Para la mayoría de la gente, la final de la Copa del Mundo de 1995, no fue más que un emocionante partido de rugby. Sin embargo, para los sudafricanos fue un momento decisivo en su historia, una experiencia compartida que ayudó a cicatrizar las heridas del pasado dando nuevas esperanzas para el futuro.
El artífice de este acontecimiento de referencia fue el presidente de la nación, Nelson Mandela (Morgan Freeman). Sus protagonistas, los jugadores del equipo sudafricano de rugby, los Springboks, capitaneados por Francois Pienaar (Matt Damon). Ambos se unieron para convertir sus esperanzas individuales: la esperanza del presidente unificar su país y la del capitán hacer que el equipo de la nación ganara la Copa del Mundo, en un objetivo compartido bajo el lema "Un equipo, un país".
| Matt Damon | Francois Pienaar |
| Morgan Freeman | Nelson Mandela |
| Langley Kirkwood | George |
| Grant Roberts | Ruben Kruger |
| Penny Downie | Mrs. Pinnear |
| Robert Hobbs | Willem |
| Bonnie Henna | Zindzi |
| Tony Kgoroge | Jason Tshabalala |
| Dirección | Clint Eastwood |
| Guión basado en la novela "El factor humano" de John Carlin | Anthony Peckham |
| Producción | Clint Eastwood, Robert Lorenz, Lori McCreary y Mace Neufeld |
| Producción Ejecutiva | Gary Barber, Roger Birnbaum, Morgan Freeman y Tim Moore |
| Fotografía | Tom Stern |
| Montaje | Gary D. Roach y Joel Cox |
| Diseño de Producción | James J. Murakami |

Patricia Puentes
Si me preguntan qué me apetece ver más en los próximos 12 meses seguramente acabaré incluyendo en la lista un par de superproducciones de Hollywood cargadas de estrellas, alguna secuela cuya primera parte me enamoró, todo lo que incluya a Sam Worthington y, sí, siempre, siempre, siempre la última de Clint Eastwood.

El abuelo Eastwood está portándose tan bien en esta etapa de su carrera que el año pasado no sólo nos regaló una película, sino dos, y una de ellas era la genial Gran Torino (de la que todavía no me he recuperado). Así que este año me he tomado con especial entusiasmo lo de que Eastwood haya decidido atreverse con Nelson Mandela. Desde luego si hay alguien que puede hincarle el diente a la historia de un personaje de la talla de Mandela es Eastwood.
En Invictus Eastwood parte del libro El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación, del periodista deportivo John Carlin, para remontarse a los primeros días de la presidencia sudafricana de Mandela y explicarnos cómo el mandatario encontró en la selección nacional de rugby una buena manera de intentar aunar a un país profundamente dividido racialmente. El compañero habitual de Eastwood, Morgan Freeman, encarna al protagonista del film, en una interpretación que no podía estar más hecha a su medida. Matt Damon se estrena con Eastwood poniéndose en las botas del capitán del equipo de rugby en quien Mandela deposita su confianza.
"Invictus es una pieza concisa que, en lugar de intentar abarcar la vida de un personaje sobradamente conocido, ha preferido centrarse en un capítulo concreto pero extremadamente decisivo de su vida".

Y son tal vez las botas de rugby el único problema que le pueda ver a Invictus. Y es que el film, más que el biopic que me estaba esperando, no deja de ser una película deportiva con mucho gusto por las largas secuencias descriptivas de jugadas de este deporte.
No vayan a ver Invictus esperando que les aclare todas las dudas que puedan tener sobre la trágica vida de Mandela, Eastwood da por hecho que el espectador ha hecho los deberes y se limita a exponer la fuerza que puede tener un acontecimiento deportivo, como la victoria de la selección sudafricana en el Mundial de rugby de 1995, para reconciliar a un pueblo profundamente dividido.
Una vez avisados de la verdadera naturaleza deportiva del film, no hay motivo por el que no disfrutar de Invictus en todo su esplendor cinematográfico. Freeman simplemente consigue hacerse con el personaje a la perfección y su voz profunda y casi quebrada pone la piel de gallina en más de una ocasión. Damon vuelve a ofrecer una interpretación sólida y rica que nos recuerda porqué sigue siendo uno de los grandes en Hollywood desde su éxito con El indomable Will Hunting. Eastwood demuestra una vez más su talento tras las cámaras, acercándonos con precisión y transparencia a unos personajes de los que queremos saber más.

Supongo que hasta cierto punto, es inevitable terminar de ver Invictus con la necesidad inherente de leer una biografía fiel y detallada de Mandela, que nos desvele todo lo que Eastwood no ha podido ni querido explicar en su film. Invictus es una pieza concisa que, en lugar de intentar abarcar la vida de un personaje sobradamente conocido, ha preferido centrarse en un capítulo concreto pero extremadamente decisivo de su vida.
Sudáfrica posa en el film como sí misma hace 15 años, con las heridas causadas por el apartheid apenas cicatrizadas. Es la segunda película que podemos ver en pocos meses, District 9 fue la primera, que nos invita a recordar el horror de la discriminación y segregación racial en este país. Y aunque los trabajos de Eastwood y Neill Blomkamp tengan muy poco más en común, ambos acaban insistiendo en la tolerancia como la forma perfecta para evolucionar.
Y lo dejamos así, esperando ya el estreno del año que viene de Hereafter, en la que Eastwood repite con Damon.
23/01/2010
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