El espacio del juego - cine | Kane 3

El espacio del juego

Cuando se habla de juego lo primero que viene a la mente es el dinero. El vil metal relacionado con las apuestas y la ruina. Una partida de póquer, hombres en mangas de camisa fuman alrededor de la mesa, bajo una luz colgada del techo que ilumina las cartas y los billetes y deja en sombras al resto de la habitación, un sucio tugurio situado en la trasera de un bar, en el propio ambiente se respira la amenaza para alguno, o todos, los jugadores. Estos recintos tienen poco interés desde el punto arquitectónico, aunque sean muy idóneos para el drama que ha de desarrollarse entre sus cuatro oscuras paredes.

Por Jorge Gorostiza

El póker de la muerte (Henry Hathaway, 1968)
El póker de la muerte (Henry Hathaway, 1968)

Los ejemplos vistos en las pantallas son múltiples, basta recordar la reciente Mr. & Mrs. Smith (Doug Liman, 2005), en la que uno de los participantes asesina al resto de participantes; La casa del juego (House of Games, David Mamet, 1987), Rounders (John Dahl, 1998), las españolas La vida mancha (Enrique Urbizu, 2002) y Juego de luna (Mónica Laguna, 2001), donde se juega en inocentes chalets unifamiliares, que no parecen albergar en su interior el cúmulo de tensiones que se desarrollan durante una partida; también en la extraordinaria Intacto (Juan Carlos Fresnadillo, 2001) se juega una competición mucho más sofisticada y mortal, que también se desarrolla en lugares sórdidos.

El escenario puede cambiar. Es posible que una partida ya sea de cartas o de billar -recuérdese a Eddie Felson en El buscavidas (The Hustler, Robert Rosse, 1961) y El color del dinero (The Color of Money, Martin Scorsese, 1986)- se celebre, casi como un espectáculo, en un ambiente lleno de gente, ya sea en un saloon del far west, o un moderno casino. En casi todos los westerns urbanos, es decir, los que se desarrollan en esos pueblos del oeste iguales entre sí, hay partidas de cartas más o menos importantes, también hay casos en que esas partidas son la base del argumento como en El destino también juega (A Big hand for the Little Lady, Fielder Cook, 1966), El póker de la muerte (Five Cards Stuck, Henry Hathaway, 1968) y Maverick (Richard Donner, 1993), que acaba en otro lugar distinto, en un medio de locomoción, un barco navegando por el Misissipi.

Las Vegas (Fox Tv)
Las Vegas (Fox Tv)

Los saloons son los antecedentes directos de los casinos y uno de los lugares del mundo con una concentración más alta de estos edificios es la ciudad del juego por antonomasia, Las Vegas. Gracias al cine podemos conocer su origen en Bugsy (Barry Levinson, 1991); cómo era en los años sesenta en La cuadrilla de los once (Ocean's Eleven, Lewis Milestone, 1960) y su aparente inocencia -recuérdese que entre sus productores estaban los miembros del rat pack, dueños de varios locales- cuando al parecer bastaba un electricista para colapsar los sistemas de seguridad de todos los establecimientos para robar sus ganancias; y por último, en la estupenda Casino (Martin Scorsese, 1995), se puede comprobar cuan peligrosa era la ciudad antes de convertirse en el actual gran parque temático, destinado a los niños y los jubilados y reflejado en series como C.S.I. y Las Vegas.

Hasta aquí el espacio del jugador, veamos ahora el espacio del propio juego, que es más singular que el citado. Una mesa, normalmente redonda para el póquer y rectangular para el billar, la ruleta o el black jack, no tiene demasiado interés arquitectónico, pero un tablero, aunque tenga sólo dos dimensiones, puede representar todo un mundo. Recuérdese el recorrido iniciático que debe hacer quien participa en el Juego de la Oca y, por supuesto, ese paradigma de la sociedad capitalista llamado Monopoly, que se desarrolla en un tablero lleno de calles, simulando ser una parte de ciudad donde más que su morfología interesa el dinero que genera; un "inocente" divertimento creado en EE.UU. durante la Depresión del 29, útil para que muchas generaciones hayan deseado adoptar el lucrativo -aunque no muy ético- oficio de especulador inmobiliario y para que en España los niños de provincias supiésemos que en la gran metrópoli mesetaria, había una calle llamada Leganitos.

CSI Las Vegas (AXN)
CSI Las Vegas (AXN)

El ámbito del juego puede ser mayor que un simple tablero. Es posible que el jugador se vea inmerso en un universo de ficción o en las ruinas de cualquier campo de batalla de siglos pasados, gracias a los vídeo juegos; pero además el partido puede abarcar la propia vida, como en la estupenda eXistenZ (David Cronenberg, 1998), en la que el jugador vive el juego dentro de un espacio completamente anodino y sin elementos tecnológicos futuristas.

El juego además puede ser el más peligroso -como en la cinta The Most Dangerous Game (Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932)-, la caza del hombre, que se celebrará en el futuro en circuitos especiales o en todas las ciudades, como ocurre respectivamente en Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987) y La víctima nº 10 (La decima vittima, Elio Petri, 1965).

También puede ser que quien participa en el juego no lo sepa y tenga su vida amenazada, como sucede en la inquietante The Game (David Fincher, 1996), entonces toda la ciudad, todos los países, todo el planeta será el tablero y sólo unos -muy pocos- sabrán quiénes mueven las fichas.

Porque es posible que todos seamos las piezas de un juego cuyas reglas desconocemos y sólo sabemos que indefectiblemente algún día hemos de perder y morir.

Artículo publicado en el número 4 de KANE 3 (enero 2006)

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