El Doctor Parnassus posee el extraordinario don de guiar la imaginación de los demás, pero sobre él recae una oscura maldición secreta. Jugador empedernido, miles de años atrás hizo una apuesta con el demonio, Mr. Nick, con la que se ganó la inmortalidad. Siglos más tarde, al conocer a su amor verdadero, Dr. Parnassus hizo otro trato con el diablo, comerciando su inmortalidad por su juventud, con la condición de que cuando su hija alcanzara la edad de 16 años, pasara a ser propiedad de Mr. Nick
Valentina está cada vez más cerca de esta importante fecha y el Dr. Parnassus está desesperado por protegerla de su inminente destino. Mr. Nick se presenta para llevársela pero como siempre está dispuesto a hacer una nueva apuesta, renegocia el envite. Se quedará con Valentina el que primero seduzca a cinco almas. En su viaje recluta a una serie de personajes salvajes, cómicos y convincentes, y el Dr. Parnassus entregará únicamente la mano de su hija a aquel que le ayude a ganar.
| Johnny Depp | Tony |
| Heath Ledger | Tony |
| Jude Law | Tony |
| Colin Farrell | Tony |
| Christopher Plummer | Dr. Parnassus |
| Lily Cole | Valentina |
| Tom Waits | Mr. Nick |
| Verne Troyer | Percy |
| Andrew Garfield | Anton |
| Dirección | Terry Gilliam |
| Guión | Terry Gilliam y Charles McKeown |
| Producción | Amy Gilliam, Terry Gilliam, Samuel Hadida y William Vince |
| Producción Ejecutiva | Patrice Theroux y David Valleau |
| Fotografía | Nicola Pecorini |
| Música | Jeff Danna y Mychael Danna |
| Montaje | Mick Audsley |
| Diseño de Producción | Anastasia Masaro |

Rubén García López
La nueva película de Terry Gilliam no solo recupera al guionista de dos de sus películas más importantes, Brazil (1985) y Las aventuras del barón Munchausen (1988), sino que realmente devuelve a su cine el espíritu onírico de aquellas, la apología de los vuelos libres- si bien no de consecuencias- de la imaginación.

Bien es cierto que no otro ha sido el tema mayor de su cine, y que no dejaba de ser el centro de su anterior film, Tideland (2005), donde la dialéctica fantasía/realidad se hacía más virulenta que nunca antes en su cine, pero El imaginario del doctor Parnassus supone el retorno de su iconografía más loca y surreal, una obra que recapitula en cierta medida el trabajo realizado hasta ahora por su autor, y que avanza en su discurso sobre la naturaleza de la imaginación y su lugar en el mundo.
Para empezar, la imaginación es algo material, con una existencia muy real. La obra de Alan Moore que Gilliam debiera adaptar no es Watchmen, sino Promethea. El doctor Parnassus no crea los paisajes que ven los visitantes de su imaginario, sino que habilita que estos puedan conocer los espacios de su propia imaginación. 2ª tesis, por tanto: la imaginación no se revela sin trabajo (aunque sea el de otro). Ahora bien, el imaginario se encuentra tras un carromato maltrecho, que recorre un mundo que ya no escucha las historias del anciano. 3ª tesis: si el trabajo es necesario es porque se ha perdido la capacidad para ver otra cosa que la realidad más inmediata y adocenadora.
"El imaginario del doctor Parnassus es un film sobre la elección y la responsabilidad, casi existencialista en este sentido. Recordemos una de las grandes fórmulas de este film: Parnassus no quiere gobernar el mundo, quiere que el mundo se gobierne solo"

La solución a la muerte de Heath Ledger apoya una nueva afirmación: en el mundo de la imaginación, contra lo que pueda pensarse, las mentiras se sostienen por breve tiempo, lo cual implica que entre ficción y mentira no hay una relación de igualdad. Los múltiples rostros de Tony delatan su interesada mutabilidad, muy bien oculta en el mundo cotidiano. También resaltan su encanto, por otro lado: Gilliam tiene muy buen concepto de la imaginación. Uno se juega su salvación, es cierto, pero la simpatía con que es mirado el demonio, la dimensión de juego que acaba teniendo el en principio trágico encadenamiento de apuestas, deja apuntado algo común a otros viajeros de los paisajes interiores como Moore o Ende: en el mundo imaginario se puede morir, es cierto, pero si se sabe "jugar", todo desastre se acaba evidenciando como vía de conocimiento, posibilidad de crecer.
Una nueva afirmación: el imaginario es un espacio común. Acaso aquí Gilliam es impreciso, pero se puede ver esta afirmación en varios aspectos: la dimensión material, real, de la imaginación, sus influencias en la realidad, y la posibilidad de que varias personas puedan compartir idénticos espacios imaginarios.

Sin embargo, la imaginación acostumbra a ser individual, por ello quizá se haga necesario hablar de un "reino" de la imaginación: la fantasía. En Ende, Fantasía es un reino no menos grave que el real. Su principal diferencia: es el espacio de la libre producción de la voluntad, el lugar donde el ser vivo deviene el puro y absoluto creador que en la realidad no se le permite ser. Por esto El imaginario del doctor Parnassus es un film sobre la elección y la responsabilidad, casi existencialista en este sentido. Recordemos una de las grandes fórmulas de este film: Parnassus no quiere gobernar el mundo, quiere que el mundo se gobierne solo. Es un interesante modo de decir: que el mundo deje de ser creado, y comience a ser creador. Con su culto a la imaginación, Gilliam no se rinde a lo eterno o a los arquetipos universales del alma, sino que defiende la creación, la necesidad de crear mundos nuevos y mejores, y de que en ello participemos todos, desde nosotros mismos.
Por eso la conclusión lógica de la fantasía es la destrucción del mundo, como se sugiere en Tideland. El imaginario del doctor Parnassus no llega hasta ahí, pero Gilliam mira aquí más desde la fantasía misma que en aquella, desde la presencia de un juego constante entre dos seres que se complementan en la articulación de un juego interminable, tanto como la producción de historias y ficciones, esas que, en cierto modo, se afirma aquí, sostienen el mundo. Porque la imaginación no tiene dios. O, por lo menos, no uno solo.
23/10/2009
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