Cuando un escritor acepta terminar las memorias del antiguo primer ministro Adam Lang, su agente le asegura que se trata de la oportunidad de su vida. Pero el proyecto parece condenado desde un primer momento, su predecesor que llevaba muchos años como ayudante de Lang, muere en un desgraciado accidente.
El escritor toma un vuelo para trabajar en el proyecto, en pleno invierno, en una casa junto al mar de una isla en la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, al día siguiente un antiguo ministro británico del gabinete de Lang le acusa de autorizar la captura ilegal de sospechosos de terrorismo y su posterior entrega a la CIA para que los torture, hechos que están considerados como crímenes de guerra. La controversia atrae a periodistas y manifestantes en masa a la mansión de la isla donde se aloja Lang con su mujer, Ruth, y su ayudante personal (y amante), Amelia.
Film basado en la novela El poder en la sombra de Robert Harris, que colaboró con Polanski en la adaptación del libro a la gran pantalla.
| Ewan McGregor | El Fantasma |
| Pierce Brosnan | Adam Lang |
| James Belushi | John Maddox |
| Olivia Williams | Ruth Lang |
| Kim Cattrall | Amelia Bly |
| Tom Wilkinson | Paul Emmett |
| Timothy Hutton | Sidney Kroll |
| Eli Wallach | Alter Mann |
| Dirección y Guión (Robert Harris adapta su novela "The Ghost") | Roman Polanski |
| Producción | Robert Benmussa y Alain Sarde |
| Coproducción | Timothy Burrill, Christoph Fisser, Henning Molfenter y Charlie Woebcken |
| Fotografía | Pawel Edelman |
| Montaje | Hervé de Luze |
| Música | Alexandre Desplat |
| Diseño de Producción | Albrecht Konrad |

Nacho Cabana
El escritor cuenta una versión alternativa y no oficial pero absolutamente plausible de la llegada de Tony Blair al poder al tiempo que culpa al ex primer ministro británico de violar la legislación internacional en materia de derechos humanos. Éste, y no la trama de suspense que lo vehicula, es el auténtico argumento y la verdadera razón de ser de la película que nos ocupa. Polanski podría haber rodado para la enunciación de su tesis política un documental tipo Michael Moore pero ha preferido estructurarla a través de un argumento de género. Arriesgada decisión que el director de La semilla del diablo resuelve con bastante acierto y notable solvencia.

El escritor cuenta la historia de un "negro" (esto es, la persona encargada de escribir anónimamente un texto que luego firmará alguien ajeno o no al mundo literario) que recibe el encargo de hacer una segunda versión de las memorias de Adam Lang, ex primer ministro británico que se ha visto obligado a dejar su cargo tras un escándalo internacional relacionado con la autorización de la tortura. Durante el primer acto de la película, parece que Polanski va a centrarse en las sesiones de trabajo de los personajes interpretados por Ewan McGregor (el "negro" al que alude el título original de la cinta The Ghost Writer) y Pierce Brosnan (Adam Lang, el político) y que será en el transcurso de las conversaciones entre los dos y su posible enfrentamiento donde irá poco a poco surgiendo la verdad y la tesis política de la que hablábamos en el primer párrafo. Todo ello apoyado por uno de esos ambientes claustrofóbicos y aislados que tan queridos le son al autor de El pianista.
La llegada de Ewan McGregor a la isla azotada por el viento en la que se ha refugiado Brosnan, el gélido diseño de la mansión, los paisajes que se vislumbran a través desde sus amplios ventanales (y que, al ser insertados por croma en el decorado provocan en el espectador la misma sensación de irrealidad y extrañamiento que tiene el escritor fantasma) lo ritualizado de las acciones del servicio que atiende a la casa (estupenda Kim Cattrall en una versión british de su Samantha Jones) la fotografía de gélidos colores azulados y la permanencia casi constante de los personajes en el centro de los encuadres provocan y anuncian una película dialogada que es abandonada apenas Adam Lang abandona su mansión.
"Resulta especialmente gratificante lo poco que le interesa a Polanski disimular los referentes reales de sus personajes. Sólo le hubiera faltado que Michael Sheen interpretara a Adam Lang para que hasta el más tonto de los espectadores supiera de quién está hablando".

Lo que sigue a continuación es un segundo acto que retoma los elementos anteriores para construir una intriga en cierta forma hitchcockniana que tiene su punto más bajo en el acostón de Mc Gregor con la esposa de Brosnan. Polanski y Robert Harris (que adapta su propia novela en colaboración con el director) tienen ciertas dificultades para mantener en movimiento el segundo acto y llegar al tercero sin revelar demasiado de lo que realmente les interesa: la tesis política que lo explica todo y que resuelven con una estrategia de guión en cierta forma parecida a la intriga de La novena Puerta (aunque aquí mucho más rápida y comprensible) y con un par de planos (el que tiene lugar en la presentación del libro y el que cierra la película) absolutamente magistrales.
Resulta especialmente gratificante lo poco que le interesa a Polanski disimular los referentes reales de sus personajes. Sólo le hubiera faltado que Michael Sheen interpretara a Adam Lang para que hasta el más tonto de los espectadores supiera de quien está hablando. Estupendas también la fotografía de Pawel Edelman y la música de Alexandre Desplat, algo así como si Michael Nyman hubiera sido poseído por Bernard Herrmann.

Permítame el lector que acabe la crónica con una concesión a la conspiranoia. Coincidiendo con el lanzamiento mundial (aunque limitado en EE.UU) de El escritor, Polanski ha visto cómo resucitaba su viejo proceso por violación y actualmente asiste al estreno de su película en arresto domiciliario.
¿Casualidad o el precio que está teniendo que pagar por divulgar la verdad sobre Tony Blair?
22/03/2010
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