Por Marcos Méndez

El cuerpo sin vida del actor Heath Ledger (Perth, Australia, 1979) fue encontrado el pasado 22 de enero en su apartamento del Lower Manhattan. Estaba, según relatan los informes policiales, completamente desnudo, boca abajo y rodeado de frascos semivacíos de somníferos y antidepresivos. Heathy, como solían llamarle sus amigos, pasaba entonces de ídolo teen a actor serio y ahora a una trágica (y pasajera) mitificación póstuma. Ya lo dice su propio nombre, heredado del protagonista de Cumbres borrascosas, tan poderoso y tan solo.
"Ledger falleció a los 28 años de edad, convertido en estandarte de la lucha por el reconocimiento de las libertades a los homosexuales sin que esa fuese jamás su intención y prácticamente consagrado como uno de los mejores actores de método de su generación"

Ledger saltó a la fama protagonizando en 1999 la producción australiana Two Hands (Greg Jordan) y continuó cultivando su imagen de adolescente guaperas en la serie norteamericana Conor, el rugido (1997), amén del largometraje juvenil 10 razones para odiarte (Gil Junger). Su carrera se relanza gracias a una llamada de Roland Emmerich para dar vida al hijo de Mel Gibson en la ficción sobre la Guerra de Independencia El patriota (2000), volviendo a la producción más comercial (en el peor sentido del término) al ponerse, un año más tarde, delante de las cámaras de Brian Helgeland (con el que volvería a trabajar en The Order) para rodar el filme de aventuras Destino de caballero.
Desde este momento el actor alterna las superproducciones alimenticias (Las cuatro plumas, Shekhar Kapur, 2002 - Ned Kelly, Gregor Jordan, 2003) y los filmes más independientes, con sello de autor, como Monster's Ball (Marc Forster, 2001) y El secreto de los hermanos Grimm (Terry Gilliam, 2005), hasta que llega al cénit de su carrera cinematográfica cuando decide (no sin reticencias) dar vida a Ennis del Mar, protagonista del relato homónimo de Annie Proulx que sirvió como material de partida para la magistral Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), "una historia de amor imposible", en palabras del propio Ledger.

La voz profunda y ronca con la que dota a este personaje, el gesto huraño y su carácter recogido, con esa timidez rugosa tan típica de los antihéroes del western le valieron una nominación al Oscar y el aplauso unánime de la crítica, y ahora acaba de estrenar I'm not There de Todd Haynes (dando vida a un trasunto de Bob Dylan) mientras se ultima el montaje de la esperadísima The Dark Knight de Christopher Nolan con nuestro hombre como el Joker.
En la última entrevista de la que se tiene constancia, Ledger parecía bastante nervioso: jugaba con una grapadora, la mordía, se rascaba los brazos y contestaba a las preguntas del periodista con excitación, sin profundizar. Según se recoge de sus propias declaraciones, estuvo encerrado en su apartamento del Lower Manhattan durante seis semanas preparando su particularísimo e incontestable Joker (las primeras imágenes de la película no dejan lugar a la duda). Esa obsesión, ese grado de disciplina, unido a ciertas desgracias personales que no voy a comentar aquí, parecen haber sido claves en la merma de su salud, registrada por sus amigos desde hace meses.
Ledger falleció a los 28 años de edad, convertido en estandarte de la lucha por el reconocimiento de las libertades a los homosexuales (La Iglesia Baptista de Westboro le acaba de condenar al infierno, literalmente, "por haber desafiado a Dios. Dios odia a los maricas") sin que esa fuese jamás su intención y prácticamente consagrado como uno de los mejores actores "de método" de su generación.


26/01/2008
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