El cielo, la tierra y la lluvia

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Sinopsis

Un silencio otoñal y agreste envuelve la vida de cuatro habitantes de una pequeña isla en el sur de Chile. Ana trabaja en una pequeña tienda y cuida de su madre postrada en la cama. Verónica, su amiga, parece segura de si misma e independiente. Marta tiene una enfermedad mental y vive con su hermano boxeador.

A través de Verónica, Ana comenzará a trabajar, realizando las tareas domésticas, en casa de Toro, un hombre que vive aislado por voluntad propia. Los cuatro comparten un imponente espacio físico que huele a hojas secas y tierra mojada.
Sus vidas transcurren mientras caminan por el campo, comparten trayectos en coche o se desplazan en el transbordador que conecta la isla al continente. La soledad se impone como un elemento más del paisaje mientras algo humano se atisba cuando sus caminos se entrecruzan.

  • País:Chile/Francia/Alemania
  • Año:2008
  • Estreno:Pendiente
  • Duración:1h.51min.

Intérpretes

Julieta Figueroa
Angelica Riquelme
Ignacio Agüero
Samuel González

Ficha Técnica

Dirección y guión José Luis Torres Leiva
Producción Ejecutiva Bruno Bettati
Fotografía Inti Briones
Dirección Artística Verónica Astudillo
Montaje Ilán Stehberg y José Luis Torres Leiva
Sonido Ernesto Trujillo

Crítica

El moho, el hueco, la autómata

Francisco Algarín Navarro

Desde hace unos años, nos llegaban noticias desde las revistas chilenas del resurgir de un nuevo movimiento de cineastas en el país, entre los cuales destacaba el nombre de José Luis Torres Leiva. Queríamos conocer cuál era el estado del cine en Chile y cómo las nuevas generaciones habían asumido la herencia de las anteriores, con Miguel Littin o Raoul Ruiz a la cabeza.

Torres Leiva se dio a conocer con un cortometraje con ecos de los hermanos Lumière, Obreras saliendo de la fábrica (2005), si bien se apreciaba en él un enraizamiento formal que cruzaba el cine de los hermanos Dardenne con el de Gus van Sant. Sin embargo, entre estas referencias se apreciaba también una cierta impostura desdibujada, un cierto aire de dejà vu que ha terminado por confirmarse en El cielo, la tierra y la lluvia (2008), su primer paso a la ficción tras el largometraje documental El tiempo que queda (2007), que obtuvo el premio Cine del Futuro en el BAFICI.

Como en Obreras saliendo de la fábrica, aparentemente El cielo, la tierra y la lluvia es una película donde el peso se lo reparten varias mujeres. Sin embargo, en esta ocasión, se produce un desplazamiento hacia un personaje central, el de Ana.

El resto quedará en un segundo plano en casi todo el metraje, a medida que Ana se vaya cruzando con ellos en los múltiples trayectos que emprende. Así, Torres Leiva construye una de esas películas conjugadas a la manera de, siendo en esta ocasión el punto de referencia el Béla Tarr de Sátántangó (1994).

"Lo que queda en esta película-monstruo, auspiciada por los grandes festivales del planeta, no es más que una colección de estampas preciosistas que ni siquiera son capaces de formar -como sí lograba Raymond Depardon en La vie moderne- la reconstrucción topográfica de la isla y su separación del continente a partir de los itinerarios que se han establecido probablemente a partir de un story board"

Frente a otras películas vistas en este festival como El cant dels ocells de Albert Serra, Liverpool de Lisandro Alonso, o incluso El brau blau, de Daniel V. Villamediana, en el film de Torres Leiva, al contrario de la película mencionada de Tarr, el acto de caminar no supone ningún descubrimiento ni sigue una línea paralela al acto de creación de lo que surge ante la mirada. Tampoco se fundamenta -aunque lo pretende- en esa interacción entre el cuerpo y el paisaje. La mención del propio título a los elementos naturales (el aire, la tierra, el agua), parecen querer interponerse en el estado anímico de Ana, construir un imaginario, una composición mental que transforme sus decisiones.

Finalmente, lo que queda en esta película-monstruo, auspiciada por los grandes festivales del planeta (en los títulos de crédito aparecen la Cinéfondation de Cannes, el BAFICI, el Festival de Rotterdam y Berlín entre otros muchos, convirtiéndose probablemente en la película que ha recibido el récord en fondos y ayudas de los grandes atéliers), no es más que una colección de estampas preciosistas que ni siquiera son capaces de formar -como sí lograba Raymond Depardon en La vie moderne- la reconstrucción topográfica de la isla y su separación del continente a partir de los itinerarios que se han establecido probablemente a partir de un story board.

Lo más parecido físicamente a El cielo, la tierra y la lluvia es un árbol muerto o una manzana podrida. Una película (en)cerrada en sí misma, mohosa en la filmación en interiores, la construcción de los encuadres y los pasajes que van de la sordidez al costumbrismo, y profundamente hueca en sus exteriores, donde ese supuesto vacío otoñal, más que un ocaso se convierte en una mirada arribista de Torres Leiva con su personaje, convirtiendo a Ana en una autómata, en una zombie-marioneta por puro capricho. Ana ni siquiera responde ante los signos de la naturaleza, ya que ésta nunca se filma como un ente vivo, sino como una reconstrucción manierista e impostada en la línea del más vulgar de los exotismos postales.

06/12/2008


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