Copenhague, 1944. Mientras la población danesa desea que la guerra acabe cuanto anes, Bent Faurschou-Hviid (Thure Lindhardt), de 23 años y cuyo nombre de guerra es Flame y Jørgen Haagen Schmith (Mads Mikkelsen), de 33 años y de apodo Citron, ponen sus vidas en riesgo para luchar en el grupo de resistencia Holger Danske que combate clandestinamente a los nazis y a sus colaboradores daneses.
Cuando los nazis entraron en Dinamarca el 9 de abril de 1940, contaban con el apoyo de pronazis daneses y de un gobierno colaboracionista. Flame es un antifascista inveterado que sueña con un contraataque armado. Citron, un hombre sensible que adora a su mujer y a su hija, al principio se limita a actuar como conductor de Flame, pero después se verá cada vez más involucrado en las actividades del grupo.
| Thure Lindhardt | Flame |
| Mads Mikkelsen | Citron |
| Stine Stengade | Ketty |
| Peter Mygind | Winther |
| Mille Hoffmeyer Lehfeldt | Bodil |
| Christian Berkel | Hoffmann |
| Hans Zischler | Gilbert |
| Claus Riis Østergaard | Bananen |
| Lars Mikkelsen | Raven |
| Flemming Enevold | Spex |
| Jesper Christensen | Padre de Flame |
| Dirección | Ole Christian Madsen |
| Guión | Lars K. Andersen, Ole Christian Madsen |
| Producción | Lars Bredo Rahbek |
| Producción ejecutiva | Bo Ehrhardt, Birgitte Hald, Morten Kaufmann, Jørgen Ramskov |
| Fotografía | Jørgen Johansson |
| Montaje | Søren B. Ebbe |
| Música | Karsten Fundal |

Manuel Barrero
Sigue la avalancha de títulos que se ocupan de las múltiples facetas del nazismo. El tremendo sentimiento de culpabilidad que la humanidad ha desarrollado, se refleja también en el cine, que no ha parado de hacer películas-homenaje a aquellos que sufrieron la barbarie. Sin embargo, coinciden ahora en la cartelera española dos películas en las que la víctimas apenas son visibles. La alemana La ola (Dennis Gansel, 2008) dirige su mirada al movimiento nazi, con una tramposilla parábola sobre lo fácil que puede ser resucitar indeseables fantasmas del pasado.

La película que ahora nos ocupa es la danesa Flame y Citron, que se centra en la resistencia que opuso Dinamarca a la invasión alemana. El director se preocupa por ajustar cuentas con la memoria histórica de su país. Sí, hubo resistencia, pero Madsen incide en la escasez y desorganización de la misma. La mayoría de la población miraba hacia otro lado, agachaba la cabeza, o se escondía. Incluso, los habían que colaboraban. Y es que el miedo es un poderoso adversario al que cuesta demasiado derrotar.
Sin embargo, no esperen una profunda reflexión política, la cuestión queda casi como el contexto donde desarrollar una clásica historia de cine negro. Estamos ante una reproducción de esquemas y formas de sobra conocidos, en una nueva revisión del género (las similitudes con L.A. Confidential son abundantes). No hay más que fijarse en la exquisita pulcritud de su puesta en escena y la muy clásica realización.
"Es en esa tensión constante entre lo que está bien o no, en el difuso límite de lo ético; donde la película alcanza sus más altas cotas. En todo lo concerniente a Flame y Citron radica su valor"

Un thriller de impecable factura y acabado, límpido artefacto en el que todas las piezas están perfectamente encajadas. Un puzzle en el que el director juega con el espectador, utilizando todas las armas del género. Mujer fatal, corrupción de altas esferas, combatientes íntegros (al estilo poli bueno/poli malo) y las engañosas apariencias.
Engañosas, excepto con esos dos héroes torturados, convencidos y eficientes miembros de la resistencia. Los dos personajes más transparentes, los que cargan con el peso de la película, y los que más complejidad aportan (con sus dilemas, tanto exteriores como interiores). La disección sobre la invasión queda relegada a un segundo plano, pero ganamos un sólido retrato de dos humanos en situación límite.

Tan al límite que acaban por aniquilarse a ellos mismos, en un proceso de profunda deshumanización. Uno se disfraza de frialdad, aunque no pueda evitar alguna fuga de sentimientos. El otro, incapaz de soportar su propio papel, destrozado por no poder ser el tranquilo hombre de familia que le gustaría ser. Ambos sufren su responsabilidad de forma diferente, pero ambos acaban convertidos en algo muy cercano a un muerto viviente.
A este conflicto interno, se une el terrible descubrimiento del fraude que son sus superiores. Un duro golpe que aun les hace replantearse con más dudas qué sentido tiene la lucha que llevan a cabo. Sin embargo, el camino escogido ya no tiene vuelta atrás, y ambos seguirán en él hasta las últimas consecuencias. La integridad y la coherencia ante todo, y a pesar de todo.
Es en esa tensión constante entre lo que está bien o no, en el difuso límite de lo ético; donde la película alcanza sus más altas cotas. En todo lo concerniente a Flame y Citron radica su valor. Lo que gira alrededor de ellos, sólo son juegos de espías ya muy vistos. Todo aderezado con una muy lustrosa narración y una voz en off que le debe mucho al Scorsese de Casino. Pero sin conseguir, ni de lejos, transmitir la fuerza y veracidad que transmiten las creaciones de Thure Lindhardt y Mads Mikkelsen.
04/01/2009
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