Como en un cuento de hadas, Waris Dirie, nacida en Somalia entre pastores nómadas, se convirtió en una de las modelos más solicitadas de la época. Recorrió un camino fascinante hasta pisar las pasarelas más famosas y ser portada de las mejores revistas de moda.
A los 13 años huyó de una boda de conveniencia y anduvo días por el desierto antes de llegar a Mogadiscio. Allí, sus parientes la mandaron a trabajar como criada a la Embajada de su país en Londres, donde pasó la adolescencia sin saber leer ni escribir. Antes de volver a un país destrozado por la guerra, prefirió permanecer ilegalmente en Londres y trabajar de dependienta. Un día, mientras trabajaba en un restaurante de comida rápida, fue descubierta por el famoso fotógrafo Terry Donaldson.
Film basado en la autobiografía Flor del desierto (1997) de Waris Dirie. En 1997 fue nombrada embajadora especial de las Naciones Unidas de África y en 2002 crea la Fundación Waris Dirie, una organización sin ánimo de lucro que lucha por combatir la práctica de la mutilación genital femenina.
| Liya Kebede | Waris Dirie |
| Sally Hawkins | Marylin |
| Craig Parkinson | Neil |
| Timothy Spall | Terry Donaldson |
| Juliet Stevenson | Lucinda |
| Anthony Mackie | Harold |
| Meera Syal | Pushpa |
| Soraya Omar-Scego | Waris de niña |
| Dirección y Guión a partir de la novela autobiográfica de Waris Dirie | Sherry Horman |
| Producción | Peter Herrmann |
| Coproducción | Martin Bruce-Clayton, Gerhard Hegele, Benjamin Herrmann, Wolfgang Jurgan, David Kelly, Danny Krausz, Til Schweiger y Barbara Seiller |
| Fotografía | Ken Kelsch |
| Montaje | Clara Fabry |
| Música | Martin Todsharow |
| Diseño de Producción | Jamie Leonard |

Nuria Dufour
No debe de ser fácil trasladar a la pantalla la vida de un personaje que él mismo ha relatado sin caer en complacencias con la figura retratada. Y más difícil todavía debe de ser cuando el personaje a inmortalizar está también implicado en las labores de escritura y producción, como es el caso de la modelo Waris Dirie, la protagonista de la novela autobiográfica que ha adaptado Sherry Hormann, directora con una larga trayectoria en producciones televisivas.

El contenido dramático de Flor del desierto tiene demasiada paja y es tan políticamente correcto que el resultado perjudica la acción al pasar esta de puntillas por el tema que justifica la proyección internacional, más allá del glamour de las pasarelas, de su protagonista: la ablación, de la que fue víctima. Una práctica brutal que lleva siglos vulnerando los derechos humanos de niñas indefensas, futuras mujeres invisibles en África, pero también en Europa, en América y en Asia.
El guión se limita a detenerse en las pequeñas anécdotas edulcoradas del callejear de una pretty woman que gracias a un físico espectacular, una carambola del destino (aquello de estar en el lugar oportuno en el momento adecuado) y a alguna que otra circunstancia del azar llegó a convertirse en una top model. Después, fue distinguida con el título de embajadora especial de Naciones Unidas cuando, tras revelar en una entrevista su terrible experiencia personal, Kofi Annan, el entonces Secretario General, la invitó a recorrer el mundo para concienciar a la sociedad internacional y dar asistencia a las mujeres que la habían padecido.

A finales de los 90, Waris Dirie, convertida ya en portada de las revistas de moda de referencia y harta de repetir su idealizado cuento de cenicienta, decidió desvelar el secreto que viajó con ella de Somalia a Londres. Necesitaba curar su vergüenza y denunciar un rito deplorable que durante mucho tiempo creyó iba implícito en el hecho de ser mujer (la secuencia en la que Waris descubre a su amiga lo que de niña hicieron con su clítoris, no despierta la intensidad emocional pretendida).
Se nota que a Hormann le (con)mueve el tema matriz de la película, pero ha preferido abordarlo sin mucho hurgar, como si tuviera reparos en mostrar abiertamente la tremenda realidad que a diario viven seis mil niñas en el mundo, introduciendo, en su lugar y a modo de bálsamo, diálogos graciosillos y situaciones inverosímiles. Sólo una secuencia explícita, desgarradora, escalofriante. El resto empalaga. De igual modo se ha desdramatizado la vida de los inmigrantes en Inglaterra, mostrando incluso una sanidad pública idílica.
"El contenido dramático tiene demasiada paja y es tan políticamente correcto que el resultado perjudica la acción al pasar esta de puntillas por el tema que justifica la proyección internacional, más allá del glamour de las pasarelas, de su protagonista: la ablación, de la que fue víctima"

Y la película tampoco logra hacer las veces de testimonio. Precisamente al no abrir la herida, Flor del desierto no es el altavoz que habría podido ser si el texto no se hubiera rendido únicamente a celebrar a su protagonista. La historia de Waris Dirie llevada a la pantalla es un cuento de hadas y, como tal, está contado.
Waris nació en Somalia, en el seno de una numerosa familia de pastores nómadas. Desde pequeña se rebeló contra un destino que su padre y tradiciones primitivas habían escrito para ella. A los tres años sufrió la mutilación de sus genitales y a los trece le ordenaron casarse con un hombre que podría ser su abuelo. Ante ello, Waris huye a refugiarse a casa de sus parientes maternos cruzando durante días el desierto. La abuela, una mujer poco tradicionalista, sabiendo de los peligros que corre la nieta, le facilita viajar a Londres para servir en la embajada somalí, donde permanece durante siete años. Analfabeta y solitaria, desconfiada e introvertida, Waris decide permanecer en la capital británica como ilegal hasta que es descubierta por un prestigioso fotógrafo de moda. Que la identidad de Waris Dirie tomara dimensiones públicas era ya solo cuestión de tiempo.
Personajes uniformes, unos extremadamente favorables porque sí, otros extremadamente hostiles sin razones que justifiquen tales actitudes, al servicio de una narración literaria y plana, salpicada con varios flashbacks, a destiempo, que ni fluye, ni interesa, ni emociona. Otra biopic privada de hechuras cinematográficas, más próxima a los irrelevantes telefilmes de sobremesa.
15/03/2010
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