Jon Favreau dirige esta adaptación del héroe de la Marvel creado por Stan Lee. La historia del industrial multimillonario y genio inventor Tony Stark (Robert Downey Jr.), célebre además por proteger durante décadas los intereses norteamericanos en todo el mundo.
Pero su estilo de vida despreocupado cambiará cuando su convoy sufra un ataque y se vea convertido en prisionero de un grupo de insurgentes. Tony ignorará las exigencias de sus captores y creará una armadura que le permitirá escapar de su cautiverio.
A su regreso a América, Tony se pasará día y noche en su taller, perfeccionando y puliendo una armadura que le otorgue fuerza sobrehumana y protección física.
| Terrence Howard | Jim Rhodes |
| Gwyneth Paltrow | Virginia "Pepper" Potts |
| Jeff Bridges | Obadiah Stane/ Iron Monger |
| Leslie Bibb | Christine Everhart |
| Faran Tahir | Raza |
| Dirección | Jon Favreau |
| Guión (basado en los personajes creados por Stan Lee, Don Heck, Larry Lieber, Jack Kirby) | Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum, Matt Holloway |
| Producción | Avi Arad, Kevin Feige |
| Producción ejecutiva | Avi Arad, Peter Billingsley, Louis D´Esposito, Jon Favreau, Michael A. Helfant, Stan Lee |
| Fotografía | Mathew Libatique |
| Montaje | Dan Lebental |
| Música | Ramin Djawadi |

Rubén García
Sobre una imagen silenciosa de un presunto desierto de Afganistán (en realidad California), aparecen una serie de elementos: primero, la palabra "Afganistán" escrita sobre la pantalla; después, un convoy militar, al principio pequeño en la inmensidad de la panorámica; sin cambiar aún la imagen, en la banda de sonido aparece, sonando bien alto, "Back in black" de AC/DC; un corte y estamos dentro de uno de los jeeps del convoy, viendo el reproductor donde suena la canción, que baja su volumen hasta ajustarse al que realmente tiene en la escena; sobre el rostro curioso de un soldado que mira a su derecha, un vaso de licor (no me pregunten cuál) que se agita; pertenece a Tony Stark, que inicia una conversación con los acobardados soldados; todo ello interrumpido por un violento asalto al convoy.

Si la palabra y la presencia militar dan un nombre al paisaje, lo designan como un territorio determinado en una situación concreta de riesgo, el vaso de Tony Stark presenta a su personaje, antes de que diga nada, como aquel que vive más allá del peligro y se toma la vida como un juego, no renunciando nunca a su disfrute sea cual sea la situación. El diálogo que sigue y el posterior flashback desarrollan esta impresión, pero lo fundamental de la posición de Stark ya está dicho con esa imagen. El espacio y el personaje quedan dados. Las explosiones, que rompen esa relación cómoda y pretendidamente estable, ponen en marcha justamente lo que falta: la narración.
Hasta aquí, tenemos a un Jon Favreau que inicia una película de forma competente, en poco más de dos minutos. Un gran espacio, al que el silencio concede una monumentalidad que coincide con el carácter de telón de fondo constante que tendrá a lo largo de todo el film, una idea sencilla e inteligente para introducir a un personaje, y varias explosiones para iniciar la historia de una película de superhéroes, esto es, con acción y violencia (un pero: un espectador mínimamente entrenado puede saber perfectamente cuándo estallará la bomba). Un irreprochable comienzo, limpio y ordenado.
"Lo afirmado en Iron Man es, claramente: las armas deben estar en las manos justas, y estas manos son (¿las?) americanas"

Pero, ¿y "Back in black"? El inmenso espacio silencioso es aquí designado por otras formas distintas a las que se escudan en la historia (la presencia militar). Favreau mueve su particular vaso de alcohol antes que Stark, y es sobre Afganistán en vez de sobre el rostro de un soldado fascinado ante un célebre fabricante de armas. El silencio del desierto afgano no debe escucharse demasiado, el espectáculo no puede demorarse un minuto, tiene que anunciarse antes aún de que se certifique su previsible llegada.
Puede recordarse entonces que la canción es la que los propios militares han puesto en su jeep. Y hay más de una razón para pensar que esto es más que metafórico: el film fue aprobado en su preproducción por el Ministerio de Defensa, lo que permite usar figuración y escenarios militares reales. ¿Qué hace falta para esta aprobación? Obviamente, asegurarse de una visión favorable del mundo militar en el film. Si vamos al final del mismo, encontraremos que lo único que Stark ha logrado es, como bien dice su enemigo Obadiah Stane, crear un arma extraordinaria, y tener un motivo más para ser rico y admirado. Lo afirmado en Iron Man es, claramente: las armas deben estar en las manos justas, y estas manos son (¿las?) americanas.

Pero la entrada de "Back in black" es algo más: la afirmación de que esto es entretenimiento, espectáculo. Y que, por tanto, el silencio afgano no es lo que importa aquí. Las cuestiones importantes se eluden frecuentemente así, por su inconveniencia con las leyes del entretenimiento, que cada día más parecen exigir bandas sonoras que produzcan la tensión y emoción que las imágenes y su montaje son incapaces de crear, constructivos y simples mensajes personales sobre la necesidad del compromiso, el amor y la familia (pero ojo, que esto es aplicable también a Isabel Coixet) y, si se trata de superhéroes, la necesidad que tenemos de figuras referentes de una integridad, honestidad y bondad cuya existencia, parece ser, depende sólo de ellos, esto es: de los diversos avatares del espectáculo. ¿Quién, si no, va a salvar a los pobres afganos?
30/04/2008
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