Tindouf, campo de refugiados de Awserd. Fatma lleva 30 años sin ver a su hermano, del que se separó tras la invasión marroquí en el Sáhara Occidental. Ahora, él regresa por unos días en un vuelo de Naciones Unidas. Mientras Fatma y sus parientes se preparan para recibirle, nos explican cómo es su vida en el peor rincón del desierto argelino.
Entretanto, los activistas de derechos humanos en el propio Sáhara sufren la persecución de las autoridades marroquíes. Protagonistas y especialistas en el tema exponen sus teorías para lograr una solución justa a este conflicto.
Rodada en España, el Sáhara Occidental y los campamentos de Tindouf a lo largo de dos años, la película es fruto del empeño personal del estudiante de cinematografía Jesús Prieto, el fotógrafo Daniel Iriarte, el periodista Enrique Andrés y el músico Diego Valbuena. Ninguno supera los 26 años.
| Dirección y guión | Jesús Prieto, Daniel Iriarte |
| Producción | Jesús Prieto, Daniel Iriarte, Diego Valbuena, Enrique Andrés |
| Montaje | Jesús Prieto |
| Música | Diego Valbuena |

Son tiempos en los que se habla mucho de la democratización del cine. La irrupción del digital facilita el acceso a la realización de productos audiovisuales, con un coste muy reducido. En muchas ocasiones, esas películas ni llegan a estrenarse en salas comerciales, debido a las dificultades para encontrar distribución. Pero ahí están, y encima de la mesa, el debate. ¿Supondrá el digital una revolución para el mundo del cine? Para muchos, esa revolución ya ha empezado. Aunque tendremos que esperar algunos años aún, para saber hasta dónde llega.

Este cambio tiene dos vertientes fundamentales. Por un lado, está la opción estética. Directores consagrados como David Lynch, Michael Mann, Francis Ford Coppola o Brian De Palma ya se han servido de la nueva tecnología para hacer sus más recientes películas. La otra vertiente es la ya comentada facilidad que tienen los nuevos directores para hacer películas de forma más fácil. Aquí entra El rumor de la arena, que cuenta con un presupuesto de tres mil euros. Sí, sólo tres mil. Y que, además, tendrá el premio de ser exhibida comercialmente. Eso sí, de manera casi marginal. Y coincidiendo con uno de los blockbuster más esperados de los últimos años.
Las claves que han hecho posible este pequeño milagro: un equipo que se puede contar con los dedos de una mano (sin cobrar, por supuesto), dos cámaras digitales (una que ya tenían, y otra prestada), y mucho esfuerzo e ilusión. Además de la inestimable y desinteresada colaboración de los protagonistas del documental, género en el que resulta más sencillo contar con la participación altruista de la gente.
"El mérito de estos jóvenes cineastas, se multiplica por varios enteros. Se embarcan en una aventura amateur, y se ofrecen voluntarios para divulgar entre el público esta realidad que tan pocas atenciones recibe. Y lo hacen de forma ejemplar. Sin duda, estamos ante un potencial material educativo de primera magnitud"

Un documental, no se crean lo contrario, que es muy ambicioso. Pretende, nada más y nada menos, que contar la Historia del Sáhara Occidental en las tres últimas décadas. Ahí es nada. Un tema en el que España ha tenido (y tiene) mucho que decir, y en el que nuestro(s) Gobierno(s) miran hacia otro lado, de forma lamentable. La situación de aquel pueblo sigue siendo dantesca, 30 años después de dejar de ser colonia española, y pasar a manos de Marruecos. La (mala) conciencia nacional ha hecho que afloren múltiples asociaciones amigas de los saharauis. Pero incluso entre ellos, existe un gran desconocimiento de lo que realmente ocurre. Eso, por no hablar de la inmensa mayoría de la población.
Tampoco nuestro cine se ha preocupado demasiado en recordar los acontecimientos que se vivieron, y todo el calvario posterior. Así, el mérito de estos jóvenes cineastas, se multiplica por varios enteros. Se embarcan en una aventura amateur, y se ofrecen voluntarios para divulgar entre el público esta realidad que tan pocas atenciones recibe. Y lo hacen de forma ejemplar. Sin duda, estamos ante un potencial material educativo de primera magnitud.
Un material vertebrado en tres ejes. Las inevitables declaraciones de los implicados, son las que ocupan más tiempo. Desde periodistas estudiosos del tema, hasta activistas saharauis, pasando por políticos o españoles que estuvieron en la región, cuando aún pertenecía a España. Todos ellos, hablan sobre el presente, pasado y futuro que espera a este pueblo. No falta la figura de un narrador, cuya voz es acompañada por unas muy valiosas imágenes de archivo, que ilustran muy gráficamente lo que se nos cuenta. Y, poniendo el toque más humano y cercano, tenemos la historia de la familia rota por el exilio, y que se reencuentra muchos años después.

Con las evidentes limitaciones que presenta la película, el resultado es más que satisfactorio. El problema que plantea la supuesta democratización del cine, es el escaso margen de maniobra que deja un presupuesto ajustado. No existe un arte tan colectivo, ni tan caro. Claro que, como defendía Michel Gondry en Rebobine, por favor; cualquiera puede coger una cámara, y hacer su película. Pero para ello, hace falta valentía, pasión y entusiasmo a raudales. Al final, sea cual sea el medio, depende de eso.
En el cine, existe el problema añadido de que los medios son básicos para conseguir el fin. Por lo tanto, hay que estar dispuesto a aceptar muchos reveses que se escapan al control de los creadores. Jesús Prieto y Daniel Iriarte se han atrevido, y ¡de qué forma!. Sólo por ello, merecen un enorme aplauso. Si, además, su obra no desmerece en nada a otras similares (y más "profesionales"), no queda otro remedio que quitarse el sombrero ante ellos. Aunque el sombrero del que se hablará en las próximas semanas, sea otro bien distinto.
Manuel Barrero
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