El prado de las estrellas toma el nombre de los recuerdos infantiles de un hombre llamado Alfonso. 50 años más tarde, vive jubilado en su casa de siempre y visita a Nanda, una anciana que fue su vecina y su madre cuando se quedó huérfano. Nanda echa en falta la atención de sus hijos que residen lejos. Uno de ellos, le manda a un emisario con el encargo de que haga recuento de las posesiones de la anciana. Nanda vive en una residencia de ancianos en la que trabaja Luisa, una joven asistente social.
Una mañana Alfonso sale a coger caracoles al "prado de las estrellas" y se encuentra con un joven que aparece entre la niebla en su bicicleta. Avivado por los sueños del chico pronto se instalará la amistad entre el viejo maestro y la joven promesa de ciclista. Alfonso hará de Martín un gran campeón, y lo que es más importante; un gran chico.
| Álvaro de Luna | Alfonso |
| Marian Aguilera | Luisa |
| Rodolfo Sancho | Mauri |
| Oscar Abad | Martín |
| Mari González | Nanda |
| Juan Margallo | Escobedo |
| José Manuel Cervino | Tasio |
| Antonio de la Torre | Ramiro |
| Juan del Santo | Amado Beotegui |
| Carlos Chamarro | Pedro |
| Jacobo Dicenta | Polo |
| Antonio Valero | Funcionario |
| Dirección y guión | Mario Camus |
| Producción ejecutiva | Rodolfo Montero de Palacio, Nano Montero |
| Fotografía | Hans Burman |
| Montaje | José Mª Biurrun |
| Música | Sebastian Marine |

Se siente cómodo Mario Camus cuando se mueve en ambiente rurales. Tarde o temprano, siempre termina volviendo a ellos, y suele recibir no pocos elogios cuando se adentra en ese terreno. Y se siente cómodo, además, con eso que llaman cine intimista, en el que las relaciones personales son las protagonistas. Cinco años después de su última película (La playa de los galgos), el director cántabro retorna a su tierra, a sus recuerdos y a temas que le tocan de cerca. Nunca había pasado tanto tiempo sin dirigir, pero parece una ley de vida para directores que entran en la senectud, y a los que les cuesta más trabajo encontrar a sus espectadores.
Argumenta Camus que el público va cambiando, y que cada vez es menos numeroso el que se interesa por su cine. Pero desde la otra perspectiva, también es lógico que cada vez atrape menos un cine incapaz de evolucionar y unas formas que ya han sido superadas. El prado de las estrellas es una película reposada, tranquila, sosegada... pero tanto, que parece anestesiada. Algo muy conservador que agradará sólo a los incondicionales.

La estructura, muy básica. Tres historias entrelazadas, donde el autor quiere abarcar diversos temas. Por un lado, tema de actualidad: la obvia denuncia sobre la especulación urbanística. Con su banquero malvado que es pura caricatura, y la lucha del pobre aldeano. Aunque, todo hay que decirlo, la secuencia que resuelve este conflicto tiene su gracia, por más previsible que sea el desenlace. Destacar, a la muy veterana Mari González, que compone el más sólido personaje del filme. El director también acierta de pleno al no mostrarnos nunca a los hijos de Nanda. Con esa decisión, consigue transmitir todo el desapego emocional de estos hacia su madre.
"El prado de las estrellas es una película reposada, tranquila, sosegada... pero tanto, que parece anestesiada"
También tenemos un sorprendente y sentido homenaje. El ciclismo, pasión confesa de Camus, se convierte casi en el principal protagonista. Para el aficionado, es de agradecer esta ofrenda a un deporte que tanto castigo ha sufrido en los últimos años. La historia del ciclista amateur nos recuerda toda la pureza y la épica de un deporte, cuya esencia queda gravemente desvirtuada en el momento que aparecen las grandes cantidades de dinero. Por desgracia, es algo que ocurre con cualquier práctica (sea cual sea su naturaleza). Pero el caso de este deporte, es especialmente sangrante.

Desde el punto de vista cinematográfico, poco aporta esta historia. Aparte de otro personaje que roza la caricatura (el que interpreta Cervino), queda en el recuerdo el buen gusto con el que están rodadas las secuencias de las carreras ciclistas. Aunque para los que somos aficionados, nos sabe a poco. Y para los que no lo sean, resultarán tediosas. Para colmo, nos queda el mal sabor de boca de esa última secuencia en la carretera, tan mal rodada como inverosímil. Ah, y también nos deja una inexplicable nominación al Goya como Mejor Actor Revelación para Óscar Abad. Aunque no menos ilógica es la de Álvaro de Luna como Mejor Actor Principal.
Sin duda, de las tres historias, es la protagonizada por Marián Aguilera, la que consigue más altas cotas de veracidad. Especialmente, en su retrato de la pareja rutinaria, y de la inercia de la costumbre. También la evolución de ese personaje hacia la liberación se narra con estilo, bastando 100 kilómetros de distancia, y un hombre atractivo que llevarse a la boca. La pena es que el último paso, el de la libertad total y la reivindicación de la mujer como ser absolutamente independiente; se hace de forma mucho más tosca y torpe, con esa lamentable secuencia en la playa.
Y es que una película que busca desesperadamente la naturalidad no debería tener momentos tan poco creíbles. Y, sobre todo, unos diálogos tan mejorables. Poco pueden hacer los intérpretes ante un texto tan penoso, que lastra cualquier atisbo de buena idea que se pueda vislumbrar en el horizonte.
Por Manuel Barrero
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas