El gran astro del cine de acción, Jean-Claude Van Damme, a sus 47 años, se encuentra descansando en Bruselas cuando sufre una repentina crisis existencial. De repente la gran estrella se convierte en un tipo corriente aquejado de miedos, contradicciones y esperanzas. Jean-Claude se encuentra a sí mismo en la encrucijada del fin de su vida como héroe.
Su carrera se ha estancado y sólo participa en subproductos de acción que se estrenan directamente en vídeo; el pago de impuestos le está dejando los bolsillos vacíos; y ha perdido la custodia de su hija.
Esta vez, los malhechores a los que se enfrentará Van Damme serán directores de cine, policías, agentes y abogados.
| Jean-Claude Van Damme | J.C.V.D. |
| François Damiens | Bruges |
| Zinedine Soualem | El hombre con sombrero |
| Karim Belkhadra | El vigilante |
| Dirección | Mabrouk El Mechri |
| Guión | Frédéric Bénudis, Christophe Turpin |
| Producción | Sidonie Dumas |
| Producción ejecutiva | Fiszman Marc, Patrick Quinet, Arlette Zylberberg |
| Fotografía | Pierre-Yves Bastard |
| Montaje | Kako Kelber |
| Música | Gast Waltzing |

La verdad es que, en mi vida de consumidor moderado pero constante de películas de patadas, las protagonizadas por Jean-Claude Van Damme nunca han llegado a formar parte de mi panteón personal. La progresiva caída de su filmografía en la cutrez tuvo gran parte de culpa, por lo que al margen de algún clásico aislado (Kickboxer, Blanco humano) y varios encuentros indeseados (The Quest, Inferno), no había vuelto a recurrir a Van Damme hasta el estreno de JCVD. Aunque lamento importunar al lector con más detalles sobre mi vida personal, debo decir que comencé a ver la película en un estado bastante profundo de somnolencia, pero que ésta me despertó inmediatamente con un buen patadón.

La película comienza con un vibrante plano-secuencia en el que Jean-Claude Van Damme acaba solo con todo un batallón militar a golpe de puñetazos, luxaciones, tiros, granadas y volteretas. La acción termina súbitamente cuando se cae una de las paredes del decorado, revelándonos que estamos en un rodaje en el que todo el mundo está cansado, y Van Damme el que más. Ya tiene 47 años y le cuesta hacerlo todo en una sola toma.
Su agente sólo tiene bazofia que ofrecerle, y eso cuando no se le adelanta alguna otra estrella decadente. Además, se encuentra en pleno litigio por la custodia de su hija y apenas le queda dinero para pagarle al fisco. En plena crisis existencial regresa a Bélgica, donde se verá inmerso en un atraco que le servirá para revalidarse a sí mismo como persona y como héroe de acción.
"JCVD es una película inteligente, divertida y sin complejos. Todo un caramelo para el aficionado al género, que no debería perdérsela"

Decía que la película me despertó, y es que de despertarse va la cosa. O de lucidez, más bien, que es lo que demuestra el director y guionista Mabrouk El Mechri a lo largo de 90 minutos que se pasan en un suspiro, con los ojos como platos y la sonrisa en la boca. Gracias al tono empleado, JCVD logra ser bastante más que una película en la que el protagonista se autoparodia a sí mismo.
Rodada con pericia y nervio, JCVD no tendría tanto valor sin su protagonista, un inmenso Jean-Claude Van Damme que hace suya una ficción que juega a ser real, y en la que el luchador belga aprovecha la ocasión para dar un buen repaso a sus demonios personales y salir victorioso gracias a su honestidad, autocrítica y una buena dosis de ironía. Tres virtudes que cristalizan en un anticlímax brillante: un conmovedor plano-secuencia donde Van Damme le habla directamente al espectador y que resulta más explosivo, aunque por motivos distintos, que el que abría la película.

JCVD transita entre géneros sin chirridos y con sencillez, y funciona no sólo como juguete metalingüístico, también como un tenso thriller con atraco de por medio. Lo cual le permite incluir un par de divertidos -e inesperados- homenajes a Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), en forma de atracador con pelazo y de una muchedumbre esgrimiendo pancartas de apoyo a un "Van Dammage" consciente de que si no ha terminado de hundirse ha sido gracias a sus fans.
JCVD es una película inteligente, divertida y sin complejos. Todo un caramelo para el aficionado al género, que no debería perdérsela.
Xavi Fortino
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