Douglas Freeman (Jake Gyllenhaal) es un analista de la CIA que tras presenciar el brutal interrogatorio al que somete la policía secreta norafricana a un egipcio-americano, se ve forzado a poner en tela de juicio la misión que le han encomendado.
Anwar El-Ibrahimi (Omar Metwally) es un ingeniero químico egipcio-americano que es sospechoso de participar en un atentado; su esposa, Isabella El-Ibrahimi (Reese Witherspoon), está embarazada y hará todo cuanto esté en su mano por encontrar a su esposo, que al parecer ha desaparecido en un vuelo entre Ciudad del Cabo y Washington, DC.
Para ello contará con la ayuda de un amigo de la facultad que tiene buenas relaciones entre la clase política; Alan Smith (Peter Sarsgaard).
| Omar Metwally | Anwar El-Ibrahimi |
| Reese Witherspoon | Isabella Fields El-Ibrahimi |
| Aramis Knight | Jeremy El-Ibrahimi |
| Rosie Malek-Yonan | Nuru El-Ibrahimi |
| Jake Gyllenhaal | Douglas Freeman |
| Moa Khouas | Khalid |
| Zineb Oukach | Fatima Fawal |
| Yigal Naor | Abasi Fawal |
| Laila Mrabti | Lina Fawal |
| David Fabrizio | William Dixon |
| Meryl Streep | Corrine Whitman |
| Dirección | Gavin Hood |
| Guión | Kelley Sane |
| Producción | Steve Golin, David Kanter, Keith Redmon, Michael Sugar, Marcus Viscidi |
| Producción ejecutiva | Toby Emmerich, Keith Goldberg, Edward Milstein, Paul Schwake, Bill Todman Jr. |
| Fotografía | Dion Beebe |
| Montaje | Megan Gill |
| Música | Paul Hepker, Mark Kilian |

Marcos Méndez
Absolutamente todo en Expediente Anwar (Gavin Hood, 2007) tiene un aire a material sintético, a imagen numérica, a espectáculo trillado, vaciado y vuelto a recomponer. A banalidad y a producto. Como las superproducciones de Edward Zwick, que pretenden una denuncia política y siempre terminan en una deriva ideológica que lo único que pone de manifiesto es la insensatez de los responsables de tamañas calamidades, el filme del sudafricano gravita en torno a la política antiterrorista y sus marcos éticos y jurídicos de actuación a partir del secuestro de un ingeniero químico egipcio-americano, su encierro, la tortura a la que se ve sometido en el interrogatorio y su posterior liberación.

Hace un par de meses la CIA admitía haber empleado torturas acuáticas en tres ocasiones (waterboarding: se coloca un trapo en la garganta del individuo y se vierte agua lentamente, provocando asfixia por ahogamiento) con motivo de los interrogatorios a los supuestos cabecillas de los ataques del 11 de septiembre. Asimismo, la agencia confesaba también haber destruido los vídeos de las torturas y, lo que es aún más sorprendente, su actual director, Michael Hayden, declaró que estos interrogatorios fueron "parcialmente fructíferos".
Como una versión fotoquímica de Hayden, el analista Douglas Freeman (Jake Gyllenhaal con mirada glacial) presencia impertérrito ésta y otras prácticas que se ajustan perfectamente a ese "sufrimiento grave infligido intencionadamente" que se recoge en la Convención contra la Tortura de la ONU. Conforme avanza la película (y la tortura) el agente no encuentra lo que busca por ningún lado, así que decide investigar al sospechoso por medios más convencionales y, al final, liberarle clandestinamente tras cerciorarse de su inocencia.
"No estoy diciendo que Expediente Anwar patrocine la tortura, pero es cierto que jamás la niega como tal. Freeman incluso estrangula al sospechoso con sus propias manos antes de darse cuenta de que quizá, y sólo quizá, esté tratando con un inocente"

Son los accidentes de la "rendición extraordinaria", ese proceso utilizado desde la era Clinton por el cual los americanos podrían un día aparecer en nuestro domicilio, taparnos la cabeza con una capucha negra, esposarnos de pies y manos, meternos en un avión y despertarnos en alguna prisión secreta de algún país dejado de la mano de dios (y de cualquier convención pro derechos humanos) después de encontrar evidencias circunstanciales que podrían indicar nuestra vinculación con redes terroristas.
Políticas preventivas al margen, Freeman termina convertido en un héroe que en ningún momento desautoriza la tortura; sólo sus resultados. El edificio que está detrás es mero decorado: Corrine Whitman (Meryl Streep) representa el brazo más duro de la agencia, mientras Isabella (Reese Witherspoon) da vida al daño colateral que entraña todo acto político. Más interesante es la postura de Alan Smith (Peter Sarsgaard), ayudante de un senador que no quiere comprometer su carrera y decide mirar para otro lado.
Como thriller subversivo funcionaba mejor la denuncia a lo grande de Syriana (Stephen Gaghan, 2005) y como película marcadamente liberal tenemos ejemplos más centrados en el cine de Michael Winterbottom. Con esto no estoy diciendo que Expediente Anwar patrocine la tortura, pero es cierto que jamás la niega como tal. Freeman incluso estrangula al sospechoso con sus propias manos antes de darse cuenta de que quizá, y sólo quizá, esté tratando con un inocente. El agente es tan indeseable como su homólogo marroquí, al que la película tilda (por razones obvias) de descerebrado para arriba.

Todo lo demás es un envoltorio para un argumento más que predecible (a la media hora ya nada se nos escapa) y ni tan siquiera los devaneos temporales en la historia del terrorista suicida poseen efectividad alguna para la sorpresa. La fotografía de Dion Beebe (habitual del Michael Mann digitalizado) y la dirección de Gavid Hood (Tsotsi, 2005) son sin duda un buen reclamo para los que buscan imágenes con significado transparente, porque al fin y al cabo Expediente Anwar no es más que un pequeño puzzle infantil.
10/04/2008
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