Pedreño

Matrix (1999)
Matrix (Andy y Larry Wachowski,1999)

―¿Qué tal está resultando la aventura de Cowboys de medianoche?, ¿podría contarnos el origen del programa?

―La idea surgió como consecuencia del programa La Mañana, cuando en su momento lo dirigía Luis Herrero. Teníamos una sección que consistía en una tertulia de temas cinematográficos y literarios en la que coincidíamos el propio Luis Herrero, José Luis Garci y yo; y que terminó cuando Luis Herrero abandonó La Mañana. Disponía de menos tiempo para dedicar a la radio, ya que empezó su carrera como eurodiputado. Lo que sí tenía cabida era un programa más extenso, pero con el mismo formato: una tertulia distendida en donde se hablara de cine, aunque lo cierto es que hablamos de otras cosas, como de literatura, teatro, deportes, fútbol (que nos gusta mucho a los tres). Así surgió la idea. ¡Y ahí estamos! Por lo que nos dicen, con buenos índices de audiencia a esa hora tan "desusada" de la madrugada del viernes.

―Es fiscal de profesión, ¿cómo ha compaginado su cinefilia con su trabajo diario?

―Yo diría que es incluso anterior, porque yo comencé a escribir de cine en la revista del Colegio Maravillas de la Salle, en Madrid; y luego, posteriormente, en una revista que tenían los antiguos alumnos. También dirigí el cineclub de mi colegio y el de los antiguos alumnos, y colaboré en algunos fanzines y otras revistas universitarias. A mitad de los años setenta había una gran pasión por el cine en España, al hilo de revistas como Film Ideal o Nuestro Cine, con muchos cineclubs y cine forums. Empecé a escribir y luego se convirtió en una cadena que me fue arrastrando con el paso del tiempo.

―Al enfrentarse a las películas, ¿en qué elementos se suele fijar con más atención?

―Son valoraciones de tipo global, es decir, te fijas en un todo. Yo creo que la obligación de un crítico es dar una impresión subjetiva con los materiales más objetivos posibles. Hay que ser justo y honrado con la película; no hay intentar ver la que tú habrías hecho o la que habrías querido ver, sino aquella que te ofrecen, valorando, además, la perspectiva que adoptan el director, el productor y el guionista y las posibilidades que encierra la película, tanto positiva como negativamente. De ahí que en algunos casos tengas que resaltar que la puesta en escena es muy superior al guión o a la interpretación; o en otros casos, que esos aspectos están más o menos conjuntados. Depende de las circunstancias.

"Siempre he estado bastante alejado del mundo de los festivales, que, con todo el respeto, presentan una artificiosidad ciertamente notable."

300 (Zack Snyder, 2006)
300 (Zack Snyder, 2006)

―¿Cuáles diría que son las claves para valorar adecuadamente una película y evitar caer en subjetivismos?

―El subjetivismo es muy difícil de dejar al lado, evidentemente. Yo creo que quien lee una crítica es consciente de que está leyendo una opinión; una opinión avalada por una serie de circunstancias, lo cuál no quiere decir que no deje de ser una opinión, por tanto, valorable como tal. Ahora, ¿dónde queda el posible subjetivismo? Lo fundamental es la objetividad de la mirada: aceptar lo que la película te propone, y luego intentar verla como un equilibrio: todos los elementos que la integran, para que lleguen a cierta armonía, tienen que estar equilibrados. Evidentemente, hay películas en las que la interpretación ha acabado guiando la película; en otras es el virtuosismo de la puesta en escena; en otras, la potencia dramática del guión y, a veces, cuando se produce esa armonía, tenemos eso que llamamos obra maestra o, simplemente, una película estupenda.

Matrix Revolutions (Andy y Larry Wachowski, 2003)
Matrix Revolutions (Andy y Larry Wachowski, 2003)

―En la actualidad, nos encontramos con películas muy cercanas a otros lenguajes como el videojuego o el cómic, como es el caso de Resident Evil (Paul Anderson, 2002) o 300 (Zack Snyder, 2007). Sin embargo, tanto José Luis Garci como usted se muestran escépticos con estas y otras producciones porque creen que dejan de ser cine y se acercan más al producto audiovisual.

―Bueno, cada espectador tiene sus propios gustos. Yo, por ejemplo, reconozco cierto distanciamiento con las películas de ciencia ficción y de terror; no son mis géneros favoritos. Y, luego, qué duda cabe, existe cierto sesgo generacional inevitable. Nosotros pasamos del cine clásico al neorrealismo y a la nouvelle vague. Nos molestó muchísimo el cine que pensábamos que era muy coyuntural, excesivamente hipermodernista, el de los años sesenta; y ahí están muchas películas que no han resistido el paso del tiempo. El cine que toma elementos del cómic y videojuegos empieza a alejarse de lo que ha sido el cine hasta ahora mismo, lo que no significa, insisto, en que sea ni mejor ni peor. Para mí, la trilogía de Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999) es una concepción del cine completamente distinta. La primera entrega soy capaz de apreciarla, pero la segunda y la tercera me es imposible; y fíjate que subrayo que soy incapaz de apreciarlas, sencillamente porque yo ni me he educado en esa cultura ni me gustan los videojuegos. De la misma manera, puedo juzgar 300 como lo que es, un super tebeo, pero de modo alguno tengo los instrumentos, las herramientas y la vinculación afectiva y educativa para una película que utiliza cine y, además, otras modalidades. Creo que ahí influye el aspecto generacional. Estas concepciones cinematográficas empiezan a aproximarse a lo que hoy se llama "lo audiovisual" más que al fenómeno cinematográfico en sí mismo. Reconozco que 300 es una película que me dejó indiferente, pero a lo mejor la próxima adaptación de cómic me parece estupenda. La evolución del cine hacia lo audiovisual o hacia lo que sea es algo que no me gustaría perderme.

"Es evidente que un director como Hitchcock estaría feliz en este momento porque el cine le ofrecería enormes posibilidades que antes no tenía."

Master and Commander (Peter Weir, 2003)
Master and Commander (Peter Weir, 2003)

―Recientemente, en Cowboys de medianoche hablaban de la pérdida de espectadores de las salas de exhibición y, además, que las grandes pantallas se están sustituyendo por pantallas de ordenador y televisión más sofisticadas. Estos cambios tan drásticos en la recepción, ¿de qué forma inciden en la concepción tradicional del cine?

―Lo que pensábamos, sobre todo José Luis (Garci) y yo, es que ésa es la perspectiva del futuro, es decir, si tú concibes una película para que se vea en una pantalla de ordenador, antes o después la vas a concebir con ideas completamente diferentes a las de una pantalla de cine. Además, la mayor parte de los realizadores actuales no se han formado viendo películas en el cine; las ven en su casa, en DVD. Y estamos hablando de gente que se dedica al cine y que tiene una perspectiva cinematográfica estupenda. Sin duda eso va a cambiar radicalmente las cosas. Sin embargo, dudo de que antes o después una película como Titanic (James Cameron, 1997) o Master and Commander: Al otro lado del mundo (Peter Weir, 2003) pueda ser concebida para verse en una pantalla de ordenador. Aun así, esto cambiará inevitablemente, y acabará influyendo antes o después; de igual forma que en la puesta en escena influirán, a veces positivamente, otras negativamente, las inmensas posibilidades de manipulación de imagen. Es evidente que un director como Alfred Hitchcock estaría feliz en este momento porque el cine le ofrecería ahora enormes posibilidades que antes no tenía, por citar el ejemplo de un cineasta clásico.

Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)
Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)

―Precisamente, por esas reticencias que ha manifestado antes hacia los autores hipermodernos, ¿es por lo que en Cowboys de medianoche no se citan casi nunca los trabajos de los directores de festival, es decir, de gente como David Lynch, Theo Angelopoulos, Lars Von Trier, etc.?

―Yo veo alrededor de 150 películas al año, por tanto, veo casi todo el cine que se proyecta en los festivales y en las pantallas. Lars Von Trier no me gusta, es cierto, pero veo todas sus películas. Y con David Lynch, tres cuartas partes de lo mismo. Lo que sucede es que Cowboys de medianoche es una tertulia entre amigos, y entre amigos normalmente se habla de lo que normalmente nos gusta, de lo que nos sentimos más próximos. No obstante, yo siempre he estado bastante alejado del mundo de los festivales, que, con todo el respeto, presentan una artificiosidad ciertamente notable. Por ejemplo, me parece que el Festival de Cannes debería reunir lo mejor de la producción mundial universal, sea comercial o no sea comercial. Que, en su momento, el Festival de San Sebastián no premiara a Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), que estaba incluida en la competición, me parece un baldón para un festival europeo tan importante. Yo he asistido a películas extraordinarias en festivales que fueron ignoradas, en algunos casos por razones ideológicas; en otros, por no ser un ejercicio de provocación estética u originalidad; pero es que de provocación estética y originalidad está lleno el cementerio del cine. Si a algún crítico de turno le preguntas por la película que alabó como obra maestra en tal festival de hace cuatro años, quizá ni se acuerde. El mundo de los festivales, a los que he asistido durante 15 años, es un mundo muy artificial; es un mundo de exhibición y tendencias estéticas, y lo mismo sucede con revistas de cine como Cahiers du cinema y Positif. Yo soy suscriptor de las dos y las leo con agrado todos los meses, pero el canon que proponen es muy poco variable; es un canon en el que, en general, las películas envejecen mal.

"Hay films que se ven desde un reclinatorio porque es difícil ponerlos mal, sobre todo algunas películas españolas."

Memorias de África (Sidney Pollack, 1985)
Memorias de África (Sidney Pollack, 1985)

―Con lo que me explica, ahora entiendo mucho mejor por qué defendió El buen pastor (Robert de Niro, 2007) como una de las mejores películas del año, y por qué mostró su resignación por su escasa presencia en festivales de prestigio, aunque en el último Festival de Cannes se alzara con el premio a la Mejor Interpretación para todo el reparto.

―¡Claro! ¡Pero es que es algo que me lleva sucediendo toda la vida! En los años sesenta, Fernando Méndez Leite, Miguel Rubio y Miguel Marías alababan las películas de Alfred Hitchcock, de John Ford, Raoul Walsh... mientras que el resto de la crítica se dedicaba a

El buen pastor (Robert De Niro, 2006)
El buen pastor (Robert De Niro, 2006)

hablar de Glauber Rocha, de cuyas películas podemos decir que, con todo el respeto del mundo, su interés actual es de índole absolutamente arqueológico. Sin embargo, ahí están los últimos films de Hitchcock, Ford o Walsh, aunque no sean los mejores de su carrera. Es difícil ser objetivo si vas a ver una película pensando que su director es un fascista, de la misma manera que si no vas ver un largometraje moderno por el simple hecho de serlo. Ahora mismo casi todo el mundo considera un clásico Memorias de África (Sydney Pollack, 1985). Sin embargo, hubo muchísimos críticos que le pusieron pegas en el momento de su estreno; una película "ornamental", dijeron. Pero el tiempo siempre acaba colocando las cosas en su sitio. Me llama mucho la atención cuando leo las listas de las mejores películas del año elaboradas por los críticos. Descubres una extraordinaria coincidencia entre ellos, no ya españoles, sino franceses, ingleses, norteamericanos... En cambio, si recuperáramos las listas de las mejores películas de los críticos españoles de, por ejemplo, el año 1987/88, y citáramos algunas de ellas, te puedo asegurar que pasaríamos vergüenza.

Luz de domingo (José Luis Garci, 2007)
Luz de domingo (José Luis Garci, 2007)

― También quería que hablásemos de la última película de José Luis Garci, Luz de domingo (2007). Aunque reconozco que las inmediatamente anteriores no me habían interesado demasiado, creo que ésta es película muy interesante, en parte, por su extraordinario tempo narrativo. Sin embargo, las críticas que ha recibido en las dos revistas de cine más importantes de España han sido furibundas. Los argumentos que han esgrimido han sido los de siempre: la reutilización del lenguaje de cine clásico y la readaptación de un género en particular, el melodrama. Me da la impresión de que muchas veces se miden las cosas con diferente rasero. Lejos del cielo (Todd Haynes,

Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002)
Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002)

2002) es una película con unas características formales parecidas y, sin embargo, fue saludada en España como una obra maestra, ¿por qué cree que sucede esto?

―Coincido totalmente contigo. Creo que Ninette (2005) es una obra muy discutible, e Historia de un beso (2002) también; pero creo que Luz de domingo es lo que tú dices: una película interesantísima por muchos conceptos. Y, efectivamente, no sé por qué hay esa parcialidad al juzgar ciertas cosas. Para algunos, si se hace cine clásico es estupendo; para otros, todo lo contrario. Seguramente, pasarán años y se harán monografías sobre Garci, como le sucedió a Edgard Neville, despreciado por la crítica española en su momento y ahora considerado un maestro. Por tanto, nunca se sabe bien lo que sucederá. Creo que hay demasiados prejuicios a la hora de ver las películas. Hay films que se ven desde un reclinatorio porque es difícil ponerlos mal, sobre todo con algunas películas españolas, mientras que con otras pasa lo contrario. Además, José Luis Garci se vio envuelto (aunque no por él) en unas circunstancias polémicas y se le pasa factura. Te puede gustar más o menos, pero, por ejemplo, las cosas que se han llegado a decir de Tiovivo c. 1950 (2004) me parecen muy injustas. Sacar esas visceralidades no me parece lógico. José Luis hace el cine que quiere, de la misma manera que Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba y Carlos Saura hacen el cine que quieren.

―Para satisfacer la curiosidad de los oyentes de Cowboys de medianoche, ¿van a reeditar por fin su libro Armas, mujeres y relojos suizos, ese título que tantísimo se le resiste al director del programa, Luis Herrero?

―(Risas). Pues la verdad es que hace poco estuve cenando con Conchita Campmany (viuda de Jaime Campmany) y me dijo que no tenía un ejemplar. Yo estaba completamente seguro de haberle regalado uno con una dedicatoria a Jaime, pero claro, con una biblioteca tan prodigiosa como la que tiene es difícil de controlar. Le pedí entonces un ejemplar a la editorial, pero ya no quedaba ninguno, con lo cuál, José Luis me ha dicho que lo va a reeditar. Sería la cuarta edición. Bueno, pues ojalá lo hagan por las personas que no lo han leído y que les apetece leerlo, y también para algunos amigos a los que me encantaría regalárselo. ¡A los amigos hay que regalarles lo que escribimos!

―Ya por último, y para contagiarnos del ambiente futbolístico, además del cinéfilo, que también se respira en Cowboys de medianoche, ¿le pronostica algo positivo al Atlético de Madrid en esta temporada? Porque, ¡le tengo que reconocer que soy colchonero!

―(Risas). Pues yo que soy del Real Madrid, como sabes, no solamente no soy anti-atlético sino que mi segundo equipo español siempre ha sido el Atlético de Madrid. Después del Madrid, yo siempre le he deseado lo mejor, ya que tengo muchos amigos que lo son y conozco a jugadores, técnicos y directivos que han pertenecido. Además, admiro la pasión que todos ellos sienten por ese equipo, por cómo siempre están a su lado incluso en el "infierno" de la Segunda División. Yo creo que tienen un equipo mejor que el del año pasado, no tan bueno quizá como ellos pensaban, con algunos problemas, pero con una base más que suficiente para hacer una campaña estupenda, y ojalá el Atleti vuelva a estar el año que viene en Europa, ¡eso sería extraordinario!

08/02/2008

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