Cuando se rompe la antigua tregua entre los seres humanos y los primeros hijos de la Tierra, el infierno se apodera del mundo. El anárquico príncipe del mundo subterráneo, Nuada, se ha cansado de inclinarse ante los seres humanos. Se le ocurre despertar a un ejército de máquinas de matar que volverá a apoderarse de lo que fue suyo. Por fin, las criaturas mágicas podrán pasearse por la Tierra a su antojo.
Sólo Hellboy es capaz de detener al oscuro líder y salvar al mundo de la aniquilación. Para librar esta batalla, la BPRD (la ultrasecreta Agencia de Investigación y Defensa Paranormal) deberá viajar entre el mundo de los humanos y el mundo mágico oculto, donde reinan las criaturas de la fantasía. Hellboy, con un pie en ambos mundos, pero rechazado por los dos, deberá escoger entre la vida que conoce y el destino desconocido que le llama.
| Ron Perlman | Hellboy |
| Selma Blair | Liz Sherman |
| Doug Jones | Abe Sapien/ Chambelán/ Ángel de la Muerte |
| Jeffrey Tambor | Tom Manning |
| Luke Goss | Príncipe Nuada |
| John Hurt | Trevor "Broom" Buttenholm |
| John Alexander | Johann Krauss/ Duende Bethmoora |
| James Dodd | Johann Krauss |
| Seth MacFarlane | Johann Krauss (Voz) |
| Anna Walton | Princesa Nuala |
| Brian Steele | Wink/ Cronie Troll/ Cabeza de catedral/ Fragglewump |
| Dirección y guión | Guillermo del Toro |
| Historia (basada en el cómic de Mike Mignola) | Guillermo del Toro, Mike Mignola |
| Producción | Lawrence Gordon, Mike Richardson, Lloyd Levin |
| Producción ejecutiva | Chris Symes |
| Fotografía | Guillermo Navarro |
| Montaje | Bernat Vilaplana |
| Música | Danny Elfman |

Se estrena la segunda entrega del Hellboy de Guillermo del Toro, y coincide con otra segunda parte, la del Batman de Christopher Nolan. Las comparaciones, siempre odiosas, son casi inevitables. Comparten ambas películas, aparte de la cartelera, una característica esencial: están protagonizadas por dos de los superhéroes menos modélicos que nos podamos encontrar. Aunque ahí acaben las similitudes. Mientras Batman es un héroe atormentado, complejo y de gran ambigüedad, Hellboy es un ser de extrema simplicidad, holgazán y embrutecido. Mientras Nolan pretende la trascendencia, del Toro apuesta por la diversión.

Al director mexicano le atrae, sin duda, la naturaleza monstruosa del héroe. Un ser procedente del mismísimo averno, y que se comporta como el más común de los mortales. La fascinación que siente del Toro por los mundos fantásticos, los seres monstruosos y las referencias mitológicas le convertían en el director idóneo para trasladar a imágenes el mundo creado por Mignola.
Constantes muy presentes a lo largo de su filmografía, en la que del Toro ha sido capaz de crear un mundo propio y reconocible. Basta con ver el tremendo parecido que existe entre las criaturas de sus diferentes películas. Para bien o para mal, ha creado su sello de autor, desde las más variadas y múltiples referencias. El problema es que detrás de toda esa imaginería visual, el discurso queda debilitado y deslavazado. Aun reconociendo unas fuertes constantes narrativas y temáticas, éstas se diluyen en la parafernalia visual.
"La convivencia entre Liz y Hellboy se mueve en el terreno del humor más cáustico, mostrando una relación sentimental nada corriente en el mundo de los superhéroes. Se desmonta cualquier visión romántica o pura sobre la pareja"

A pesar de regalarnos un inicio prometedor, Hellboy 2 termina dejando la misma sensación de inconsistencia que anteriores obras del cineasta. La espectacular secuencia protagonizada por unas voraces hadas, es una clara muestra de lo mejor que puede ofrecer la desbordante imaginación del director. A su vez, en este primer tramo es donde más presente está el envidiable sentido del humor que tan bien funciona en la saga. Tanto la elegancia que desprende la fina ironía de Abe, como la química que se establece entre esa especie de clásica pareja humorística que forman Hellboy y Johann Kraus, consiguen arrancar sonrisas con suma facilidad.
Igualmente, la convivencia entre Liz y Hellboy se mueve en el terreno del humor más cáustico, mostrando una relación sentimental nada corriente en el mundo de los superhéroes. Se desmonta cualquier visión romántica o pura sobre la pareja. Ellos dos, llevan el conflicto amoroso hasta el nivel menos glamouroso posible. Una vez más, tenemos el contraste entre la aparatosa procedencia del protagonista y su muy humano comportamiento.

Hasta ahí, perfecto. A partir de entonces, el filme se pierde por derroteros muy poco estimulantes. Desde la historia de amor entre Abe y Nuala, que cae en todos los tópicos antes evitados; hasta el auténtico fiasco que resulta un villano con muchas más posibilidades de las que desarrolla. Se desperdicia toda su posible complejidad para reducirlo en un malvado demencial, sin ningún matiz ni atractivo.
Volviendo a El Caballero Oscuro, y sin entrar a valorar otras cuestiones, lo que no podemos negarle a Nolan es la habilidad para jugar con esa apasionante dicotomía entre el bien y el mal, y exprimir al máximo los procelosos límites morales. Aquí, todas estas posibilidades se desechan, o se despachan con esbozos. Por el contrario, el filme se arroja en los brazos del espectacular blockbuster hollywoodiense, tan espectacular como vacuo.
Es cierto que Guillermo del Toro otorga personalidad al producto. Al menos, en su atractiva concepción visual. Pero la sensación de película (muy) efímera no desaparece en ningún momento. Hay quien defenderá su encanto en función de su falta de pretensiones, agradeciendo la apuesta por un producto de entretenimiento puro y duro, lleno de guiños para los aficionados al género.
Pero ni a eso llega una película que aburre en los supuestos momentos de clímax. Para quien busque algo más que una convencional cinta de acción adornada con continuas referencias al fantástico, quizás se quede demasiado corta.
Manuel Barrero
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