Diego (Eduardo Noriega) es un médico tan acostumbrado a manejar situaciones límite que se ha inmunizado ante el dolor de los demás. Se ha desconectado de su trabajo, de su pareja y de su compromiso como padre.
Durante un inquietante encuentro, a Diego le amenazan con una pistola. Horas después sólo recuerda el sonido de una detonación y la extraña sensación de haber recibido algo más que un disparo.
Diego deberá tomar una decisión irreversible que afectará a su propia vida y a la de sus seres queridos.
| Eduardo Noriega | Diego |
| Belén Rueda | Isabel |
| Angie Cepeda | Sara |
| Cristina Plazas | Pilar |
| Clara Lago | Ainhoa |
| Marcel Borrás | Juanjo |
| José Ángel Egido | Vicente |
| Luis Callejo | Carlos |
| Dirección | Oskar Santos |
| Guión | Daniel Sánchez Arévalo |
| Producción | Fernando Bovaira, Alejandro Amenábar y Álvaro Augustin |
| Producción Ejecutiva | Simón de Santiago y Javier Ugarte |
| Dirección de Producción | Emiliano Otegui |
| Fotografía | Josu Inchaustegui |
| Montaje | Carlos Agulló |
| Música | Fernando Velázquez |
| Dirección Artística | Isabel Viñuales |
| Productoras | Himenóptero, Mod Producciones y Telecinco Cinema |

Nacho Cabana
Las películas de Alejandro Amenábar, productor de El mal ajeno, se caracterizan por coger un género determinado (el thriller, el peplum) y reinterpretarlo a partir de las inquietudes personales de su director. Dicho de otra forma, el autor de Los Otros toma del cine clásico las convenciones que le interesan para, a partir de ahí, construir un relato que se apartará más o menos de su referente pero que está indudablemente levantado a partir de él. Incluso cuando Amenábar se equivoca en alguna de sus decisiones dramáticas (meter el clímax de Ágora a la mitad de la película, por ejemplo) lo hace sabiendo lo que pretende conseguir con ello.

Oskar Santos, director del making of de Mar adentro, parte de unos planteamientos muy similares. El mal ajeno nace de relatos fantásticos tipo The Twilight Zone o Amazing Stories y reinterpreta las claves de éstos a partir de una visión esencialmente dramática. Santos y su guionista Daniel Sánchez Arévalo (estamos, qué bien, ante una ópera prima que no ha sido escrita por su director) pretenden mostrar la toma de conciencia de un médico ante el dolor de sus pacientes usando para ello un recurso levemente sobrenatural.
Y ese es el principal problema de la película. Que es realmente muy difícil ser sólo un poco sobrenatural. Cuando en un relato conformado como realista se introduce, por muy sutil que sea, un elemento fantástico, éste tiende a fagocitar todo lo que viene después y a reinterpretar lo que ha pasado hasta entonces. Y es muy difícil escapar de las reglas genéricas que el fantástico implica. Máxime si, como en el caso que nos ocupa, el director no es capaz de trascender lo extraordinario convirtiéndolo en metáfora.
"Película algo repetitiva, con un tempo narrativo vocacionalmente lento en el que se echan en falta giros y acontecimientos derivados del súperpoder que adquiere su protagonista"

Santos intenta solucionar este problema manteniendo su mirada en la evolución de los personajes principales pero, mientras esto ocurre, la atención del espectador y la orientación del relato ya se han movido al porqué y al cómo adquiere el personaje de Diego la capacidad de sanación. Su periplo personal queda devaluado por lo que debería haberlo enaltecido.
El resultado final es una película algo repetitiva, con un tempo narrativo vocacionalmente lento en el que se echan en falta giros y acontecimientos derivados del súperpoder que adquiere su protagonista. O lo que es lo mismo, la falta de evolución en los hechos que vertebran la historia provocan la previsibilidad de éste y su estancamiento hasta un final en el que se dan a medias las explicaciones de lo ocurrió y se cumplen a medias las expectativas despertadas en su inicio.

En cualquier caso, El mal ajeno es una película muy bien realizada (qué lejos quedan, afortunadamente, los tiempos en los que el desaliño formal presidía las óperas primas) con un muy acertado casting no sólo en los papeles principales sino también en los secundarios. Noriega está creíble en su personaje a pesar de las innecesarias canas que el departamento de maquillaje ha tenido a bien sembrar en su pelo, y Belén Rueda sigue siendo la actriz española que mejor sufre en pantalla. Luis Callejo demuestra que sabe ser natural sin ser costumbrista y Cristina Plazas, la gran revelación de la cinta, aporta algo de calor a la frialdad del conjunto. Clara Lago chirría con una interpretación más cercana a los calores hormonales de Física o química que a un drama con el que nos ocupa. Muy bien también, en cometidos algo menores Angie Cepeda (qué lástima que se pase en coma casi toda la película) Marcel Borrás y Carlos Leal. Jose Ángel Egido,por su parte, hace lo mismo de siempre pero con unas canas tan falsas como las que luce Noriega.
A la salida de El mal ajeno nos quedamos con la impresión de que las dos posibles historias que conviven en la película se han quedado atadas y encerradas dentro de los límites de los escasos decorados que conforman su producción.
16/03/2010
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