Con la esperanza de una vida mejor, dos jóvenes parejas abandonan sus respectivos países. Melinda y Nik abandonan Albania para dirigirse en barco a Italia, donde esperan vivir su amor prohibido. Vera y Marko dejan Serbia por tren en dirección a Austria, atravesando Hungría. Marko, un violoncelista de gran talento, tiene la oportunidad de entrar en la Orquesta Filarmónica de Viena. Pero los problemas empiezan al llegar a la frontera aunque tienen los papeles en orden.
A pesar de que no tienen nada que ver con un grave incidente que se produjo la noche anterior en Kosovo, les arrestan debido a una serie de desafortunadas coincidencias. Su esperanza de hacer realidad sus sueños en Europa, sinónimo de Tierra Prometida, se desvanecen. Por desgracia, hace ya tiempo que la juventud de los Balcanes está pagando los errores de las generaciones anteriores...
| Nebojsa Milovanovic | Marko |
| Jelena Trkulja | Vera |
| Jozef Shiroka | Nik |
| Mirela Naska | Maylinda |
| Lazar Ristovski | Tío de Vera |
| Petar Bozovic | Padre de Vera |
| Dirección | Goran Paskaljevic |
| Guión | Goran Paskaljevic y Genc Permeti |
| Producción | Goran Paskaljevic, Ilir Butka y Nikola Djivanovic |
| Fotografía | Milan Spasic |
| Montaje | Petar Putnikovic y Kristina Pozenel |
| Diseño de Producción | Zeljko Antovic y Durim Neziri |
| Música | Rade Krstic |

Manuel Barrero
Con los Balcanes ya casi olvidados por un mundo que dirige su mirada hacia conflictos más "actuales", son los cineastas de la zona los que tienen que seguir contando una realidad que aún sufre las consecuencias de un terrible conflicto. Quedan todavía muchas secuelas que superar, y demasiadas cuentas pendientes que solucionar. Esta vez, las redes se extienden hasta la vecina Albania, con Kosovo de fondo. La desconfianza entre unos y otros es la nota dominante.

La película narra dos historias que transcurren paralelas para terminar coincidiendo (no en espacio, pero sí en sensaciones) en un tercer acto con montaje paralelo. Ambas narran las pequeñas grandes dificultades que dos jóvenes parejas tienen para conseguir viajar hacia esa Europa unificada, anhelo de una vida mejor.
Pero antes de este último tramo en el que el director se dedica a mostrarnos el absurdo de las barreras fronterizas, en los dos anteriores (que corresponden cada uno a una historia) da tiempo de tratar temas de lo más variados. En ambos casos, florecen los problemas familiares. La eterna lucha entre tradicionalismo y modernidad. Los jóvenes que se quieren abrir al mundo, y los ancianos que no logran entender a aquellos.
"Repleta de planos larguísimos, y con el típico gusto balcánico por la jarana y las celebraciones (y aquí, que hay dos bodas, con más motivo), Paskaljevic se encarga de construir una película tan correcta como poco arriesgada. Su fórmula funciona, sus propósitos son bien loables, pero jamás llega a emocionar ni a remover".
Porque, básicamente, el inicio de las dos tramas hablan sobre lo opresiva que puede ser la vida pueblerina para gente que intenta volar más alto. Las dificultades de crecimiento personal en un entorno empobrecido, dinamita unas aspiraciones diametralmente opuestas a aquello que están obligados a vivir. Aunque luego venga la dura realidad del mundo supuestamente civilizado, que se muestra tremendamente hostil con aquellos que sueñan con forma parte de él. La terrible experiencia de no sentirse parte del sitio en el que estás, y de no ser admitido en el que te gustaría estar.

Los problemas de un músico foráneo con los lugareños de la historia que transcurre en Serbia; ejemplifica a la perfección el conflicto cultural, así como la opresión asfixiante de la incultura. Por otro lado, la historia albanesa introduce el drama de la desaparición de un hijo, acudiendo a las reminiscencias del pasado.
Repleta de planos larguísimos, y con el típico gusto balcánico por la jarana y las celebraciones (y aquí, que hay dos bodas, con más motivo), Paskaljevic se encarga de construir una película tan correcta como poco arriesgada. Su fórmula funciona, sus propósitos son bien loables, pero jamás llega a emocionar ni a remover. Y el barniz festivo que recubre la profunda tristeza ya lo hemos visto con demasiada frecuencia en el último cine balcánico.
El proceso migratorio es algo que sufre una continua actualización. Pero en el fondo, siempre tenemos el mismo problema. La deshumanización de ciudadanos considerados de segunda categoría, personas que sufren toda una odisea por el simple hecho de querer desplazarse a otro territorio. Siempre ha sido así, y así seguirá sucediendo. Obviamente, no es la primera vez que el cine nos habla sobre este despropósito. Ya otros antes lo han hecho mucho mejor. Pero se agradecen los esfuerzos del director serbio por tocar un tema de constante actualidad, aderezado con las heridas aun abiertas del pasado reciente.
01/05/2010
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
Crítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas