Lisandro Alonso nos trae una bella y dolorosa película, la intensa Liverpool. Con parecidas intenciones, pero resultado opuesto, la chilena El cielo, la tierra y la lluvia. Ballast es un sólido drama procedente de USA, y Eldorado una roadmovie en clave de comedia. Y fuera de competición, Song of Good, inconexa historia de redención.

Manuel Barrero
Liverpool de Lisandro Alonso
(Argentina/Francia/Holanda/Alemania/España, 2008). Sección oficial.
Comienza Liverpool por el final. Con los títulos de créditos completos, empezando por los agradecimientos. Dando importancia a todos los que han participado en el film. Un detalle que pudiera parecer insignificante, pero que dice mucho sobre la forma de entender el cine.
Estamos ante una dolorosa película, un triste viaje a las raíces. La casualidad del itinerario propicia la vuelta de un marinero al lugar que le vio nacer, para ver a una madre casi olvidada. Vemos a un hombre desubicado que ya no pertenece al mundo terrestre, deambulando por lo que algún día fue su hogar.

Es fundamental la integración entre paisaje y personajes, y Alonso consigue una simbiosis perfecta. Podríamos achacar que haya algún fugaz instante en el que se nota demasiado lo calculado, o la poca verdad que transmite algún personaje transitorio.
Pero llega el brutal encuentro con la madre, uno de los mejores momentos vistos en este festival. Y aún queda una última sorpresa, cuando el director abandona al marinero derrotado para quedarse con las gentes que viven en ese impresionante paraje desolado. Un cine que dice mucho hablando muy poco.
Eldorado de Bouli Lanners.
(Bélgica/Francia, 2008). Sección Oficial.
Eldorado (tráiler)
Bouli Lanners (protagonista de la hilarante Louise Michel) ya fue premiado en Gijón con su ópera prima como director, Ultranova. Ahora vuelve con la que es su segunda película, esta road movie de corto alcance. La amistad surge en un encuentro extremo, un robo en una casa. Asaltante y asaltado pasan en pocas horas de la desconfianza a la camaradería.
Y es que la soledad aprieta demasiado. Así, emprenden un corto viaje en el que encuentran personajes de lo más variopinto, como toda buena película de carretera que se precie. Aunque consiga arrancar alguna sonrisa, esta revisión de las historias de colegas a la fuerza en clave íntima, no acaba de despegar en ningún momento.
Ballast de Lance Hammer.
(EE.UU., 2008). Sección Oficial.
Árida película situada en el Delta del Mississippi. Un retrato más de la América de los desheredados, de los sobrevivientes. Y estamos, una vez más, ante una familia rota que se vuelve a unir debido a la desgracia de un suicidio. Un acercamiento que se produce entre desconfianzas mutuas.
Ballast (tráiler)
Ballast recuerda a Frozen River (vista hace unos meses en San Sebastián); otra película marcada por el entorno (allí era la frontera con Canadá), por la droga, por la familia desestructurada, por las difíciles condiciones, y por la búsqueda de una vida mejor.
Lance Hammer construye un sólido relato; en el que se alternan los momentos desoladores con las pequeñas concesiones a la esperanza, y en el que la coraza de los personajes se va abriendo poco a poco. Con mucho esfuerzo, terminan por entender que la única forma de seguir adelante es buscando el apoyo mutuo.
El cielo, la tierra y la lluvia de José Luis Torres Leiva.
(Chile/Francia/Alemania, 2008). Sección Oficial.
Surge inevitable la odiosa comparación. Coincide esta película chilena con la argentina Liverpool en determinados planteamientos y formas. La prolongación de planos fijos, o la importancia del paisaje y su relación con sus habitantes. Pero en este caso, no hay una verdadera integración entre unos y otros, como sí la había en el film de Alonso. Aquí, los humanos son seres prescindibles, colocados ahí como simples muñecos sin vida.
Nada de lo que les pase nos importa lo más mínimo, y así la película se convierte en una sucesión de bellas postales de la región chilena en la que se desarrolla. Playa, bosque, otra vez playa, árboles, más bosque, el mar... El cielo, la tierra y la lluvia. Y pare usted de contar. Cuando nos encierran en interiores, no hay nada. Y en los exteriores, sigue la nada. Eso sí, bellísima.
A Song of Good de Gregory King.
(Nueva Zelanda, 2008). Sección Oficial (Fuera de competición).

Un allanamiento de morada es el mejor momento que podemos rescatar de una película, que se mueve entre la ternura, el humor y el pesimismo. Su protagonista intenta salir de la espiral drogadicta en la que está inmerso, agarrándose al clavo ardiendo que es su sobrino; ya que su padre o su hermana ya no esperan nada de él.
Típica historia de superación y redención, en la que el personaje se ve lastrado por su pasado, que pesa como una losa cada vez que intenta salir del agujero. Relato deslavazado y poco consistente, y mucho más convencional de lo que sería recomendable.
28/11/2008
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