Gabriel Velázquez: "La soledad es la gran enfermedad del siglo XXI" - cine | Kane 3

Gabriel Velázquez: "La soledad es la gran enfermedad del siglo XXI"

Después de varios cortos, y la codirección (junto con Chema de la Peña) de Sud Express, Gabriel Velázquez realiza su primer largometraje en solitario. Amateurs, una arriesgada película presentada en la pasada edición del Festival de San Sebastián, que compitió en la Sección de Nuevos Realizadores. Una película de tremenda honestidad que narra la extraña relación que se establece entre un señor mayor de Vallecas y una joven marsellesa. El director nos habla de, la que para él ha sido, esta grata experiencia.

Por Manuel Barrero.

—En sus orígenes, este era un proyecto coral, ¿cómo ha evolucionado hasta convertirse en la película que al final ha sido?

—Esto empezó en el año 2003, cuando yo vivía en un edificio de Antón Martín, y debajo vivía Blanca, la coguionista, que en aquellos momentos quería ser guionista. Era una chica que había estudia Filología, y me dijo "pues yo quiero ser guionista". Yo acababa de producir De Salamanca a ninguna parte, y le dije "pues bueno, voy a escribir algo contigo". Todo empezó como un ejercicio, una comedia coral, porque nos habían rodeado el edificio de andamios, y estuvimos conviviendo con los obreros durante varios meses. Y era una comedia coral, con los obreros y los inquilinos... Se acabó el guión, y bueno, ahí estaba. En ese proceso, yo hice Sud express con Chema, que fue algo mágico. Porque íbamos a hacer un documental, pero al empezar a localizar vimos que había tantas situaciones y tantos personajes que molaban, que lo convertimos en película. Buscamos el lado humano. Eso me llegó al corazón, y yo ya no quería hacer una comedia. Es más, muchas veces tocando el lado humano, te sale mucha más comedia que intentando hacerla. Con lo cual, le dije a Blanca que quería desnudar esto y lo otro... Así pasó de ser una comedia coral a ser una comedia social, y acabó en un drama humano, en el que desapareció el tema social. Me encantó que quedara una película con dos personajes principales y otros dos al lado. Era una apuesta bastante dura y difícil de sacar, pero me apetecía mucho.

—Y al ver el resultado final, ¿crees que habéis acertado?

—Sí, estoy muy contento. Porque cuando enseñabas el guión, la gente no se lo imaginaba, o pensaba que sería todo más cursi. El guión está bien, es arriesgado, pero al ver la película, es que hemos conseguido mejorarlo. Al menos, hacerlo diferente.

—¿Crees que en el mundo hay demasiada gente como Blanca y Nieves, en busca de amor? ¿Es un mal generalizado?

—Hoy en día, las familias ya no son como antes, que eran numerosas, con los abuelos... todo el mundo vivía en casa, y no te sentías solo nunca. Hoy en día, las familias son de dos hermanos, y cada uno vive en una ciudad. Estás solo, o muchas veces te sientes mucho más solo que antes. Ahora pasa que los amigos duran muchísimo más que antes. Antes cada uno tenía su familia y desaparecía, pero ahora se estira mucho más la amistad. Las parejas se rompen... entonces hay muchos momentos de soledad. Y a todas las edades. Hay mogollón de niños en centros de acogida. Es algo que está pasando, y creo que es la gran enfermedad del siglo XXI, la soledad. Yo relaciono la soledad con la falta de amor. Entonces, estos dos personajes se sienten solos porque necesitan amor.

—Por cierto, que los personajes se llaman Blanca y Nieves, ¿es algo casual o está buscado?

—Sí, es casual. Habíamos pensado hacer alguna broma con esto, pero al final no. Lo de Nieves fue porque cuando yo trabajé hace muchos años en el Festimad me decían: "Nieves se encarga de la basura". "Nieves se encarga de la limpieza", y cuando conozco a Nieves era un señor de 50 años, que le llamaban Nieves. Me hizo tanta gracia que quise meterlo. Y Blanca, simplemente, porque a la niña la veo y me apetece llamarla Blanca, así rubita...

—Un salmantino captando la esencia de Vallecas, ¿por qué escogiste ese barrio?

—Porque es un barrio que conoces de toda la vida, que tiene nombre y me gustaba. Pero no sólo eso. Es que al empezar a localizar, encontré de todo. Paisajes superduros y ruinosos, paisajes abiertos y preciosos, una calle que parece la Gran Vía... La gente es maravillosa, tiene un sentimiento de barrio alucinante, han ido todos a hacer el casting, a Paco lo descubro en un parque...

—¿Por qué decides que el padre esté en el matadero?

—Era un pequeño guiño. La madre muere sepultada con pescado, y la niña ya no quiere comer pescado; y el padre se supone que ha muerto bajo dos toneladas de carne, y la niña ya no come carne. Era una pequeña broma de guión. Pero aparte, me gustaba que fuese duro.

"A Paco lo encontré en la calle, jugando a las cartas. Fue también mágico, porque no lo encontraba, no lo encontraba, no lo encontraba... Yo quería un rostro especial. Hicimos pruebas a actores profesionales y todo, pero no lo veía. Y bueno, lo encontré a él, y me quedé alucinado"

—Habláis del término amateur, como alguien que es un aficionado, que mantiene una relación desinteresada con lo que ama. En este sentido esta es una película muy amateur...

—Sí, amateurs engloba todo. Es una palabra francesa, y la niña viene de Francia; los dos se apuntan en la San Silvestre en la categoría de amateurs. Amateurs es amante de, ser aficionado a... es la primera vez que ellos dos van a encontrar ese amor, son principiantes en el amor. Es que lo engloba todo. Todos los actores son amateurs. No había mejor palabra para hacer la película.

—Y el equipo...

—No eran amateurs, pero los cambié de puestos a casi todos. La gente se quedaba alucinada.

—En ese sentido también es amateur, y se nota que hay mucho amor en la película.

—Sí, sí.

—Cuéntanos cómo fue el proceso de elección de actores.

—Lo primero que empecé a buscar, que era lo que más me preocupaba, fue a Blanca, porque tenía que ser una niña francesa, que hablase español, pequeñita atlética... o sea, que era complicadísimo. Así que empecé a buscar por el Liceo Francés y encontré a varias que podían ser, me quedé tranquilo. Aun así, pedí que me hiciesen un casting en Marsella, me vi a 30 chicas en un día, y dos de ellas podían valer bastante. A la última que vi, a Emilie, era una chica de París que rodaba una serie en Marsella. Entonces, nos colamos en la serie, y en un descanso nos pusimos a hacer las prueba. Llegó el asistente del director, porque habíamos parado el rodaje, y nos echaron una bronca... Al día siguiente yo quería hacerle prueba, pero ya tuvimos que quedar en la calle. Y a Paco lo encontré en la calle, jugando a las cartas. Fue también mágico, porque no lo encontraba, no lo encontraba, no lo encontraba... Yo quería un rostro especial. Hicimos pruebas a actores profesionales y todo, pero no lo veía. Y bueno, lo encontré a él, y me quedé alucinado. Aunque luego me costó ensayar con él...

—A mí me parece que es la decisión más arriesgada. Es cierto que corporalmente transmite mucho, pero cuando habla deja una sensación extraña. ¿No teníais miedo de que el público se saliera de la película cuando lo escuchara?

—A mí me daba igual. Como yo estaba tan enamorado, es que me daba igual. Es que es un señor así, que no tiene ni que hablar, y que habla así, pues me da igual. Pero es que al final, se le entiende muy bien. Pero vamos, que está muy currado.

—Su relación con Guti es muy cómica, a pesar del trasfondo muy amargo. ¿Buscabais ese efecto cómico?

—Walter Matthau y Jack Lemon. Es el primer momento que empieza a haber un poco de sonrisa en la película. Y es que es duro, el uno está diciendo que está solo y que se quede; y el otro no, que se tiene que ir... o sea, que es un cabrón. Pero luego se quieren, o sea, es un amor-odio. A mí me encanta cuando le está despidiendo, y dice "si estuviese tu padre, esto no me lo diría". Es que ahí se ve todo lo que hay. Que es una relación de muchos años.

"Me gusta muchísimo Rosales, me gusta también La influencia, me gusta Albert Serra, Isaki Lacuesta. Un cine que a mí me mola, y estamos ahí a un nivel de la leche. Luego el cine comercial, a veces acierta, a veces no acierta"

—¿Cómo se levanta un proyecto tan arriesgado como éste?

—Con mucha paciencia, buscando dinero aquí, dinero allá. Primero me dieron una subvención del programa Media, para desarrollar el proyecto, que eso te da un poco de espíritu. Luego, me dieron una subvención del Ministerio de Cultura, y luego la Junta de Castilla y León, y luego el Gobierno de Aragón. Bueno, pues poco a poco. Esto es como el efecto dominó. Una vez que cae una ficha, empiezan a caer todas. Pero hasta que no cae la primera, es un tiempo de espera muy duro.

—Y ahora con la crisis, ¿cómo ves la perspectiva?

—Mal, mal. O sea, no lo veo mal, lo veo con optimismo, pero complicado. Yo, por lo menos lo que sí tengo, es que soy capaz de levantar proyectos con muy poco dinero. Para el próximo proyecto, ya lo tengo todo. De día, exteriores, pocos actores, con niños, y que no tengan ni que hablar. Y que lo pueda hacer en dos semanas.

—Empezaste en la producción, ¿tenías claro que ibas a acabar dirigiendo también?

—No, fue casualidad. De repente me dieron una subvención para hacer un corto, y lo hice supersencillo. Me dieron mogollón de premios, gustó muchísimo. Y dije, bueno, pues no se me da tan mal. Y para adelante. Pero no he estudiado cine ni nada, nunca.

—En cuanto a la salud del cine español, en general, ¿crees que está tan mal, que la calidad es tan baja?

—El cine comercial español hay años que acierta, y este año no ha acertado. Pero hay un cine que está haciendo gente nueva, muy bueno. Me gusta muchísimo Rosales, me gusta también La influencia, me gusta Albert Serra, Isaki Lacuesta. Un cine que a mí me mola, y estamos ahí a un nivel de la leche. Luego el cine comercial, a veces
acierta, a veces no acierta.

—¿Cómo ha resultado el paso por el Festival de San Sebastián?

—Alucinante. Yo sabía un poco lo que era, porque ya había estado con Sud express. Pero me ha sorprendido, porque la reacción del público ha sido tres veces más que con Sud express. No me lo esperaba. Iba acojonado, y me quedé alucinado en las tres proyecciones. Entonces, bueno, sé que comercialmente no va a ser el mismo público, no sé que pasará. Pero que me quiten lo bailado con San Sebastián.

—¿Qué esperas del paso por la salas de la película?

—Espero que pase con dignidad, y que haya un boca a boca. Que se mantenga, y que guste.

—¿Qué tal la experiencia de dirigir en solitario?

—Muy bien. Yo me he sentido en la gloria, porque era el productor, el director... había veces que tenía una presión de la leche, pero he sabido delegar mucho. Y es que me lo he pasado como un enano, no hemos tenido ningún momento de tensión. Me lo he pasado bien, desde el minuto cero hasta el cien. Ha sido una cosa muy extraña, pero me he sentido muy feliz.

21/11/2008

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