Yvan (Bouli Lanner) ses un cuarentón con bastantes malas pulgas que se dedica a la compra-venta de coches de época. Una tarde, descubre en su casa a un joven drogadicto, Elie (Fabrice Adde), que ha entrado para robarle. En condiciones normales, Yvan le habría dado una buena zurra al ladronzuelo pero por alguna extraña razón se apiada de él y acepta llevarle a casa de sus padres, en algún lugar cerca de la frontera con Francia, con un viejo Chevrolet con el que recorrerán Bélgica.
Así comienza el trayecto de estos dos inadaptados a través de un territorio extraño, decorado con verdes colinas, inmensas praderas, casas pérdidas y campings abandonados, en el que se cruzarán con gentes de una singularidad imposible hasta conseguir, finalmente, llegar a su destino final.
| Bouli Lanners | Yvan |
| Fabrice Adde | Elie |
| Philippe Nahon | El coleccionista |
| Françoise Chichéry | Madre de Elie |
| Dirección y guión | Bouli Lanners |
| Producción | Jaques-Henri Bronckart |
| Coproducción | Olivier Bronckart, Jérôme Vidal y Arlette Zylberberg |
| Fotografía | Jean-Paul de Zaetijd |
| Montaje | Ewin Ryckaert |
| Música | Koen Gisen, Renaud Mayeur y An Pierlé |

Francisco Algarín Navarro
Bouli Lanners es algo así como el hijo adoptivo del Festival de Gijón. En 2001 participó con el cortometraje Muno, en el 2005 ganó el premio gordo con el largometraje Ultranova. Este año, venció en la Quinzaine des réalisateurs del Festival de Cannes con su nueva película, Eldorado, una road movie al uso protagonizada por dos (supuestos) outsiders.

Quizá, lo único que pueda interesar de una película como Eldorado, sea que el mismo Lanners protagonice el film. Esa transposición de su propio cuerpo y su carisma cumplen una función meramente empática, trastoca la película y la hace discurrir por un sendero (demasiado) fácil de transitar. La línea progresiva queda perfectamente demarcada desde un comienzo: el establecimiento de una cronología en el que dos personajes aparentemente antagónicos irán poco a poco aceptándose y construyendo una forma de vida común.
Lo que estos dos individuos comparten es su cualidad de inadaptados, encontrando una forma de compaginarse en poco tiempo gracias a los despropósitos y las adversidades que irán encontrando por el camino. Sin embargo, estas desventuras no dejan de ser una aventura en la forma de construir la psicología de los personajes por parte de Lanners.
"Un cine que busca en todo momento el exotismo de lo excéntrico, convirtiendo lo singular en convencional y lo aparentemente trascendente en anecdótico"

Así, lo íntimo (el forzado encuentro con los padres aunque el conflicto con el patriarca quede acertadamente más o menos relegado al sonido que permanece en off), va derivando hacia una historia-moraleja en la que aquel que previamente tenía una vida más o menos asentada (Yvan), tratará de llevar a su terreno al yonqui (Elie), trayendo a colación el tema de la culpabilidad de por medio.
Este cruce con el cine de raigambre social y su tradición no es en ningún momento superado. Las reglas no se subvierten en ninguna ocasión, sino todo lo contario: la tendencia de Eldorado, película de carreteras bordeadas por praderas de un verde saturado (impostado catálogo turístico belga), es la de un cine que busca en todo momento el exotismo de lo excéntrico, convirtiendo lo singular en convencional y lo aparentemente trascendente en anecdótico, lo cual, frente a otros films como Tres monos, podría incluso convertirse en una liviana cualidad si no fuera por la simplificación final a la que reduce la bifurcación de ese molde que no acaba de romper.
06/12/2008
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