El cine musical a través de Fred Astaire y Arthur Freed - cine | Kane 3

El cine musical a través de Fred Astaire y Arthur Freed

Hablar de cine musical y asociarlo inmediatamente con Fred Astaire es toda una realidad, porque él es la imagen imborrable e imperecedera del musical. Nadie mejor que él encarna ese mito cinematográfico, que ha pasado ya con letras de oro a las páginas de la Historia del séptimo arte. Y lo ha hecho porque ha sabido transmitir a través del celuloide la magia de sus bailes, envolviendo con la elegancia de sus movimientos la sabiduría de un bailarín que hacía de lo imposible lo más natural del mundo. ¿Quién sino alguien como él podía bailar por los techos? ¿Inventar a una estupenda compañera de baile con un simple perchero? ¿Hacer que algunas compañeras, no muy dotadas para la danza e impuestas por la política de los Estudios, por lo menos caminaran con prudencia sobre las notas de la partitura musical, transmitiéndoles él, de forma mimética, un reflejo de su arte?

Por Claudio Crespo

Ziegfeld Follies (
Ziegfeld Follies ("The Babbit and the Bromide", Vicente Minnelli, 1946)

Es indiscutible la influencia que ejerce la pareja Fred Astaire y Ginger Rogers en el periodo que corresponde a la RKO. Al principio, en películas que son concebidas para el lucimiento de una estrella de la época, como fue el caso de Irene Dunne, pero en donde ellos nacen ya como las fulgurantes luminarias de los próximos musicales. A partir de ese momento, Astaire y Rogers bailando sobre los escenarios de Art Decó, concebidos por Van Nest Polglase, y con la música de Cole Porter o de Irving Berlin, contribuyen a consolidar el género musical. Tras el periodo en RKO, la carrera de Ginger Rogers se encauza hacia la interpretación, mientras que Fred Astaire sigue participando exclusivamente en producciones musicales.

Desde 1944 el productor más importante de la Metro Goldwyn Mayer era Arthur Freed. Tenía uno de los mejores equipos del Estudio y su prestigio era grande. En esta coyuntura, bajo contrato con la marca del león y con Freed como responsable de la producción a Astaire se le abre la posibilidad de iniciar una nueva etapa, que se enmarca dentro del periodo musical clásico y en el que empieza a contar con guiones más sólidos y en donde se puede apreciar también su talento creativo. Freed descendía de una familia numerosa y muy vinculada a la música. Su padre vendía cítaras y además era un excelente tenor. Arthur, el mayor de los ocho hermanos, no tardó en mostrar su talento como letrista. Era, pues, de esperar, que aparte de los puntos divergentes que en algunas ocasiones se produjeron entre Astaire y Freed, se estableciera una fructífera colaboración que les permitiría realizar innovaciones y experimentos hasta aquel momento impensables para el género musical.

La aparición de Fred Astaire en Ziegfeld Follies resulta deslumbrante. Sus números musicales rebosan glamour, inventiva, elegancia, arte e inteligencia. La película compuesta de 14 episodios, tiene a Fred Astaire como estrella de varios de ellos.

Ziegfeld Follies (
Ziegfeld Follies ("The Babbit and the Bromide", Vicente Minnelli, 1946)

En el titulado This Heart Of Mine, Robert Alton crea una coreografía que se adapta perfectamente a la historia de un ladrón de joyas, cuyo objetivo es arrebatar el brazalete de una hermosa y joven heredera, que encarna Lucille Bremer revelándose como una bailarina sutil y refinada que se adapta a la perfección del gran Astaire. En Limehouse Blues, de nuevo Astaire y Bremer ponen su talento a lo que Minnelli denominó como un poema visual y en donde el vestuario, el color y la magia de los bailarines crean el resto. Como ejemplo, la secuencia onírica en la que los protagonistas, iluminados por el color rojo, sobre un fondo absolutamente negro, empiezan a bailar. Pero sin duda, la gran revelación de esta película que, con el correr de los años, se ha convertido en un testimonio de indudable valor para los amantes del musical, es el episodio conocido como The Babbit and the Bromide. Este número musical de George e Ira Gershwin ya lo habían representado Fred y su hermana Adele en la revista Funny Face. Ahora teniendo como compañero de baile a Gene Kelly, la historia narra el encuentro entre dos amigos que se ven cada 20 años. El último encuentro tiene lugar en el Cielo. Y es precisamente al cielo del musical a donde nos trasladan los dos singulares bailarines. En este episodio, las aportaciones coreográficas se deben a ellos dos. Nunca el cine tuvo la oportunidad de volver a reunir a estos dos genios de la danza.

Desfile de Pascua (Charles Walters, 1948)
Desfile de Pascua (Charles Walters, 1948)

Yolanda y el ladrón es una de las películas menos conocidas de Astaire, aunque sumamente interesante. Se trata de un cuento de hadas, que se desarrolla en un imaginario país. Posee una de las características de Minnelli, su gusto por lo onírico, tal como se aprecia en el número Will You Marry Me?, cuyo decorado tiene una gran influencia de la pintura de Dalí. Las canciones son de Harry Warren y las letras de Arthur Freed. La historia gira en torno a dos norteamericanos que se refugian en Sudamérica y tratan de estafar a una joven millonaria. Fred Astaire y Lucille Bremer vuelven a poner de manifiesto su compenetración para la danza, dejando para el cine el testimonio sin igual de una obra realmente original.

Gene Kelly fue la primera opción que Arthur Freed tuvo para protagonizar junto a Judy Garland Desfile de Pascua. Sin embargo, Kelly se rompió un tobillo, que le hacía imposible incorporarse al rodaje. Ante el imprevisto, Freed recabó la ayuda de Astaire. Hubo otra sustitución en la película, Minnelli había abandonado el proyecto y era reemplazado por Charles Walters. Con este inesperado giro, la película sin modificarse en lo sustancial, adquiría una nueva dimensión. Existe un número musical, que se ha convertido en modélico y que la Garland incorporó posteriormente a su repertorio. Es el tema conocido como A Couple Of Swells. Astaire y Garland como dos vagabundos, dotan de humor y gracia a la canción de Irving Berlin. La conjunción de los dos artistas raya a gran altura.

Bodas Reales (Stanley Donen, 1950)
Bodas Reales (Stanley Donen, 1950)

Ante los buenos resultados obtenidos por Astaire y Garland, Arthur Freed decide reunirlos de nuevo en The Barkleys Of Broadway, pero por problemas de Garland, Freed se ve obligado a sustituirla. Tras barajar diferentes posibilidades, se inclina por Ginger Rogers. Pero las características de la Rogers son distintas a las de su predecesora, por lo tanto los arreglos musicales tienen que ser revisados. De ese modo Rogers se encuentra con Astaire, su pareja en la RKO, y con Hermes Pan, coreógrafo con el que ya han trabajado. Hay un número extraordinario de Fred Astaire en la zapatería. Él está próximo al mostrador, cuando un par de zapatos saltan a su lado; trata de atraparlos, imposible. El resto de los zapatos comienzan a bailar en torno a él. También Astaire baila con ellos. El tema musical Shoes with Wings on alcanza momentos trepidantes, sobre todo en el clímax cuando los zapatos desaparecen sin poderlos coger. Los números de Astaire y Rogers volvieron a tener el magnetismo de antaño. Freed rendía así su particular homenaje a los dos grande ídolos del musical de los años treinta.

Para Bodas reales, el guionista Alan Jay Lerner se inspira en la vida del mismo Astaire y de su hermana Adele, que acabaría casándose con Lord Cavendish. Partiendo de esta premisa, la trama de Bodas reales viene a ser la misma. Astaire y Jane Powell son dos hermanos artistas que actúan en Londres. Ella se enamora de un aristócrata inglés (Peter Lawford) y él de una bailarina (Sarah Churchill), por cierto hija de Sir Winston Churchill. Pese a tener limitaciones para la danza, la labor de Jane Powell resulta encomiable y logra salir airosa de la prueba. Pero el gran número musical que se recuerda siempre es el de Fred Astaire bailando por el techo de la habitación, aunque la idea había surgido ya antes y se la había propuesto a Freed en sus tres últimas películas. Sin embargo, no pudo llevar a la práctica su deseo hasta la filmación de Bodas reales. Este número musical siempre le interesó a Stanley Kubrick por la forma de estar rodado y aplicó la misma técnica años más tarde en 2001: Una odisea del espacio.

La bella de Nueva York (Charles Walters, 1951)
La bella de Nueva York (Charles Walters, 1951)

La trama de La bella de Nueva York gira en torno a un hombre —personaje que encarna Fred Astaire— que ha estado apunto de contraer matrimonio en cinco ocasiones. Al conocer a una joven salutista, la cosa cambia, pero también en el último momento se arrepiente de dar un paso tan importante. En esta ocasión, la joven abandonada no se da por vencida y se sirve de sus armas de seducción para recuperar al que considera el hombre de su vida. Vera-Ellen es una magnífica bailarina que contribuye a que los números musicales que tiene con Fred Astaire sean un verdadero espectáculo. Destaca también el número trucado que baila Astaire desde la parte superior del Arco de Triunfo de Trafalgar Square y por los tejados de Nueva York. La película no fue comprendida por la crítica ni por el público.

The Band Wagon conocida en España como Melodías de Broadway 1955 supone un rotundo éxito de crítica y de público. Los números musicales pertenecen a seis espectáculos diferentes de Schwartz y Dietz. Los elementos que componen la historia de la película son los clásicos de muchas comedias musicales, tales como el conflicto entre los protagonistas, sus miedos e inseguridades, los obstáculos que hay que vencer para poner una función en pie, los diferentes punto de vista de los creativos, el fracaso y la lucha para alcanzar, por fin, el éxito y aquello de que “el espectáculo debe continuar”.

"Freed le permitió al Dios del claqué mostrar su poder para bailar por los techos y por los tejados de Nueva York, para emular a los clásicos detectives como Sam Spade o Philippe Marlowe y para adentrarse en el mundo onírico"

Melodías de Broadway 1955 (Vicente Minnelli, 1953)
Melodías de Broadway 1955 (Vicente Minnelli, 1953)

En Melodías de Broadway 1955, Fred Astaire no sólo demuestra que es el bailarín por antonomasia del gran cine musical, sino también un inteligente actor, especialmente dotado para la comedia. En el número llamado Triplets, tanto él como Nanette Fabray y Jack Buchanan hacen una verdadera creación al interpretar a tres bebés. En Bailando en la oscuridad, asistimos al nacimiento del amor en pleno Central Park entre él y Cyd Charisse, pero es sobre todo en The Girl Hunt, el ballet final y con una duración de 13 minutos, donde Astaire en una trama policíaca a lo Mickey Spillane, encarna a un detective, muy alejado de su habitual personaje de sombrero de copa y frac, al que dota de un fino humor. Narrando la historia en primera persona y alternando una acción llena de ritmo perfectamente orquestada por Michael Kidd con números musicales verdaderamente impactantes, nos traslada hasta los extraños garitos de un Nueva York, en donde una sensual Cyd Charisse desempeña el papel de Mujer Fatal. En este gran homenaje al cine negro, Freed, Minnelli, Kidd, Charisse y Astaire nos dejan un legado visual y musical inolvidable e impregnado de inteligencia y buen gusto.

Bodas Reales (Stanley Donen, 1950)
Bodas Reales (Stanley Donen, 1950)

Arthur Freed debuta como productor independiente en La bella de Moscú, inspirándose en el personaje de Ninotchka, que años antes protagonizara Greta Garbo para la Metro. Como pareja protagonista quiere a Cyd Charisse y Fred Astaire, pero este muestra cierta reticencia antes de aceptar el papel para el que se ve un poco mayor. Sin embargo, Freed logra convencerle y vuelve a establecerse esa maravillosa química existente entre él y Cyd Charisse, que tanto dio que hablar en la película de Minnelli. Los números de Astaire son coreografiados por Hermes Pan, los de Charisse y resto de los bailables pertenecen a Eugene Loring. El filme rodado en Cinemascope y en Eastmancolor, constituye una auténtica delicia para los ojos y para los oídos, destacando el tema The Ritz Roll and Rock, en donde con unos aires de modernidad y a ritmo de rock and roll, Fred Astaire demuestra que sigue siendo todo un genio.

Con La bella de Moscú, estrenada en 1957, se puede decir que el cine musical está llegando a su fin. Pero el legado que dejan Freed y Astaire, visto desde la perspectiva que da el tiempo, resulta a todas luces enriquecedor y sugerente. Inevitablemente ha marcado un estilo, una forma de concebir el cine musical. Freed le permitió al Dios del claqué mostrar su poder para bailar por los techos y por los tejados de Nueva York, para emular a los clásicos detectives como Sam Spade o Philippe Marlowe y para adentrarse en el mundo onírico. En cada uno de estos aspectos, Astaire siempre brilló con la luz de su elegancia y talento natural, pero Arthur Freed supo potenciar todas esas cualidades y arriesgarse con sus innovadores experimentos coreográficos. A partir de los sesenta el género musical languidecía, pero el tiempo, que pone las cosas en su sitio, demuestra que el cine de Freed y Astaire sigue siendo una poderosa fuente de atracción. Ése es precisamente su gran mérito.

Fotografías cedidas por TCM, el canal televisivo de cine del grupo Time Warner. La programación televisiva de TCM está disponible en los principales operadores de cable y satélite, centrada en el cine de calidad, con una selección de las mejores películas de todos los tiempos.

Artículo publicado en el número 7 de KANE 3 (abril 2006)

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