El nido vacío

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Sinopsis

Cuando los hijos crecen y se alejan del hogar, las grietas de un matrimonio -ocultas durante años por el ruido y el caos cotidiano-, salen a la luz. Leonardo (Óscar Martínez), es un escritor de éxito, incómodo en las situaciones sociales de su vida. Se comporta como un hombre al borde de una crisis de edad mediana, indulgente hacia sus neurosis y fóbico hacia los cambios que ocurren a su alrededor.

Sin embargo, su mujer Martha (Cecilia Roth), retoma la universidad, se adapta a la nueva situación sin miedo a lanzarse en cualquier actividad que le sirva como distracción.
Leonardo recorrerá un viaje personal durante su crisis existencial, desde la silla de su dentista hasta las mansas aguas del Mar Muerto.

  • País:Argentina/España/Francia
  • Año:2008
  • Estreno:24 de octubre 2008
  • Duración:1h.31min.
  • Distribuidora:Wanda Vision
  • Web oficial: elnidovacio.com

Intérpretes

Oscar Martínez Leonardo
Cecilia Roth Martha
Arturo Goetz Dr. Sprivak
Inés Efron Julia
Eugenia Capizzano Violeta
Jean Pierre Noher Fernando
Carlos Bermejo Marchetti

Ficha Técnica

Dirección y guión Daniel Burman
Producción Diego Dubcovsky y José María Morales
Producción ejecutiva Sebastián Ponce y Miguel Morales
Fotografía Hugo Colace
Dirección de arte Aili Chen
Montaje Alejandro Brodersohn
Música Santiago Rio Hinckelmann
Canción "Un instante antes de levantar vuelo" Jorge Drexler

Crítica

El vano mañana

Hay muchas maneras de concebir la madurez. Desde una comprensión mejor de uno mismo y en relación con el mundo, hasta a un conformismo con la situación que se nos impone.
En El nido vacío, Burman parece querer dar un paso adelante en su cine. Para ello, sin salirse de las relaciones familiares, temática recurrente de su obra, se aleja de aquellos personajes jóvenes de El abrazo partido (2003) o Derecho de familia (2006) para centrarse en un personaje adulto -Leonardo, escritor de éxito interpretado por Óscar Martínez- que se anticipa a su futuro inmediato en un recorrido (mental) hacia la madurez, entendida sobre todo como aceptación.

Esta madurez es lo que parece buscar Burman, tanto temática como estilísticamente. Conserva el tono naturalista, pegado a las miradas y gestos de los actores, pero la cámara parece menos nerviosa e inquieta que en sus anteriores películas. En el centro del film se sitúan las interpretaciones, que son las que sostienen cada escena con desigual suerte. La palabra es un elemento fundamental: omnipresente, guía la comprensión de El nido vacío explicitando todo aquello que quizás las imágenes podrían transmitir por si mismas con una mayor confianza en ellas.

Se ha querido ver en Daniel Burman una versión argentina de Woody Allen. No en vano comparten elementos comunes como fijar la mirada en un entorno burgués, la presencia inevitable del judaísmo en su cine y la abundancia verbal. Sin embargo, parece tomar de éste lo más epidérmico de su cine, aquellos elementos más reconocibles y en torno a los cuales construye Allen sus obras menos interesantes. Leonardo está lejos del protagonista de Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989), para el que comprender significa despreciarse a sí mismo y descubrir la falta de sentido. Tampoco el núcleo familiar es el de Interiores (Interiors, 1978), donde la familia, pese a los fuertes lazos, es fuente de tensiones e infelicidad.

"Daniel Burman logra una película conservadora, en la que el universo burgués que retrata es un espacio a aceptar, donde los únicos problemas lo son de perspectiva"

Burman habla de microcosmos familiar pero la familia de El nido vacío se sitúa en el ámbito de lo orgánico. Cada miembro cumple una función y lo exterior sirve tanto de alimento -el marido de la hija- como, y sobre todo, de amenaza -los posibles amantes de Martha (Cecilia Roth). El nido es el refugio de Leonardo, un hombre que puede temer por momentos la disolución de la familia aunque nunca es un problema real. Los conflictos familiares son epidérmicos y su solución consiste en aceptarlos como superficiales.

Si algo tiene de maduro El nido vacío, no lo es tanto por los logros de la película como el precavido cálculo de los riesgos a correr, habitual en Burman. Transitando por muchos de los tópicos habituales en torno a las crisis creativa y existencial en un hombre de mediana edad, la película se plantea como una historia de aceptación del protagonista a través de una ficción imaginada por él mismo, y es en esta invención donde radica la clave del film.

Nos encontramos en terreno del presente subjuntivo, entre el sueño y lo deseado, siempre con una ambigüedad calculada que nos hace dudar sobre la veracidad de lo que ocurre. Apoyándose en esta ensoñación, la película transcurre en un tono amable en el que los conflictos no son tales, siempre lejos de cualquier posible ruptura. El humor sirve como bálsamo, facilitándole al espectador no tomarse en serio aquello que sucede en la pantalla.

Esta elección se sostiene por la lógica desde la que se construye el film, que no se desvela hasta el final, cuando volvemos a los instantes iniciales y comprendemos que todo ha sido una ficción imaginada por Leonardo y que, en un guiño a aquellos que ven el cine de Burman rasgos autobiográficos, constituirá la base de la nueva obra de teatro que está escribiendo.

La película se cierra entonces con una vuelta atrás. El protagonista ha logrado comprenderse mejor y se siente más optimista, siempre en relación con el futuro que ha imaginado. No ha habido infidelidad en el matrimonio, ni siquiera una crisis como escritor. La aceptación de uno mismo se confunde con la complacencia en un mundo en el que todo tiende a la armonía y en el que los elementos desestabilizadores forman parte de la ficción, que cumple una función terapéutica, sustituta del psiquiatra.

Daniel Burman logra así una película conservadora, en la que el universo burgués que retrata es un espacio a aceptar, donde los únicos problemas lo son de perspectiva. En todo el recorrido de la película nada ha cambiado, el infierno siguen siendo los otros y la familia es el refugio donde reina la calma, lejos de elementos extraños. La madurez se reduce entonces a la jubilación, la llamada de los hijos en navidad y la satisfacción por el inevitable envejecimiento de la esposa (que apague esa belleza tentadora para los intrusos).

Manuel Praena

Tráiler


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