Los productores y el director de Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005) vuelven a unirse en Expiación, más allá de la pasión, basada en el premiado superventas de 2002.
Inglaterra, 1935. A pesar de la creciente amenaza de la 2ª Guerra Mundial, Briony Tallis y su familia viven como privilegiados en su mansión victoriana neogótica. Toda la familia se reúne para el fin de semana, pero el opresivo calor y las emergentes emociones reprimidas crean una soterrada sensación de peligro.
Briony, una escritora en ciernes, es una chica con mucha imaginación. Una serie de catastróficos malentendidos hace que acuse a Robbie Turner, el hijo del ama de llaves y amante de su hermana Cecilia, de un crimen que no ha cometido. La acusación destruye el amor naciente entre Robbie y Cecilia, además de cambiar el curso de sus vidas.
| Keira Knightley | Cecilia Tallis |
| James McAvoy | Robbie Turner |
| Romola Garai | Briony Tallis (a los 18 años) |
| Brena Blethyn | Grace Turner |
| Vanessa Redgrave | Briony Tallis (mayor) |
| Saoirse Ronan | Briony Tallis (a los 13 años) |
| Patrick Kennedy | Leon Tallis |
| Benedict Cumberbatch | Paul Marshall |
| Juno Temple | Lola Quincey |
| Peter Wight | Inspector de policía |
| Dirección | Joe Wright |
| Guión (basado en la novela de Ian McEwan) | Christopher Hampton |
| Producción | Tim Bevan, Eric Fellner, Paul Webster |
| Producción ejecutiva | Richard Eyre, Robert Fox, Ian McEwan, Debra Hayward, Liza Chasin |
| Fotografía | Seamus McGarvey |
| Montaje | Paul Tothill |
| Música | Dario Marianelli |

Un amor imposible, una mujer atormentada por un error del pasado, y la Segunda Guerra Mundial de fondo. La primorosa novela, escrita por Ian McEwan en 2001, estaba irremediablemente destinada a convertirse en celuloide. El proyecto acabó, finalmente, en las manos de Joe Wright, joven director que debutó en 2005 con Orgullo y prejuicio. Jane Austen adaptada una vez más, en una película de la que poco malo se puede decir. Pero de la que poco sobresaliente se puede destacar. Tan correctísima era en todos sus apartados, como poco atrevida y original era en su concepción y desarrollo.

Expiación se sale muy poco de los cánones marcados para productos de este tipo, con su aureola de calidad. La apuesta se hace sobre seguro, y el filme desprende cierto aroma prefabricado, en el que todo está calculado al milímetro. Wright cuenta con la mayoría del equipo técnico que armó su primera película. Incluso, repite con la omnipresente Keira Knightley, a la que le queda grande el rol de Cee. Pero siendo evidente el error de casting, sería absurdo negar su exquisita corrección técnica. Una ambientación impecable, una espléndida fotografía que marca y diferencia los tiempos, y una bella partitura que acompaña a la perfección.
Incluso, podríamos hablar de cierta brillantez narrativa en la primera parte de la película. El director aprovecha con habilidad la estructura de la novela, y la posibilidad de jugar con los tiempos y los distintos puntos de vista. Al menos, esta primera parte consigue atrapar al espectador, con su vibrante ritmo y su lustrosa apariencia. Aunque, en el fondo, adolece del principal defecto que recorre todo este trabajo: la falta de profundidad. Por el camino se dejan toda la riqueza y la complejidad de los personajes. Especialmente, una adolescente Briony, en cuya mente no conseguimos penetrar. Esos retorcidos, ambiciosos y desbordados pensamientos; que resultan claves en el devenir del futuro de quienes les rodean.
"Y si flaco favor le hace la excesiva pulcritud, a la sexualidad de la pareja, aún se hace más patente el problema cuando nos metemos en el período bélico"

Tampoco, logramos entender del todo a la irascible Cecilia, ni sus motivaciones. O a la sufrida madre. Si por algo destaca el material adaptado, es por su capacidad de llegar al alma de sus criaturas. Nada que ver con el superficial retrato que nos ofrece su versión cinematográfica. La complicación que implica trasladar a imágenes sentimientos tan introspectivos no es poca, pero ahí es donde un buen director debe demostrar su habilidad. Cosa que sí consigue cuando se trata de mostrar el sentimiento amoroso entre Cee y Turner, bellamente expuesto durante todo el metraje. Aunque vuelve a estropearlo en los momentos de tensión sexual, con secuencias tan estilizadas y tan límpidas, que se meten peligrosamente en el terreno del anuncio de perfume.
Y si flaco favor le hace la excesiva pulcritud, a la sexualidad de la pareja, aún se hace más patente el problema cuando nos metemos en el período bélico. Muy significativo es ese plano en el que Turner se encuentra con decenas de cadáveres en un bosque. La simetría de los cuerpos y lo armonioso de la composición, resultan casi indecentes para mostrarnos algo que es todo lo contrario: caos y destrucción.
Otro ejemplo, aun más significativo, si cabe. El larguísimo plano secuencia en la playa. Tan virtuoso, como innecesario. Tan pretencioso y medido, como vacío y falso. Y es que en toda esta segunda parte, el director lleva más lejos aún su incapacidad para transmitir sensaciones. En este caso, la desesperación y el sufrimiento, tanto personal como colectivo.
Sólo en el último tramo, la película recobra un último impulso, que eleva bastante el nivel de lo visto hasta ese momento. Ahí sí, conseguimos colarnos en lo más profundo de una Briony ya madura. Un demoledor final, precedido por un feliz espejismo, que sirve de redención para aquella a la que la culpa no deja vivir en paz. Un terrible error que cambió para siempre la vida de dos personas (incluso la suya), un profundo arrepentimiento, y la necesidad de hacerlo saber al mundo entero. ¿Puede el arte servir como pequeña (o gran) redención?

Siempre me cuesta hablar mal sobre algo hecho con tan buen gusto, y con una factura técnica tan impecable. Pero también me cuesta una barbaridad hablar bien sobre algo tan falto de personalidad, tan poco reflexivo, y tan carente de profundidad. Queda la sensación de que se han desaprovechado gran parte de las posibilidades de una materia prima excelente. Pocos serán los que no disfruten este producto, de alguna manera u otra. Pero menos aún serán los que, en el futuro, mencionen Expiación entre las grande obras del séptimo arte.
Por Manuel Barrero
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