José Luis López-Linares dirige lo que ha denominado como un "thriller gastronómico" en el que muestra el esfuerzo de Jesús Almagro, ganador del Campeonato de España de Cocineros en 2007 y uno de los mejores chefs emergentes en la industria gastronómica de los últimos años, para ganar el Bocuse D´Or, el premio gastronómico más prestigioso del mundo que se celebra cada dos años en Lyon, Francia.
Con el fin de aumentar sus posibilidades de ganar, Jesús Almagro soportará un arduo proceso de preparación: sacrificar su día a día, cambiar su rutina, entrenarse como si de un atleta para los Juegos Olímpicos se tratara. Su misión es la de conjugar las más originales, novedosas y elegantes formas de preparación y presentación de los tres ingredientes estipulados por la comisión del Bocuse D´Or: el fletán noruego, el pollo francés de Bresse y el cangrejo real noruego.
| Jesús Almagro | Jesús Almagro |
| Pedro Larumbe | Pedro Larumbe |
| Sven Erik Renaa | Sven Erik Renaa |
| Serge Vieira | Serge Vieira |
| Alberto Chicote | Alberto Chicote |
| Juan Mari Arzak | Juan Mari Arzak |
| Dirección | José Luis López-Linares |
| Producción | María Viviana Brusacas, Carmen Huray, Paula Conte |
| Fotografía | Teo Delgado |
| Montaje | Sergio Deustua |

Alberto Figueroa
Que la vida es un continuo reto, todos lo sabemos. Que nuestra existencia es una lucha persistente contra los elementos, es vox pópuli. De hecho, la idea de superación para abrirse camino y lograr un mayor conocimiento personal ha llenado páginas y páginas de los mejores (y peores) libros de filosofía. Es una temática común en el arte y más concretamente en el séptimo. Así, tenemos desde los casos más obvios de logros deportivos como Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981) hasta la superación asociada a la supervivencia en multitudes películas con naufragos de por medio, por poner sólo dos ejemplos. Prácticamente todos los géneros cinematográficos han utilizado esta idea inspiradora de alguna u otra manera. Sin embargo, cuando el tema se nos presenta unido a un concurso gastronómico la cosa cambia. El asunto se torna curioso y toma el interés de lo nuevo, digno de documentar.

Si los inicios de José Luis López Linares como director de documentales, acompañado por Javier Rioyo, están marcados por un querer acercarse más a la Historia con mayúsculas - Asaltar los cielos (1996) y Extranjeros de si mismos (2001) son muestra de ello -, progresivamente han ido tomando interés por las pequeñas historias individuales. Son historias que igualmente hacen grande al individuo - Un instante en la vida ajena (2003) o Hécuba, un sueño de pasión (2006) serían representativas de esto -. El pollo, el pez y el cangrejo real es un paso más.
El cineasta y operador de fotografía evoluciona desde el retrato de personajes marcados por su ideología en una época determinante para el transcurso de la Historia a discursos que quizás no sean tan trascendentales pero igualmente están vivos y desprenden esa necesidad de ser contados.
"Jesús Almagro es todo transparencia y los responsables de la película aprovechan esta cualidad para mostrar a la perfección todo el conflicto interior de este personaje real: el dolor del cocinero que lo intenta, lo intenta, no para en el empeño pero sus sueños se van truncando y aparecen las decepciones"

Producida en el mismo año de Ratatouille (Brad Bird, 2007), es el hermano documental de la película de Pixar. Los dos beben de lo mismo. El filme retrata la evolución de un personaje - Jesús Almagro, ganador del Premio del Campeonato de España de Cocineros de 2007 - a lo largo de la preparación para un concurso gastronómico. No cualquier concurso sino el certamen gastronómico más importante del mundo que decide quién es el chef más importante del mundo: el ganador del Bocuse D’Or.
Precisamente así se inicia el documental con la presentación de la competición. Antes de conocer al representante español, el espectador conoce el caos, el barullo y el griterío reinante durante las pruebas de este concurso de Lyon. Gritos sólo superados por competiciones olímpicas o igual Eurovisión. Menciono este concurso musical no de forma gratuita. En el desarrollo para ganar el Bocuse D´Or se ven banderas de los países participantes, se cantan himnos, el público jalea, aplaude y casi berrea. Todas características en principio bastantes opuestas con la relativa tranquilidad de unos fogones de la cocina de cualquier restaurante. No obstante, para ganar este concurso lo fundamental no es tanto ser el mejor cocinero sino el mejor concursante. Así de complicadas son las reglas de participación.

El pollo, el pez y el cangrejo real funciona porque emociona, porque muestra a los personajes reales, porque cuenta una historia lejana - un estricto concurso que ralla en lo kitsch - que va de costumbres cotidianas como el comer y, sobre todo, destaca por una presencia: Jesús Almagro. El representante español al certamen resulta más convicente que cualquier actor que se ponga a su lado. Su campechanía, su sinceridad y su expresividad consiguen que el documental tome alas y llegue a conectar totalmente con el espectador.
Solo hay que quedarse con los gestos de su rostro cuando sus compañeros cocineros le destrozan y critican el plato que ha preparado con tanto amor y seguridad en la primera prueba de la preparación. Jesús Almagro es todo transparencia y los responsables de la película aprovechan esta cualidad para mostrar a la perfección todo el conflicto interior de este personaje real: el dolor del cocinero que lo intenta, lo intenta, no para en el empeño pero sus sueños se van truncando y aparecen las decepciones.
Por otro lado, el documental está contado con bastante gracia y desparpajo. Durante todo el metraje combina el tono cómico con el dramático, el tono más profundo con el más ligero. Consigue hacer pensar y a la vez intrigar porque conforme el metraje va avanzando la emoción nos va embargando y la curiosidad por conocer en qué puesto quedará finalmente nuestro cocinero se hace realmente patente. Otro logro más. El material está montando y rodado con eficacia y cariño para mostrar ese caos en que consiste el certamen. Esa vorágine más la simpatía que profesamos hacia el cocinero crea el suspense necesario.
En resumen, nos encontramos ante un film, en palabras de su productor Antonio Saura, que habla de "sobre lo difícil que es hacer bien las cosas, sobre el trabajo que hay que poner para llegar hasta lo más alto, sobre los sueños y sobre las decepciones".
15/02/2008
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