Fernando Fernán-Gómez: Un tímido con mal carácter - cine | Kane 3

Fernando Fernán-Gómez: Un tímido con mal carácter

El pasado 21 de noviembre moría Fernando Fernán-Gómez, uno de los actores-directores-escritores indiscutibles del pasado siglo, y de éste también. A lo largo de su prolífica carrera como actor (más de 200 películas desde aquella lejana Rosas de otoño de 1943 hasta Mia Sarah del reciente 2006) y como director (desde su estreno con Manicomio en 1953, hasta Lázaro de Tormes, finalizada por José Luis García Sánchez en 2001), 63 años de cine han pasado por delante de sus ojos. Todo un pedazo de historia que ha quedado reflejada en su certera mirada, en sus escritos y, sobre todo, en sus manifestaciones. Por eso, hemos querido realizar una modesta pero interesante recopilación de declaraciones de Fernán-Gómez. Hemos preferido dejarle hablar antes que escribir nosotros, dejarle extenderse allá donde nosotros hemos de abreviar, dejar expresar sus ideas sobre el cine, unas ideas tan herterodoxas como aceradas.

Por Rafael Arias Carrión

El cómico y el cine español

"La silla de Fernando" (David Trueba y Luis Alegre, 2006)

Fernando Fernán-Gomez, con sorna y claridad, se describe como actor-cómico: "Yo asociaba la idea de director a la de actor que había llegado a un primer puesto en el cual podía interpretar lo que él quisiera y de la forma que él quisiera más que de la forma que le ordenaran otros. De ahí que yo tuviera estas dos vocaciones, que se pueden considerar paralelas, la de director y actor. Siempre he pensado que entre las dos yo soy en realidad un actor, un cómico, y lo otro es algo superpuesto, algo que he hecho porque me gustaba".

Algo más, mucho más, ha representado para el cine español, como señalaba Jesús Franco, con quien trabajó en Rififí en la ciudad: "Como actor, ha sido y es el mejor de España. Como director, uno de los mejores. Y como escritor, un talento extraordinario. En cuanto a la humanidad de su obra y a la profesionalidad que ha revelado siempre, tanto en los proyectos personales como en los encargos, Fernando Fernán-Gómez tiene mucho que ver con John Ford".

En otro campo, más personal, el guionista Pedro Beltrán señalaba: "Fernando es una de las personas que me han enseñado a pensar en libertad. Mi admiración y respeto por él son infinitos. A la hora de trabajar es extremadamente minucioso y tiene un cuidado exquisito en respetar todo aquello que yo haya imaginado sobre le papel, consultándome para buscar las localizaciones, preguntándome sobre tal o cual vestuario, etc".

Es curioso cómo Fernán-Gómez, aún siendo parte de la historia del cine español, era consciente de la pequeñez del cine español con respecto a otras cinematografías: "A mí me preguntaba un taxista una vez (...) Usted es actor de cine ¿verdad?, con un acento raro (...) Mire, perdone que le haga esta pregunta. Yo soy iraní. Usted podría decirme ¿por qué un país con una cultura tan rica como la española, tiene un cine tan pobre? Mi respuesta fue: Pues mire usted, eso mismo nos preguntamos nosotros (...) Llevamos bastante tiempo insistiendo en hacer cine y no lo conseguimos, no ya unas obras excepcionales sino un estándar y un público estándar, también eso es evidente que no lo conseguimos".

El cine de antes y el de ahora

Bien señalaba la diferencia tan abismal existente entre los mecanismos de producción del cine de antaño frente al de ahora, cuando afirmaba: "En aquella época, si yo interpretaba dos películas, con los ahorros podía producir una. Ahora es imposible que un actor pueda producir una película con sus ahorros. A finales de los años cincuenta, si producías una película, una parte de estos 10 millones eran el crédito, otra parte los diferidos, otra parte eran las aportaciones. Entonces, un señor que no tuviera nada más que dos millones de pesetas -no como ahora, que la gente tiene dos mil millones- y una relativa seguridad de trabajo podía emplear los dos millones en hacer una película, y al año siguiente vivir del trabajo en otra. Así es como pude hacer tres, cuatro o cinco. No más, pero ahora sería imposible."

"La vida por delante" (Fernando Fernán Gómez, 1958)

Aún así, su carrera como director de cine siempre fue una retahíla de frustraciones económicas. "Hice mi primera película, Manicomio, que no gustó, no tuvo trascendencia. No perdimos dinero, pero no ganamos ni una perra gorda. Hice El mensaje, que tampoco gustó y tuvo muy mala crítica. De milagro, como la película era muy barata, se la vendimos a un distribuidor por muy poco dinero, y esto equivalió al coste. El malvado Carabel la hice contratado por Eduardo Manzanos, y ahí no me jugaba ni un céntimo. Luego, como director y a mis expensas hice La vida por delante, que gustó mucho y tuvo muy buena crítica, sobre todo de la crítica madura de la época, de los mayores, a los jóvenes no les gustó tanto. Estuvo seis semanas en el cine Callao, de Madrid, que para entonces era un buen dato, y no gané ni una perra gorda".

"A mí nunca llegó a gustarme del todo la comedia que no tiene contenido de ninguna especie. Me parece, por ejemplo, una obra de arte maravillosa La fiera de mi niña, pero diría de ella lo mismo que del cine de Hitchcock: ¿A estos señores no les importan los seres humanos?"

En ese momento, Fernán-Gomez supo que, como director no se lucraría, y que, para comer, tendría que trabajar como actor día tras día. Señalaba, en este campo, y refiriéndose a sus emolumentos: "Supongo yo que Saura, Querejeta o los catalanes de entonces, si no me llamaban para hacer este tipo de películas, es porque cobraba aproximadamente el doble que los otros a los que llamaban. Pero puedo estar equivocado y por lo que no me llamaban era porque veían más adecuados a estos otros actores. Ahora, un poco más adelante sí me llamaron. Por un lado, Armiñán, por otro lado Querejeta, para hacer las dos películas: la de Erice y la de Saura. A partir de este momento yo ya pasé a hacer este tipo de cine, con mi tipo de salario, digamos, de siempre".

"Y la pregunta: ¿Si te hubieran ofrecido menos tú habrías aceptado? Y mi respuesta clara es: No. Porque cuando Saura hizo La caza, por ejemplo Saura no era Saura. Porque no sabía que Saura iba a hacer La caza, ni que iba a ser este director tan maravilloso, ni nada de eso, sino que habría dicho: hay un muchacho de Huesca que me llama y que pretende que cobre la mitad y además que me arrastre por los suelos y que dispare con una escopeta, y claro, la verdad, sí hoy alguien me pide que en su película próxima trabaje cobrando la mitad, mi respuesta será: No. Hoy también. Si a mí en aquella fecha me hubiera llamado Saura yo le habría dicho lo que le contesté a Buñuel: Mi sueldo es tal. Y habría recibido la respuesta que recibí de Buñuel que fue ninguna, nunca. Luego ya me enteré de que a Buñuel cuando pedía un actor no se le decía la cifra, sino que se le decía: Siendo por usted, maestro, lo que usted diga. A no ser que me digan: Es que mire usted, es un famoso director americano. Entonces, como no me va a ofrecer la mitad sino el doble, pues mi respuesta será sí. Porque a mí me parece muy raro que hoy, me llame, por ejemplo, Almodóvar para ofrecerme la mitad. Si me llama Almodóvar para ofrecerme la mitad, mi respuesta será: No. Lo normal si me llama, será para ofrecerme lo mismo o el doble. Es así".

Reflexión sobre la comedia

Aunque siempre se definió como cómico, vinculaba el género de la comedia con la realidad, pero sin mensajería: "El cine debe ser puro, no debe tener una recámara y no tiene que tener un mensaje... Yo tendría que hacer comedia pero que fuera lo más real posible, lo más cercana posible a mí y que tuviera un contenido... ¿Por qué no decirlo? un contenido moral en el que se viera la intención de convencer a la gente de una manera u otra, de que fuera más buena, de que había que ir por el camino del bien. Y a mí nunca llegó a gustarme del todo la comedia que no tiene contenido de ninguna especie. Me parece, por ejemplo, una obra de arte maravillosa La fiera de mi niña, pero diría de ella lo mismo que del cine de Hitchcock: ¿A estos señores no les importan los seres humanos?

El mundo sigue y El espíritu de la colmena

"El espíritu de la colmena" (Víctor Erice, 1973)

Finalizamos este breve recorrido con impresiones sobre dos películas suyas, una como director, la otra solo como actor. Sobre El mundo sigue, una de sus mejores películas, pero que fue un completo fracaso de taquilla, señalaba: "Quiero decir que sé que hay un arte, una literatura -de la música no me atrevo a decir nada- que son desagradables, y que yo creía que por este camino de una cosa desagradable, pero donde salieran estos problemas tan melodramáticos y tan folletinescos, sí se podía hacer, no digo ya una película, sino una película muy rentable y que tuviera muchos premios. Es lo que yo creía. Y cuando la terminé y la vi, creí que había hecho eso, un melodrama donde la gente iba a llorar, que era impresionante y nos íbamos a enriquecer. Estaba convencido. Hasta que los primeros que la vieron me avisaron de que no iba a entrar nadie en los cines".

"Y hasta cierto punto, que los actores no entiendan lo que les pasa a ellos, a su personaje, se parece mucho a la vida real. Pero, desde luego, lo que se parece del todo a la vida real es que no sepan lo que les está ocurriendo a los demás ni cuál va a ser el desenlace".

Igualmente curiosas son sus declaraciones sobre la película de Erice: "Es una película que me gusta extraordinariamente y que no la entiendo. Pero al decir que no la entiendo es porque como la vida, la vida real, no se entiende, no veo obligatorio que la película se entienda. A Berlanga le divierte mucho contar que cuando me propusieron El espíritu de la colmena, me dio el guión Elías Querejeta, lo leí, no lo entendí y le dije: Mira, antes de seguir hablando de esto, pregúntale sinceramente a ese muchacho, a Víctor Erice, si cree necesario que yo entienda el argumento de esta película para que interprete este personaje. Al día siguiente, me llamó Querejeta y me dijo que ya se lo había preguntado a Erice y que éste le había contestado que no, que no hacía falta que yo lo entendiera. Le respondí que en este caso podíamos llegar a un acuerdo, porque yo ya sabía que se había hecho películas como las de Alain Resnais, en que el director no quería que los actores entendieran lo que pasaba. Y hasta cierto punto, que los actores no entiendan lo que les pasa a ellos, a su personaje, se parece mucho a la vida real. Pero, desde luego, lo que se parece del todo a la vida real es que no sepan lo que les está ocurriendo a los demás ni cuál va a ser el desenlace".

"Rififí en la ciudada" (Jesús Franco, 1963)

Antes de acabar, no puedo despedirme sin señalar la sonrisa triste del cómico, la de aquel que señala que vive en un país que premia mucho al mediocre. Así fue cuando se lo señaló a Jesús Franco y éste recordaba: "Él protagonizó una película mía, un thriller, Rififí en la ciudad, encarnando un policía, lo cual supuso una de las primeras veces que se apartó del género cómico. Pero es lo que pasa en este país, la ignorancia básica, el prejuicio, y por eso la gente no entraba en la película, estaba acostumbrada a ver a Fernando en plan humorístico (...) Y seguramente por eso la película no hizo ni un duro, hecho que motivó que Fernando me dijera unas palabras que nunca he podido olvidar: Jesús, tu película está muy bien, pero alégrate de que haya fracasado en taquilla. Porque en caso contrario te habrían ocurrido dos cosas espantosas. Primero, que todo el mundo esperaría que tu siguiente película fuera igualmente maravillosa, y tanta responsabilidad te tendría obsesionado. Y segundo, recuerda que en España lo mejor que puede pasarte es que te consideren un mediocre, porque así la gente que maneja el dinero te trata con paternalismo y nunca deja de ofrecerte trabajo. En caso contrario, no paran hasta hundirte. Por eso, mientras vivamos aquí, recemos por ser mediocres."

Fuentes utilizadas: la película La silla de Fernando, de Luis Alegre y David Trueba, la entrevista de Jesús Angulo y Francisco Llínás y la recopilación de declaraciones de Carlos Aguilar, recogidas en el libro Fernando Fernán Gómez. El hombre que quiso ser Jackie Cooper (1993), y la entrevista publicada en el número nueve (invierno 1997) de la revista Nickeoldeon.

28/12/2007

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