Sean Penn es el responsable de la adaptación de la novela de Jon Krakauer, Hacia rutas salvajes, donde se narra las aventuras de Christopher McCandless, un joven de 22 años al que todos auguran un brillante futuro. Tras graduarse en la universidad, decide dejar atrás su cómoda vida para realizar un viaje que le llevará desde los inmensos campos de trigo de Dakota del Sur a un peligroso descenso por el río Colorado hasta Slab City, California, un refugio de inconformistas, y mucho más allá...
En su camino, conocerá a numerosos personajes pintorescos que no encajan en la sociedad estadounidense. Ellos le ayudaron a comprender la vida, y él, a su vez, les cambió.
| Emile Hirsch | Christopher McCandless |
| Marcia Gay Harden | Billie McCandless |
| William Hurt | Walt McCandless |
| Jena Malone | Carine McCandless |
| Brian Dierker | Rainey |
| Catherine Keener | Jan Burren |
| Vince Vaughn | Wayne Westerberg |
| Kristen Stewart | Tracy |
| Hal Holbrook | Ron Franz |
| Dirección y guión (basado en el libro de Jon Krakauer) | Sean Penn |
| Producción | Art Linson, Bill Pohlad, Sean Penn |
| Fotografía | Eric Gautier |
| Montaje | Jay Cassidy |
| Compositor | Michael Brook |
| Música y canciones | Eddie Vedder |

De un tiempo a esta parte, el telefilm de sobremesa ha llegado a devaluar tanto la expresión "Basado en hechos reales" que su mera inclusión antes de una película es capaz de provocar una oleada de bostezos que no presagian nada bueno (si acaso, más bostezos). No es este el lugar para ponerse a analizar las relaciones entre realidad y ficción, pero antes de empezar a hablar de Hacia rutas salvajes se hacía necesario señalar, aunque fuese puntualmente, que su argumento está inspirado en hechos reales.

¿Quién no ha sentido alguna vez el impulso de cortar por lo sano con todo y desaparecer? Recién terminados sus estudios, y asqueado por la sociedad y la institución familiar, el joven Christopher McCandless abandonó todo lo que era su vida hasta entonces, emprendiendo un solitario viaje de dos años a lo largo y ancho de los Estados Unidos. McCandless no fue un simple viajero, ni una víctima de circunstancias azarosas: las raíces de su espíritu intrépido se hunden en esa mezcla de profundo desencanto e idealismo a prueba de bombas que sólo un joven que ha leído demasiado es capaz de cultivar.
Rata de biblioteca con ansias aventureras, McCandless se embarca en una revolución espiritual que consiste en mandar a la sociedad a freír espárragos y tratar de restablecer el vínculo íntimo entre hombre y naturaleza. Las peripecias de McCandless seguirán, no por casualidad, la línea de ciertos pasajes de la vida y la obra de Jack London: éste será uno de sus principales referentes junto a Tolstói y Henry Thoreau, pionero en la práctica de la desobediencia civil. Quizá sea esta la mejor palabra para definir a Christopher McCandless: desobediente.
"El peso de la película recae en la interpretación del joven Emile Hirsch, que encarna con extraordinaria convicción al soñador McCandless. No hace falta insistir en las bondades de su trabajo, pues la calidad del mismo es tan evidente como encomiable"

No es de extrañar, pues, que haya sido otro gran desobediente el que llevase a cabo la adaptación de su periplo. Sean Penn es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más contestatarios, controvertidos y comprometidos consigo mismos que se hayan visto en el mundo del cine. Hacia rutas salvajes encaja de forma natural con el resto de su filmografía como director resultando, eso sí, el más amable de sus trabajos. Nada que ver, en apariencia, con Extraño vínculo de sangre o El juramento, aunque sea igual de coherente con los intereses del director.
El peso de la película recae en la interpretación del joven Emile Hirsch (La peligrosa vida de los Altar Boys), que encarna con extraordinaria convicción al soñador McCandless. No hace falta insistir en las bondades de su trabajo, pues la calidad del mismo es tan evidente como encomiable. Lo mismo se puede decir de los secundarios, sin excepción. Desde los padres de Christopher (espléndidos William Hurt y Marcia Gay Harden) hasta los carismáticos Vince Vaughn y Hal Holbrook, todos están brillantes.

Para mayor alegría del espectador, y al contrario de lo que se suele atribuir a las películas dirigidas por actores (casi siempre con razón), los intérpretes de Hacia rutas salvajes no son lo único que merece la pena de la película. Aprovechando que la película fue rodada en su práctica totalidad en exteriores naturales, el director de fotografía Eric Gautier le saca todo el partido posible a la enorme riqueza paisajística de Norteamérica, mientras que las canciones de Eddie Vedder realzan el esencial componente introspectivo de la odisea de McCandless mientras éste cruza la frontera en canoa, se cobija entre vagabundos en los arrabales y malvive en un autobús abandonado en Alaska.
Hacia rutas salvajes es, en definitiva, una película cautivadora. Y sus irregularidades, que las tiene, acentúan todavía más la humanidad de su planteamiento y le otorgan a la película gran parte de su valor. Si la ficción es capaz de demostrar que la realidad es maravillosa a pesar de (o gracias a) los errores y defectos, el viaje de McCandless habrá merecido la pena.
Por Xavi Fortino
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