Durante la ocupación de Bagdad en 2003 por tropas extranjeras, mayormente estadounidenses, al subteniente Roy Miller (Matt Damon) y a su equipo de inspectores les encomiendan la misión de recorrer el desierto en busca de armas de destrucción masiva supuestamente almacenadas allí. Registran escondite tras escondite, a cual más peligroso, pero en vez de letales agentes químicos, descubren un elaborado plan que da la vuelta al propósito de su misión.
Rodeado de agentes con objetivos contradictorios, Miller debe abrirse camino entre una maraña de espías en un país desconocido mientras intenta encontrar respuestas que quizá sirvan para salvar a un gobierno o para extender la guerra en una región muy inestable. No tardará en descubrir que, en un momento difícil y en una región explosiva, el arma más difícil de encontrar es la verdad.
| Matt Damon | Roy Miller |
| Jason Isaacs | Comandante Briggs |
| Greg Kinnear | Clark Poundstone |
| Michael O´Neill | Coronel Bethel |
| Amy Ryan | Lawrie Dayne |
| Nicoye Banks | Perry |
| Dirección | Paul Greengrass |
| Guión basado en la novela de Rajiv Chandrasekaran | Brian Helgeland |
| Producción | Tim Bevan, Eric Fellner y Lloyd Levin |
| Coproducción | Mairi Bett, Michael Bronner, Jo Burn y Kate Solomon |
| Fotografía | Barry Ackroyd |
| Montaje | Christopher Rouse |
| Música | John Powell |
| Diseño de Producción | Dominic Watkins |

Manuel Barrero
Desde la sobrecogedora Bloody Sunday, Paul Greengrass ha creado eso que es tan difícil de conseguir: un estilo propio. Y le da lo mismo que sean rocambolescas ficciones de un espía desmemoriado (las segunda y tercera entrega de la saga Bourne), o que sean poderosas recreaciones que se aproximan de forma vertiginosa al documental (el ya mencionado film sobre el domingo sangriento de Irlanda, o la turbadora United 93). Pegado a la realidad, o en la más pura ficción, la personalidad de su mirada es innegable.

Con Green Zone ha conseguido el más difícil todavía, aunar ambas dimensiones en una sola película. El marco elegido es un terreno tan farragoso como el Irak recién invadido por el Gobierno de George W. Bush. El director recrea aquel infierno, haciendo que lo sintamos a flor de piel. Y dentro de ese contexto, nos deleita con un trepidante película de acción, que nada tiene que envidiar a sus Bourne.
A pesar de estar ante lo que conocemos como un thriller político a diferencia de películas como Syriana (Stephen Gaghan, 2005) o Michael Clayton (Tony Gilroy, 2007), se prescinde de densas y enrevesadas tramas que desorientan al espectador. Hay más thriller que política en Green Zone, y sin embargo hay espacio de sobra para denunciar las corruptelas de las más altas esferas, a la vez que hacer una radiografía general bastante certera sobre aquella situación.
No sólo eso. También hay que darle la importancia que se merece al papel que juegan los autóctonos en la historia, superando el rol de enemigo anónimo al que derribar. Si algo se le puede achacar a la reciente triunfadora de los Oscar, En tierra hóstil (Kathryn Bigelow, 2008), es esa sensación (casi obscena) que crea cada vez que se produce un tiroteo. Ese deseo de que vayan cayendo los iraquíes, uno a uno, casi como si de un videojuego se tratase.
"Narración del enfrentamiento entre un general americano (nunca Matt Damon ha estado tan bien) contra sus superiores. Una pelea por descubrir la verdad. Y es ahí donde se produce la perfecta unión entre la trepidante acción y la crítica política, con el indiscutible sello de calidad Greengrass".

No ocurre así en el film de Greengrass, donde son varios los lugareños con rostro, nombre y apellido. Mientras que en la película de Bigelow se cumple la cuota con esa discutible presencia infantil, aquí la personalización se hace mucho más amplia. Y llega el fuego cruzado sin que deseemos la muerte de nadie. Como paradigmático ejemplo, ese clímax nocturno.
Es verdad que a todo esto ayuda que la lucha reflejada no sea la del ejercito americano contra los invadidos asiáticos. Aquí se narra el enfrentamiento entre un general americano (nunca Matt Damon ha estado tan bien) contra sus superiores. Una pelea por descubrir la verdad. Y es ahí donde se produce la perfecta unión entre la trepidante acción y la crítica política, con el indiscutible sello de calidad Greengrass.
Un director que, una vez más, se mueve en ese doble terreno que tanto le gusta. Todo su cine más reciente se mueve en dos niveles. Por un lado, el frenesí del campo de batalla (literal, en este caso). El lugar donde se desarrolla la acción, que suelen ser las calles de alguna ciudad (o, incluso, el interior de un avión). Y para dar respiro (relativo) a tanta adrenalina, la vida en los despachos. En este caso, la zona protegida que da título al film. Pero antes lo fueron el centro de control en United 93, los jefazos de Bourne, o los del ejército británico en Bloody Sunday.

Con un reparto impecable (hasta Kinnear parece buen actor), a la película le podríamos achacar el tratamiento demasiado esquemático de algunos asuntos. Priorizar la acción sobre la reflexión, provoca algún momento de reducción demasiado simplista. Pero, como dice su autor, la pretensión era hacer una película de acción dentro de una situación límite. Pues se agradece mucho el respeto por los que fueron invadidos, señor Greengrass.
13/03/2010
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