Je veux voir

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Sinopsis

En julio de 2006, Israel inició una campaña de guerra en el sur del Líbano en respuesta a los ataques con cohetes y a la captura de dos soldados israelíes por el Hezbollah. Unos meses más tarde, la actriz Catherine Deneuve viaja a Beirut por primera vez para asistir a una gala de caridad. A pesar de que el tiempo es escaso y el viaje peligroso, la actriz emprende un viaje al sur del Líbano para verlo por sí misma.

Junto con el actor libanés Rabih Mroué, inicia un viaje por carretera por las zonas afectadas por la guerra. Comienza entonces una aventura imprevisible... ¿Será capaz la mirada de la actriz de capturadar la belleza del área visitada, a pesar de que los ojos de los libaneses, destrozados por la guerra, no puedan conseguirlo?

  • País:Francia/Líbano
  • Año:2008
  • Estreno:12 de junio 2009
  • Duración:1h.15min.
  • Distribuidora:Pirámide Films

Intérpretes

Catherine Deneuve Catherine Deneuve
Rabih Mroué Rabih Mroué

Ficha Técnica

Dirección y Guión Joana Hadjithomas y Khalil Joreige
Producción Tony Arnoux, Farès Ladjimi, Edouard Mauriat, Anne-Cécile Berthomeau y Georges Schoucair
Fotografía Julien Hirsch
Montaje Enrica Gattolini
Música Scrambled Eggs

Crítica

Je veux voir

Francisco Algarín Navarro

En Je veux voir, de Khalil Joreige y Joana Hadjithomas, Catherine Deneuve viaja hasta Beirut para realizar un film con la pareja de cineastas. Allí, en compañía del actor del anterior film de éstos, Autour de la maison rose, se desplazará hasta el sur de Líbano con la intención de ver unas imágenes que solo conoce a través de su memoria virtual. Sin embargo, esta necesidad de ver se contrapone con la mirada del actor libanés, que dice no poder ver a pesar de estar ahí.

Más allá de los puntos en común que el film pueda tener con Hiroshima mon amour de Alain Resnais, película evocada por el cineasta en el encuentro con el público, y bien notoria en ciertos instantes del film (¿Volverás?) Joreige y Hadjithomas realizan un ensayo de extraordinaria lucidez teórica en cuanto a la capacidad de filmar lo que no se ve. El desaparecido en A Perfect Day, lo que desaparece en Je veux voir. Vuelta al presente, nuevo desplazamiento, Israel de nuevo en el punto de mira a través del sonido pero a través también de los vestigios.

La puesta en abismo no pretende dar cuenta de un montaje en bruto, no sienta una base documental, sino que provoca un nuevo desplazamiento hacia la ficción: los edificios reflejados en el cristal del coche, el marco de las ventanas, la desaparición del marco. ¿A quién pertenece cada una de estas imágenes de extrema liquidez? La fractura se produce derivada de la palabra. El francés ("no importa, nos comprendemos") es sustituido por el libanés (un monólogo que ya no busca la intención de hacerse entender, que no teme la barrera idiomática porque ésta se ha superado a la vez que se sabe que lo que les separa es algo que va mucho más allá, pues no se trata más que de un encuentro virtual). Nula respuesta, plano-contraplano imposible, más bien una mirada a cámara frente a otra mirada a cámara. Dos miradas: una que traspasa el cristal, otra que no es capaz de deshacerse de ese microcosmos que es el vehículo.

"Si los planos en los que la ficción parece querer romperse en Je veux voir no remiten a una base documental sino más bien confieren la potencia del artificio, en buena medida esto queda confirmado al ver cómo el nombre de los cineastas aparece en los créditos entre el resto del reparto artístico"


Si en A Perfect Day la confianza en la imagen se revelaba fundamental al adquirir éstas ese estado inestable en su confrontación con el presente y su evanescencia (ponerse las lentillas del otro y conducir), en Khiam es la palabra la que adquiere todo el peso frente a la imagen. Así, en la línea de He Fengming de Wang Bing, Le ravissement de Natacha de Marcel Hanoun, o los primeros minutos de The Rebirth de Masihiro Kobayashi, los cineastas libaneses, tal y como una de las "cabezas parlantes" del film manifiesta, anteponen la memoria a la imagen para dar cuenta en un proceso de filmación en dos partes en el que se relata la cotidianeidad en el campo de concentración de Khiam, situado al sur del Líbano.

El proceso final, que abarca siete años suspendidos por un laxo de tiempo que divide la película en dos partes, poco a poco va acercando la palabras a lo íntimo: los pequeños artilugios de supervivencia y comunicación entre las víctimas, un inventario de objetos personales, diez años de infierno que en su segunda fase transpone un eco de vitalidad a un nuevo pésame: nuevamente, lo que no se ve, las huellas que han sido borradas. El derrumbe, el hueco, la desaparición de las celdas, el vacío. Las ruinas, imagen que vuelven una y otra vez a tomar posición central en la filmografía de los cineastas libaneses, del mismo modo que sucede en Autour de la maison rose, film primerizo que no aporta más que el hacer explícito el proceso de aprendizaje y la progresión de su trayectoria.

Por eso, el paso de este film costumbrista, exótico, y hasta cierto punto ingenuo a Khiam una película que apuesta más por la evocación que por la mostración no es más que un camino de depuración, un sendero fructífero que se basa en la confianza en la palabra y en los gestos.

Si los planos en los que la ficción parece querer romperse en Je veux voir no remiten a una base documental sino más bien confieren la potencia del artificio, en buena medida esto queda confirmado al ver cómo el nombre de los cineastas aparece en los créditos entre el resto del reparto artístico. Así lo revelan, además los cortes posteriores al plano en el que supuestamente por una falta de indicación, el actor lleva a la actriz por un camino equivocado e inseguro plagado de minas. ¿Realmente se trata de sembrar esa base documental? No es necesario, pues el propio espacio, con su mar metálico y sus escombros constituyen el propio encuentro con lo real (si bien es una realidad que se desvanece con la velocidad al otro lado de los cristales).

Más bien se trata de evidenciar esa misma potencia artificiosa que esconde el cine y la parte de bello que tiene (y es en esta dirección, en paralelo al comienzo de 2 ó 3 cosas que sé de ella de Jean-Luc Godard y su potencia como variante del cine-ensayo, hacia donde debe encaminarse las solmenes palabras filmadas por Deneuve mientras domina con su vista la totalidad de la ciudad).

En la película colectiva Enfances, seis cineastas deben filmar un instante concreto de la infancia de algún director de cine. Así, la pieza de Joreige y Hadjithomas, titulada Open the Door, Please, se centra en el día en el que un niño de 12 años de más de un metro ochenta de altura debe ser retratado en una foto grupal de clase. ¿Cómo encuadrarle junto al resto de alumnos? La belleza del film consiste en buscar una serie de gestos en correspondencia con el cineasta en cuestión: Jacques Tati. Trasladar esas posturas y ese modo de utilizar su cuerpo a un momento previo, donde aún no se ha desarrollado un comportamiento preciso, sino que tan solo se trata de una génesis. De ese modo, los libaneses concluyen con una nueva hibridación en un plano y su contraplano en el tiempo: de la ficción recreada a la fotografía real en blanco y negro.

21/05/2009

Tráiler


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