El sabor de la sandía (The Wayward Cloud) - crítica | Cine Kane 3

El sabor de la sandía

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Sinopsis

En un tiempo de fuerte escasez de agua, los espacios televisivos se dedican a instruir acerca de los diversos métodos para ahorrarla al tiempo que promueven la ingestión de zumo de sandía en su lugar. Sin embargo, todo el mundo tiene sus propias soluciones cuando se trata de encontrar agua.

Shiang-Chyl coge botellas vacías y las llena de agua robada de los aseos públicos. Mientras tanto, Hsiao Kang, ahora actor porno trepa el tejado en plena noche para bañarse con el agua que pueda lograr en los depósitos.
Sobrevivir es duro, pero el aislamiento es imposible de llevar. Shiang-Chyi conoce por casualidad a Hsiao-Kang cerca de su apartamento. Ella recuerda haberle comprado un reloj cuando él trabajaba como vendedor en la calle. Ahora es una estrella del porno, pero ella todavía no lo sabe...

  • País:Taiwán/Francia
  • Año:2005
  • Estreno:25 de noviembre 2005
  • Duración:1h.54min.
  • Titulo original:The Wayward Cloud
  • Distribuidora:Lauren

Intérpretes

Kang-sheng Lee Hsiao-Kang
Shiang-chyi Chen Shiang-chyi
Yi-Ching Lu Madre
Kuei-Mei Yang Actriz porno
Sumomo Yozakura Actor porno

Ficha Técnica

Dirección y guión Tsai Ming-liang
Fotografía Liao Pen-jung
Producción Bruno Pésery
Montaje Sheng-Chang Chen

Crítica

Canciones para después de un apocalipsis

Roberto Cueto

Por mucho que sea referencia del cine actual, el director de origen malayo Tsai Ming-liang continúa siendo un desconocido en España. Quizá su cine es demasiado bizarro para unas distribuidoras empeñadas en traernos esteticistas historias de arrozales, monjes tibetanos y camellos que lloran. Sólo una retrospectiva en la pasada edición del Festival de Cine de Gijón y ciclos en algunas filmotecas (como la valenciana o el Centro Gallego de Artes de la Imagen) han permitido el acceso del público español a su obra.

Ésa es la (triste) razón de que la primera película de Tsai que llega a nuestras pantallas sea la séptima, ni más ni menos. Algo más grave en este caso, ya que sus anteriores títulos forman parte de una saga de la que El sabor de la sandía es, por ahora, la última entrega. Desde Rebels of the Neon God (1992), Tsai nos ha ido contando la peculiar biografía de Hsiao-kang, personaje siempre interpretado por el impávido y entrañable Lee Kang-shen: el binomio actor-personaje tiene su obvio paralelismo en el Jean-Pierre Leaud-Antoine Doinel de Truffaut, pero el relato de la peripecia vital de Hsiao-kang es mucho más esquivo, extraño y fascinante.

El título español El sabor de la sandía poco tiene que ver con el título internacional con que se conoce la película en el resto del mundo civilizado: The Wayward Cloud, o sea, La nube errante. Semejante dislate huele a estrategia para vendernos la película como otra fábula zen perfecta para quemadores de incienso y asiduos a cursos de relajación, como si la sandía fuera tan maravillosa como la papaya verde, las cerezas y el té en otoño. Nada de eso: la sandía de Tsai es pringosa, algo repulsiva y se ha convertido en triste sustitutivo del sexo en una sociedad enferma.

"Si a estas alturas, todavía hay quien piensa que romanticismo y porno son incompatibles debería ver el rotundo y hermoso final con que Tsai cierra la saga de su héroe Hsiao-kang"


La película continúa las anti-aventuras de Hsiao-kang tal y como lo dejamos en sus anteriores apariciones, en la preciosa What Time Is It There? (2002) y en el cortometraje The Skywalk Is Gone (2002): tras haberse enamorado de una joven que se ha marchado a París, el joven se hace actor porno mientras ella, ya de vuelta, intenta encontrarlo por las calles de un Taipei convertido en laberinto no por cotidiano menos temible.

El sabor de la sandía continúa esa macro-película que Tsai viene rodando desde hace 13 años, pero formalmente se acerca a la estrategia empleada en una de sus obras más delirantes y absorbentes, The Hole (1998). En ella el retrato de una sociedad donde no cesaba de llover y en la que los seres humanos se convertían en cucarachas venía puntuado por canciones sentimentaloides que sacaban a la luz los monólogos interiores de unos personajes cuya capacidad de verbalización había quedado misteriosamente mermada. En El sabor de la sandía nos encontramos en cambio con un Taipei asolado por una misteriosa sequía, que no sólo es física, sino también sentimental. La única vía de escape son unos números musicales absolutamente demenciales donde el atrezzo (sombrillas, disfraces, vestuario y maquillaje) alcanza el rango de broma pesada o mal sueño provocado por una indigestión.

El sexo mecánico de unos rodajes de películas pornográficas que nunca fueron tan idiotas e incoherentes se convierte en motor para el retrato de unos malabaristas del deseo a la búsqueda de su primera (o última) oportunidad. Personajes retratados con estética de acuario, a través de largos, larguísimos, planos sin movimiento de cámara que les dan tiempo para moverse, mirar, comprender y sufrir. La aparente frialdad es, en realidad, contenida emoción que nos demuestra que el demiurgo Tsai también empatiza, comprende y sufre con sus criaturas, hasta llegar a una épica redención final que es también redención de la imagen pornográfica. Y es que si, a estas alturas, todavía hay quien piensa que romanticismo y porno son incompatibles debería ver el rotundo y hermoso final con que Tsai cierra la saga de su héroe Hsiao-kang. Sólo por el momento, esperemos...

Crítica publicada en el número 3 de Kane3 (diciembre 2005)

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