El viaje inmóvil, "La terminal" - cine | Kane 3

El viaje inmóvil, "La terminal"

Tengo que empezar con una confesión, me encantan los aeropuertos, por eso no puedo ser imparcial al juzgarlos. Ya sé que son fríos, impersonales, incómodos, aburridos... Sí, pero también son observatorios privilegiados para comprobar cómo es la naturaleza humana, microcosmos donde se puede encontrar lo más extraño y, sobre todo, lugares para perderse entre la multitud, gracias al anonimato que se logra con la uniformidad.

Por Jorge Gorostiza

La terminal (Steven Spielberg, 2004). Disponible en DVD (Universal)
La terminal (Steven Spielberg, 2004). Disponible en DVD (Universal)

El protagonista de La terminal, Viktor Navorski (Tom Hanks), es un hombre aislado en medio de un enorme edificio, sin poder salir de él, como si fuera un ser abandonado en una isla desierta, como el Chuck Nolan (también Tom Hanks) de Náufrago (Cast Away, Robert Zemeckis, 2000), su azarosa aventura se inspira en la vida del iraní Merhan Karimi Nasseri, que vive en la Terminal 1 del Aeropuerto Charles de Gaulle desde 1988. El tema no es nuevo, hay otra película inspirada en la patética situación del iraní, En transito (Tombés du ciel, Philippe Lioret, 1993) y varios documentales, así como otras cintas en las que los personajes permanecen atrapados en aeródromos, como Hotel internacional (The V.I.P.s., Anthony Asquith, 1963) y Jet Lag (Décalage horaire, Daniele Thompson, 2002).

Dos plantas

El aeropuerto de La terminal tiene dos plantas unidas por escaleras mecánicas y ascensores, los exteriores se rodaron en el Mirabel Airport, de Montreal, usado en su momento por pasajeros, pero actualmente un aeropuerto sólo para carga. La película sucede en el JFK neoyorquino, pero en realidad era imposible rodar en escenarios naturales, por eso el diseñador de producción Alex McDowell creó un decorado con una superficie de 18.000 metros cuadrados, construido por 200 personas durante unas 20 semanas. Su estructura era de acero, con ventanas de cristal y tenía 5.600 metros cuadrados de pavimento de granito pulido, muy brillante, que ocultaba una enorme infraestructura de cables eléctricos y fibra óptica que servía para conducir la electricidad a todo un decorado, que entre otros elementos tenía cuatro ascensores operativos.

En el interior había 35 establecimientos pertenecientes a conocidas franquicias como Bookstone, Burger King, Dean and Deluca, Discovery Store, Hugo Boss, La Perla, Starbucks y Swatch, que fueron invitadas por Dreamworks para que construyesen sus tiendas con los equipos que habitualmente lo hacen en los aeropuertos, incluyendo sus propios elementos decorativos, productos, así como hornos, cajas registradores... El contrato con Dreamworks no incluía que aparecieran en pantalla, por lo que algunos se asombraron al comprobar que en el montaje final su marca aparecía brevemente o no llegaba a verse en la pantalla.

Lo más interesante de este decorado, más que sus dimensiones y grado de fidelidad exaltadas por la productora para asombrar al público, es que en realidad todo él estaba edificado dentro de otro edificio, un hangar militar de Palmdale (California), por lo que se producía un curioso efecto al comprobar cómo lo que pretende ser un no lugar, está dentro de otro espacio que en realidad también es otro no lugar. Se está construyendo un espacio falso con las mismas dimensiones que el real, para imitarlo, en vez de rodar en el propio espacio verdadero. Esto no es nuevo, basta recordar los grandes estudios donde se edificaban numerosos espacios para poder filmar con comodidad.

Un aeropuerto es una edificación con dos fachadas principales, la del aire, la de los fingers que conducen a los aviones; y la de tierra, por donde llegan los automóviles y autobuses. El interior es sólo un ámbito de tránsito, que antiguamente era sólo un conjunto de espacios diáfanos llenos de incomodísimas butacas y ahora es un centro comercial como otros, con todo tipo de incentivos para que los pasajeros consuman todo lo posible antes de volar.

En La terminal el edificio se divide en tres partes, una es por la que transitan los pasajeros, un espacio lleno de los mismos establecimientos que se pueden encontrar en cualquier ciudad occidental; la segunda está oculta y en obras, en ella duerme Viktor escondido y es un lugar más íntimo al que sólo tienen acceso él y algunos trabajadores del aeródromo; la tercera parte es la del poder, da lo mismo donde esté físicamente, porque lo importante es que a través de las cámaras controla todo el espacio. La terminal es una metáfora de nuestra sociedad, compuesta por los espacios públicos, los privados y por ese ente que todo lo ve, algo que, como un dios, todo lo sabe y en todo puede intervenir, algo que se supone que es una garantía para los ciudadanos, pero que tiene todas las facilidades para convertirnos a todos en prisioneros vigilados en cualquier momento.

Lo curioso de Merhan Karimi Nasseri es que, aunque ya puede entrar en Francia o volver a su país, ha decidido permanecer dentro de la terminal. Quizás estos edificios crean en quienes los usan una misteriosa adicción a la que es imposible sustraerse, quizás esa es la razón por la que me gustan tanto los aeropuertos.

Artículo publicado en el número 10 de KANE 3 (julio - agosto 2006)

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