Tras su paso por varios festivales, el primer largometraje del donostiarra Gorka Merchán, un relato despejado sobre el conflicto vasco, inicia periplo comercial el próximo viernes 3 de abril. Carmelo Gómez, Emma Suárez, Juan José Ballesta, Verónica Echegui y Álex Angulo apoyaron la presentación de la película en Madrid. La trama parte de un hecho común: la vuelta a casa de un padre, una madre y su hija después de 10 años de exilio. Txomín Garay, empresario amenazado por ETA quiere despedirse de su hermano Koldo, enfermo terminal. La ideología les enemistó y ahora Txomín es recibido por Gaizka, su sobrino adolescente, como un traidor.

Nuria Dufour
Contar este drama familiar de la manera más real posible es lo que perseguía Gorka Merchán y para ello partió de un guión (Iñaki Mendiguren) que "gustaba mucho, pero que nadie terminaba de dar el paso, hasta que Monfort Producciones (responsable de títulos como Casual day, Savage Grace o Rabia, de próximo estreno) decidió sacarlo adelante". Merchán dedicó cinco años a hacer trabajo de investigación, hablando con gente, de un lado y de otro, que le pudiera dar una visión en primera persona del problema vasco. "Creo que la película tiene verdad y eso se nota", apuntaba.

Rodada en localizaciones de Hernani, Pasajes de San Juan, Hondarribia ,... aunque sin concretar ninguna, el equipo no tuvo problemas durante el rodaje porque, como destacaba Gorka Merchán, "hay ganas de contar muchas cosas". Emma Suárez, que quedó seducida por el director y el guión desde su primer contacto con el proyecto, afirmó que "para la gente afectada no es fácil hablar porque el dolor está ahí" y subrayó haber querido participar en La casa de mi padre para "vivir de cerca lo que siente alguien que está sometido al miedo".
La película, que mezcla el castellano con algo de euskera, no ha sido subtitulada. "Por el contexto se intuye lo que se está diciendo", justificó el productor. A lo que Carmelo Gómez, sobre cuyo personaje se asienta el peso de la historia, añadía "la pelota [vasca] es dura, pero ha sido más duro aprender a hablar el euskera" y, recordando las semanas de fuerte aprendizaje, y entrenamiento, que compartió con Juan José Ballesta, su sobrino en la ficción, se congratuló de pertenecer a un oficio que "es la hostia porque se conoce a gente maravillosa".

De la película esperan, todos, que "emocione". "Es una gran historia de amor", aunque a veces, señalaba el director, "ese amor se exprese mal o se convierta en odio. Lo que mueve al personaje de Ballesta yo no lo comparto, pero es amor a fin de cuentas". Los extremos ideológicos chocan durante todo el relato "desde el lado humano, dejando espacio a todo el mundo, porque hay sensibilidades que no se pueden obviar", concluía Merchán.
Respecto a la relación de los actores más jóvenes con los personajes, Juan José Ballesta indicó con espontánea naturalidad que el director le tuvo que documentar mucho para poder entender el personaje y a Verónica Echegui, la adolescente hispano-argentino que se emociona escuchando el mítico Lau Teilatu en las voces de Amaia Montero y Mikel Erentxun, meterse en "Sara" le ayudó a ampliar un punto de vista limitado.

Para Carmelo Gómez La casa de mi padre habla de una sociedad "idéntica a todas las demás, solo que con un conflicto de raíces más profundas. Aquí (refiriéndose a Madrid) no hay exilio, allí, sí". A Álex Angulo, que encarna a un periodista amenazado por la banda terrorista, de su personaje le interesó "la complejidad que podría tener este hablador de la libertad y derechos, que se siente perdido porque sabe que ha de pagar un precio". Y de la proyección de la película en el País Vasco, Gorka Merchán comentó que "allí se ve con otra sensibilidad. La línea es más fina y duele un poquito más".
01/04/2009
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